Chiqui sí, pero tan sólo por la estatura de los protagonistas, porque el primer bombazo de las fiestas fue grande, y mucho, por el sentimiento sanjuanero de los cientos de niños y niñas que abarrotaron la plaza de España.
Un lugar que desde el balcón del Consistorio se veía más poblado a medida que se acercaba el momento de que dieran las once y media en el reloj del Ayuntamiento. De antemano, eso sí, eras las calles La Estación, Real Allende y Aquende las que iban perdiendo espacio y tiñéndose de los colores de las blusas. Los mayores llevaban todavía enrolladas las pancartas y las charangas daban ya una idea de lo cerca que estaba el comienzo de la fiesta para los más pequeños.
Bombos y tambores, y también pistolas de agua se mantenían más o menos aletargados esperando el gran momento, ese en el que Lidia y Asier aparecieran en el balcón. Acompañados por los cofrades de la Orden de Bombo llegaron a la antesala de la barandilla -el despacho del alcalde- diez minutos antes del gran momento y allí soltaron un poco los nervios «unos pocos, pero tampoco muchos», decían los que iban a convertirse en breve en centro de todas las miradas.
Llegado el momento, y tal y como lo había prometido Asier, la primera en dar con la maza en el bombo fue Lidia, pero de inmediato también él se apuntó a la fiesta, al momento mágico y, como suele ocurrir, todo acabó de modo conjunto. Al grito de «¡¡¡Eeeese bombo!!!», que ascendía desde la plaza, la respuesta no se hacía esperar. Y los Sanjuaneros chiqui pusieron tanta fuerza y entusiasmo que hubo que buscar una tirita para Lidia. «Es que le he dado tanto que se me ha hecho una ampolla y se me ha reventado».
Era lo de menos porque la música todo lo envolvía y los pies, con vida propia, comenzaron a saltar y brincar para emprender el paseíllo hasta la estatua de los Sanjaneros chiqui, a los que Asier y Lidia les impusieron los pañuelos para después «irnos con nuestras cuadrillas».
La fiesta para ellos y el resto de chavales había empezado; ya sólo pensaban en «pasarlo genial. Por ahora todo está muy bien». Y parte del mérito también lo tienen Izaskun y Maite, pendientes de las alpargatas o la banda de Lidia y Asier, unas madres que este año ven la fiesta «de un modo muy diferente» y que no pudieron reprimir la lagrimilla al ver el protagonismo de sus hijos, «es que esto es muy emocionante».