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Los conductores profesionales piden medidas urgentes contra los badenes

ÁLAVA

Los conductores profesionales piden medidas urgentes contra los badenes

EL CORREO recorre Vitoria en autobús, ambulancia y taxi; sus chóferes critican la peligrosidad de algunos reductores de velocidad

17.05.10 - 02:54 -
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Derechos Humanos. Todo el mundo (o casi) los defiende. Todos los quieren para sí. Hecha esta reflexión, trasládense a Vitoria. Porque aquí Derechos Humanos es una avenida de la capital, en el nuevo barrio de Zabalgana. Está salpicada de badenes, para obligar a los vehículos a reducir la velocidad. Obligación y también derecho. Pero no humano, según los conductores profesionales, que consideran que estos pasos elevados «más que reductores de velocidad son trampas, obstáculos», dicen los más críticos, al tiempo que reclaman medidas urgentes para que los dispositivos sigan cumpliendo su función sin dañar a terceros.
EL CORREO ha completado el trazado de la línea 6 de Tuvisa -Zabalgana-Salburua, en los dos sentidos- con una conductora del urbano; ha hecho una salida en una ambulancia de Osakidetza desde Txagorritxu a Duque de Wellington; y ha recorrido en taxi las zonas de Sansomendi, Judimendi y Universidad.
La conclusión es, con pequeños matices, uniforme: hay algunos badenes «salvajes y peligrosos», que amenazan, además de a los vehículos, a los propios conductores -acusan problemas físicos, sobre todo en la espalda- y a los pasajeros que transportan, que en el caso de la ambulancia necesitan más atención. Éstas son las reflexiones más detalladas de tres afectados, integrantes de otros tantos colectivos también perjudicados.
Sara Glez. Conductora de autobús
«Si se quiere potenciar el uso del bus, que ayuden»
Una señora sube, cargada de bolsas, al servicio 6 de Tuvisa, en la parada de Derechos Humanos con Reina Sofía. El autobús llega despacio, a menos de los 40 kilómetros por hora permitidos. La rotonda le obliga a frenar. Recoge a la pasajera, que, después de pasar la tarjeta por el lector, se dispone a coger la compra para buscar asiento. «Ahora no, espere unos segundos», le dice, atenta, Sara González.
La conductora, mejor que nadie, sabe del peligro. Porque llega un badén, «de los tremendos, peligroso», explica al periodista una vez que la mujer ya se ha sentado, «para que no se asuste». Lo ha tomado -el paso- a apenas diez kilómetros por hora. «Si casi hay que parar».
Sara reconoce que «el Plan de Movilidad tiene cosas buenas. Pero desde luego que éstas no». Y se pregunta «cómo es posible que el Ayuntamiento quiera potenciar el uso del transporte público urbano, pero nos coloque badenes que, como éste que hemos pasado, es muy brusco. Que nos ayude más». La línea 6 Zabalgana-Salburua sigue su curso. Y los 'guardias tumbados' continúan amenazando los bajos de los autobuses. Se aprecia en los propios badenes, marcados por el impacto de los autocares y otros vehículos.
«Claro que ha habido averías, hasta alguna luna rota», señala. También bajas por lesiones, sobre todo de espalda. «Porque son siete horas y media sentados». Y en su caso, en la línea 6 se contabilizan, en los dos sentidos -la vuelta completa dura 80 minutos-, veinte badenes; 120 al cabo de una jornada laboral. «Y saltamos dos veces, con el eje delantero y con el trasero». 240 'saltitos' al día.
Y la preocupación añadida de estar atenta a que los pasajeros no sufran caídas como consecuencia de los movimientos bruscos «que tenemos que hacer debido a los badenes. Cuando hay niños pequeños moviéndose por ahí o mujeres con carritos o embarazadas o gente mayor, el peligro se multiplica. Hay que entrar y salir muy despacio; entrar en segunda pero salir en primera», concluye Sara.
Raúl Pérez Chófer de ambulancia
«Los saltos que damos no benefician al paciente»
Raúl Pérez conduce una ambulancia de Osakidetza, en el hospital de Txagorritxu. En su recorrido pasa por la calle Duque de Wellington, frente al centro de salud de Lakuabizkarra. Ya se conoce el badén que le espera, pero lo afronta a una velocidad reducida «porque hay cerca un colegio y también el centro comercial». Si se trata de una urgencia, «pues aceleramos. Pero con cuidado, porque muchas veces la parte de abajo de la ambulancia sufre al chocar con el paso elevado».
La cosa se complica cuando en la parte de atrás va un paciente. «Entonces todo cambia. A veces trasladamos gente accidentada, con la columna dañada o con alguna hemorragia. Hay que tener cuidado porque son situaciones de inestabilidad y las lesiones, si son cervicales o cerebrales, se pueden agravar», explica.
Este profesional reconoce que los badenes «hacen su función» y que «en alguna calle estaría bien que se colocara alguno para no correr tanto», aunque al mismo tiempo dice en voz alta que «los saltos que damos, por algunos badenes, no benefician al paciente».
Recuerda algún trayecto por la calle Pedro Asúa, «donde hemos tenido sustos importantes». Aunque las consecuencias han quedado reducidas a problemas en la suspensión o en la dirección del vehículo. Para minimizar los riesgos -y los peligros-, apuesta por crear «otro tipo» de badenes o de pasos elevados. En esto hay consenso, tanto en conductores de autobús, taxistas y chóferes de ambulancia.
Tomás Alonso Taxista
«¿Por que no hacen todos los badenes iguales?»
Veinte años de profesión a sus espaldas le avalan. Lleva muchas horas al volante. Es, por lo tanto, una voz autorizada. Tomás Alonso todavía sigue sin entender «por qué no se ponen de acuerdo las diferentes administraciones y buscan criterios comunes para unificar la implantación de los badenes y que sean todos iguales. Debería haber una legislación única y no pasaría como ahora, que hay cuatro o cinco tipos en Vitoria».
Son más peligrosos, habitualmente, «los que no están pintados de rojo, porque cuesta más verlos». O aquellos reductores de velocidad que a su entrada «tienen unas barreras de piedra de dos dedos de altura, muy molestos». Como los de las calles Sansomendi o Paula Montal. «Hay que pasarlos en segunda, despacito para evitar averías».
De hecho, existen los 'silentblocs', unos soportes de goma «que se colocan para evitar que las vibraciones del motor se trasladen a la carrocería». Los golpes bruscos contra unos badenes «a veces muy altos» provocan que esos amortiguadores cedan cada vez más.
Tampoco le resulta fácil al taxista pasar por el número 98 de Beato Tomás de Zumárraga o por la calle Jacinto Benavente. «Éste es mejor pasarlo por la derecha y a menos de veinte por hora», instruye Alonso al periodista.
Por suerte para él como responsable de lo que sucede dentro de su vehículo y para los pasajeros que transporta, no tiene experiencias negativas de daños personales. Pero advierte del peligro.
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Sara González se dispone a pasar por encima de un paso elevado en la calle Derechos Humanos; entra con cuidado y a apenas diez kilómetros por hora. :: FOTOS: JESÚS ANDRADE

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Raúl Pérez detiene su ambulancia sobre el paso resaltado de Duque de Wellington, que lo conoce bien.

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Tomás Alonso comprueba el estado de una rueda en la zona universitaria, donde se acumulan dos badenes.

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