Sufrir esquizofrenia, trastorno bipolar o una discapacidad mental no ha dejado aún de ser «un tema tabú», aunque éstos y otros trastornos cuentan hoy con «más visibilidad». Así lo cree Daniel Molinuevo (Madrid, 1980), investigador de la Red Social Europea dedicada a los servicios sociales que cerró ayer en la UNED la segunda edición del curso para profesionales en salud mental comunitaria organizado por la Diputación alavesa y la fundación 'Beti gizartean'.
-¿Los problemas de salud mental han perdido ya su carácter tabú?
-Lo sigue habiendo, aunque el estigma se debe ahora a los riesgos asociados a las personas con problemas de salud mental, como ser personas imprevisibles, peligrosas o no ser competentes porque no son responsables de su comportamiento. Todavía hay mucho camino que andar.
-Pese a ello, ¿observa avances?
-Hay más visibilidad por tres cuestiones: el cambio en ese estigma, en los servicios y en los incentivos. Antes se veían estos trastornos como algo vergonzoso y los servicios de atención trataban a estas personas en condiciones casi de población reclusa, se les privaba de sus derechos y de su libertad. Ahora se hace un mayor énfasis en la atención en comunidad y hay un incentivo porque muchos subsidios por discapacidad se pueden percibir por temas de salud mental.
-¿Cuesta aún acudir al médico para tratar estas cuestiones?
-Quizás se tarda en ir por vergüenza, por decir 'esto no me está pasando a mí' o por las connotaciones añadidas. Pero también porque hay un problema de acceso a los servicios de salud mental. Se podría ahorrar mucho dinero si se establecieran unos mecanismos de coordinación sociosanitaria o si todos los médicos que atienden a una persona pudieran reunirse o ponerse de acuerdo.
«Aportación positiva»
-¿Cuáles son los países europeos punteros en salud mental?
-Dinamarca porque ha puesto mucho énfasis en la integración social y Reino Unido, donde se está haciendo hincapié en que haya una legislación que erradique toda la discriminación en el entorno laboral.
-¿Cuánta importancia tiene ese apoyo social en el tratamiento?
-A uno le pueden dar las mejores medicinas pero si hay un rechazo fuerte al salir de la consulta, se refuerzan los problemas de salud mental y la exclusión social. Hay que incidir en la aportación positiva que realizan estas personas y también en que es algo que le puede ocurrir a cualquiera.
-¿Cualquiera?
-Todo el mundo cuando se le pone entre la espada y la pared puede flaquear y, dadas las circunstancias, cualquiera podría experimentar una depresión o ansiedad.
-¿La crisis aumentará este tipo de estas situaciones?
-Es un factor que afecta a la autoestima y, aparte de las cifras de paro y de cierres, va a dejar heridas mucho más profundas a lo largo del tiempo.
-¿Qué colectivo es hoy especialmente sensible a estos trastornos?
-Los mayores son un grupo de riesgo porque al dejar de trabajar rompen muchos lazos sociales y deben reconstruir su tiempo. Y también están las personas con otro tipo de exclusión, como minorías raciales, homosexuales o con problemas para llegar a final de mes.