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«Nos ponemos al servicio de los pobres»

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«Nos ponemos al servicio de los pobres»

Berakah es una iniciativa conjunta de las parroquias del Casco Viejo de Vitoria para ayudar a los excluidos

24.05.10 - 02:45 -
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Las situaciones de precariedad no vienen solas. Quien sobrevive rondando el abismo de la marginación también sufre otra serie de problemas, no menos importantes, relacionados con la falta de autoestima o de los necesarios vínculos sociales y afectivos. En Berakah han puesto en marcha un servicio que prescinde de teléfonos porque allí se privilegia el contacto directo y sin interferencias entre el voluntario y el usuario que padece esas carencias.
El centro de escucha se encuentra gestionado por cuatro personas con formación psicológica y pedagógica que responden a las necesidades inmateriales de los usuarios. La iniciativa, con varios meses en vigor, ha sido posible gracias al premio 'País Vasco, un alma solidaria', recibido por la entidad en la pasada convocatoria. Cuando alguno de sus ciento cincuenta colaboradores detecta situaciones que reclaman atención, sugiere a la persona afectada que se acerque hasta este recurso donde podrá exponer sus problemas.
«La gente no está acostumbrada a ser oída y nosotros tampoco solemos hablar por nada», señala Fidel Molina, su coordinador, al abordar la importancia de esta nueva prestación. También explica que el objetivo es que los beneficiarios tomen conciencia de lo que viven y den pasos para mejorar su situación en todos los ámbitos, incluso mediante la formación de grupos de autoayuda. «A veces cuesta mucho porque la urgencia de un préstamo, por ejemplo, impide apreciar otras carencias más personales».
Berakah es una iniciativa conjunta de las cuatro iglesias del Casco Viejo vitoriano destinada a responder a las demandas de los más necesitados, caso de los inmigrantes, las familias gitanas, la gente mayor en soledad, las prostitutas o las personas sin techo. El nombre proviene del hebreo y significa acción de gracias a Dios y la organización no dispone de régimen jurídico propio.
«Es una apuesta muy sencilla», alega su responsable, que la compara con una simple mesa sobre la que todos ponen algo en común. «Puede ser dinero, tiempo o ideas, y siempre al servicio del pobre». En ese propósito descartan las dependencias, de ahí que no soliciten subvenciones y subsistan de aportaciones. «Mantenemos nuestras señas de identidad a pesar de las limitaciones y de que cada uno de sus miembros tiene, además, su trabajo normal y una familia que atender».
A pesar de esa aparente fragilidad, sus actividades son múltiples y variadas, desde asesoría jurídica a grupos de tiempo libre o asistencia en la búsqueda de trabajo. Entre sus últimas novedades, destaca la creación de un microcrédito específico para la consecución de una vivienda. «La mayor parte demanda el dinero para conseguir un contrato y poder acceder a ayudas oficiales», explica, y señala la efectividad conseguida con una caja de 15.000 euros. «Las devoluciones son rápidas, lo que permite una gran rotación». La detección de nuevos conflictos o el análisis de los habituales también dirigen la actuación de Berakah. Así, el servicio de apoyo escolar ha dado lugar a una labor de acompañamiento personalizado de las familias en situación de desestructuración.
Tráfico sexual
El tráfico sexual también ha motivado un estudio, en colaboración con la asociación Gizarterako, que será presentado el próximo mes, y en el que abordan el perfil del cliente de la prostitución. «Hemos hallado una pobreza a tres bandas», apunta y se remite a la situación de las mujeres de la calle, sin papeles ni dominio del idioma, ni nadie que las eche en falta si desaparecen definitivamente de la acera; también a la de muchos hombres que requieren su servicio; y a la miseria de una sociedad que asume como normal este mercado. «Por ejemplo, la de los padres que introducen a sus hijos en él cuando llegan a la mayoría de edad», aduce.
De cara al futuro, Molina apunta nuevos cambios como la búsqueda de locales más amplios o la implantación de un servicio de intermediación para la vivienda. Hasta ahora, ayudaban a quienes hallaban obstáculos para acceder al alquiler. «Ahora queremos ofrecer espacio para aquellos que aporten viviendas, algo así como una inmobiliaria social». En el horizonte también se encuentra la puesta a punto de una colonia urbana para 130 niños inmigrantes, atendidos por cuarenta monitores, que procurarán el disfrute de todas las mañanas de julio.
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