Curioso caso el de la estación de autobuses de Vitoria, reñido con cualquier tratado de cronología. El apeadero -generoso e injusto tratarlo con mejor consideración- provisional entre las calles Los Herrán y José Mardones nació como una venda provisional y ha degenerado en escayola dura. Se le presuponía la vida corta de un bebé y dejará de funcionar ya bien entrada la mayoría de edad. El parche embutido entre dos arterias de tráfico denso, la terminal que genera molestias a los profesionales del volante, altera el denso tráfico diario de esta ciudad con récord de coches y resulta peligrosa para los usuarios empieza a vislumbrar por fin su ocaso. Y ya era hora.
El Ayuntamiento resolvió ayer que un grupo de arquitectos locales diseñe la nueva estación que se levantará en otro punto de circulación caliente, la confluencia entre Juan de Garay y Portal de Foronda. Pero será, al menos, un lugar del que no avergonzarse cuando recibamos a gente llegada allende nuestro municipio. Las obras comenzarán la próxima primavera y llegará el día -quién nos lo iba a decir- en que 'la provisional' del recinto se afeitará definitivamente la barba.
Un edificio acristalado, una propuesta ecológica, veinticinco dársenas (en nuestra vida hemos visto tantas aquí), un vestíbulo amplio... Todo suena bien, incluso con la mitad seguiríamos oyendo sones celestiales después de aguantar el rubor de una estación que no aguantaba un asalto según el baremo normal de la decencia.
Soterramiento, intermodal... Palabras que han cobrado fuerza en el diccionario de una capital que afronta a corto y medio plazo transformaciones profundas. Pero si algo urge es enterrar un apeadero empeñado en confundirse con nuestor paisaje urbano por la fuerza de la costumbre. La Vitoria que presume de equipamientos no se merece una estación como la situada en la calle Los Herrán. Tampoco quienes construyen su idea de una ciudad con lo primero que ven antes de pisar la calle ni quienes musitamos palabras de disculpa antes de alejar a nuestros visitantes, deprisa y corriendo, de 'la provisional'.