No acaban uno para comenzar otro. Los trabajos de restauración de la catedral Santa María prosiguen imparables su curso. Tras concluir la reforma de la capilla del Santo Cristo, el templo gótico se sumerge ahora en una de las tareas más complicadas de su puesta a punto. Se trata de las obras para sustentar parte de su techo, en concreto de las dos bóvedas situadas en el brazo sur de la nave transversal.
A lo largo de los años, los tres arcos del crucero que confluyen en el contrafuerte de la portada de Santa Ana se habían ido debilitando y perdiendo su curvatura original hasta el punto de que en la actualidad lucían un aspecto totalmente deformado y no podían asumir más movimientos, lo cual podía derivar en un futuro colapso.
Tal crítico estado convierte esta actuación en una de las más complejas y delicadas que se lleven a cabo dentro del programa 'Abierto por obras'. Así lo reconoció el gerente de la Fundación Catedral Santa María, Juan Ignacio Lasagaster, al admitir que se trata de un momento «histórico, a lo largo de dos años nos hemos dedicado a cimentar las naves y la cabecera de la catedral, y era el momento de actuar aquí».
A lo largo de mes y medio, el equipo de expertos comandado por el arquitecto Leandro Cámara tratará de solventar este problema, motivado en gran medida porque el contrafuerte se había desplazado hacia el exterior del edificio. Para remediarlo, primero, y durante los meses previos, ha sido necesario reforzar y consolidar dicho punto. Labor en la que se han utilizado 32 metros cúbicos de piedra caliza de Campaspero para la sillería exterior y 27.000 litros de lechada de cal.
Una vez asentados, ahora llega el colofón de la intervención. Sobre la estructura metálica actual que sujeta las dos bóvedas -que alcanza los veinte metros de altura- se emplearán dieciocho gatos hidráulicos que soportan cincuenta toneladas de peso en total. Estos aparatos empujarán lentamente hacia arriba las piedras, «de forma tal que el arco entero girará y volverá a su situación original», detalló Cámara. En función de cada arco y su estado, se calcula que se levanten entre 4 y 40 centímetros.
Cambio en las visitas
A la par que esto ocurre, los operarios irán acuñando las dovelas -piedras que forman el arco- y rellenando los espacios para evitar que se muevan. Un proceso controlado al milímetro y que persigue «mejorar la función de una zona que, casi desde la construcción del templo, ha dado problemas», reconoció Lasagabaster.
Con estas reparaciones, el recorrido habitual de las visitas se verá afectado, al suprimirse la salida al paso de ronda que finaliza en el lado sur del transepto. En cambio, los visitantes podrán seguir el desarrollo de los trabajos desde el triforio, que durante este tiempo se incorporará al recorrido diario, en lugar de contemplarse sólo los miércoles y sábados. Además, Lasagabaster desveló que el fin de esta restauración coincidirá con una nueva tarea, la adjudicación de las obras para habilitar el suelo de la catedral.