Con un padre etarra asesinado por los GAL, el joven Aitor Irastorza aguarda su momento para retomar esa lucha y saldar esa deuda personal. En unos años noventa donde se sucedieron episodios como el secuestro de José María Aldaya, las muertes de Lasa y Zabala, el asesinato de Miguel Ángel Blanco o la aparición del lazo azul, la visión política radical y la paternidad aparecen como elementos centrales del relato novelístico de Vicente Carrión, 'Padre Patria' (Hiria).
-¿Qué le ha impulsado a la aventura literaria?
-Hace años que quería sacar mis demonios en forma menos filosófica e intelectual, y más a través de cosas vividas. La inspiración de este relato fue el nacimiento de mi tercera hija, cuando en el hospital supimos del asesinato de Buesa. Esa conjunción de muerte y vida, rabia y alegría, me tocó bastante.
-La paternidad aparece reflejada tanto en el título como en el diario del progenitor del protagonista o en la propia vida de éste. ¿Qué importancia tiene en la historia?
-Bastante. De hecho, inicialmente, iba a ser el título. Pero luego, con el definitivo y ese juego de palabras, traté de marcar la distancia entre la paternidad vivida como experiencia familiar y lo concebido como patria, por lo que se han legitimado muchas cosas. En el protagonista hay una conexión directa: cuando se enamora y va a ser padre, y accede a los diarios íntimos de su difunto padre, esa mirada corta es muy distinta de la ideológica y política, idealizada a través de fidelidades familiares por las que merecía la pena morir y matar.
-¿Cómo lo asocia a la realidad?
-Creo que el drama principal de este país tiene mucho que ver con eso. No sólo la parte más ideológica, sino vivencial, de entender las fidelidades familiares. Confundimos ese amor con legitimar las barbaridades que puedan hacer. He tratado de mostrar la manera en que ese chaval va a ir cambiando a través de su relación, de plantearse si las decisiones las toma él o su cuadrilla. Intento reflejar el ambiente juvenil de la Euskadi rural, que en muchos casos ha llevado a gente estupenda a perderse.
-El ambiente del instituto no es el de una película americana.
-Yo soy profesor y me apetecía transmitir algunas cosas que están noveladas, pero que tienen una base real. Ha habido momentos aquí, en esta ciudad, en que la jefatura de estudios organizaba las charlas de Jarrai en el salón de actos. Y muchas cosas que se dicen de pasada pero que son reales: profesores que han tenido que irse de esta comunidad por gestos como llevar el lazo azul.
Carencias y refugio
-¿Cómo ve ese mundo juvenil?
-Hay gente joven que sufre carencias afectivas, sexuales o de todo tipo, que les han hecho encontrar refugio en la patria, los grandes ideales o las palabras sonoras. En el caso del protagonista, intento buscar una conexión entre la falta de padre y el fanatismo patriótico.
-La novela histórica sigue de moda. En su libro, aparecen diversos acontecimientos y personajes reales. ¿Dónde lo encuadra?
-Yo lo considero ficción sobre la cruda realidad. Tengo mis escrúpulos, porque he manejado datos reales de víctimas, atentados o hechos concretos de nuestra historia reciente. Confío en no haber molestado a nadie. Me apetecía, además, recordar cosas vividas, también a través del padre: la Transición, la lucha contra Franco,... Creo importante que la gente joven conozca cómo en el 74-76 todo el mundo estaba ahí mezclado: unos, echados a perder de modo irreversible, y otros que han sabido encontrar su sitio. Es una ficción sobre la Historia.