El 1 de enero de 1999, el pesquero en el que faenaba naufragó frente a las costas de Noruega. Una ola de 15 metros partió el barco en dos y segó la vida de dieciséis tripulantes a 18 millas de la costa. Sólo él sobrevivió a la tragedia después de permanecer nueve horas agarrado a los cuerpos de sus compañeros en aguas congeladas. Entonces, hizo una solemne promesa. A sí mismo y a la virgen del Carmen: si salía vivo de aquello recorrería todos los santuarios del mundo. Ocho meses después -los que tuvo que pasar en una cámara hiperbárica para recuperarse de sus lesiones- José Antonio García abandonaba su Cádiz natal. 'Moría' el marinero. Nacía el 'pellegrino'.
Su primer destino fue Santiago de Compostela. El último, hasta ayer, Vitoria. Entremedias, ha recorrido 97.000 kilómetros repartidos por cuatro de los cinco continentes -sólo le ha faltado Oceanía-, ha devorado 39 pares de zapatillas, ha sido abuelo de dos nietos a los que sigue sin conocer y ha conseguido audiencia con el Dalai Lama, el Papa Juan Pablo II o el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi.
Su mochila ha atravesado las fronteras de México, Argentina, La India, Siberia, Israel, Palestina, pero recuerda con especial añoranza sus caminatas por el Tíbet. ««En la tierra del Dalai Lama son pobres, pasan hambre, pero comparten todo lo que tienen». Con sentido cariño habla también de Italia, «donde he pasado mucho tiempo», y de la localidad bosnia de Medugorje. «Es un lugar donde realmente se siente la fe, aunque no está reconocido porque el dinero que recauda la iglesia de allí lo emplea en reconstruir la ciudad que quedó destruida tras la guerra de los Balcanes en vez de entregarlo al Vaticano».
Su religión, «la mía»
Y es que, en la recta final de su camino, a Pepe no le tiembla la voz a la hora de admitir que no guarda buen recuerdo de los sacerdotes. «He conocido las tres religiones. He estado en La Meca, en el Vaticano y en el Tíbet y, a día de hoy, puedo decir que mi única religión es la mía. Y la virgen del Carmen'.
Con ella empezó todo y con ella está a punto de cumplir la promesa adquirida hace ya más de una década. Y es que Pepe calcula que «en 20 días» habrá llegado a Santiago de Compostela, su último santuario. Después, pondrá rumbo a Cádiz, esta vez en tren, para por fin descansar, reencontrarse con su hija y conocer a sus dos nietos. Y allí, en el Puerto de Santa María, a orillas del Atlántico, acabará de escribir su libro: 'Los tres enemigos del peregrino: los curas, los perros de dos patas (las personas) y los pies'.