Se ha pasado más de dos décadas ayudando en África y ninguna mala experiencia le aparta de sus ideales. Mario Sarsa, el médico español secuestrado en abril por un grupo rebelde del Congo mientras estaba de vacaciones, habló ayer en Vitoria sobre este viaje, en una conferencia organizada por la Asociación Africanista Manuel Iradier, de la que es miembro. El aragonés relató su estancia y describió la magia del río Congo, el segundo más caudaloso del mundo, con 17.000 kilómetros navegables. «Fue un incidente desafortunado y ni a mí ni a nadie nos puede condicionar la vida», afirma el médico.
-¿Cómo fue su experiencia por el río Congo y el secuestro?
-Empecé a navegar en Kisangani y a unos 150 kilómetros un grupo de jóvenes rebeldes armados con kalashnikov asaltaron el barco. Consideran que los europeos y norteamericanos somos los responsables de la mala situación de su país, y la tomaron conmigo. Me golpearon y me ataron hasta que llegó uno de los jefes y ordenó que me soltaran. Aprovecharon la embarcación para traer unos 50 rebeldes armados con uno de los hijos del cabecilla, que pretendía tomar la ciudad de Mbandaka, y decidió que me quedara con él por seguridad, aunque yo sabía que me quería como rehén por si las cosas iban mal. Fueron 12 días bastante tranquilos en el poblado. Estuve leyendo y estudiando diccionarios de francés e inglés y pasé consultas.
-¿Cómo vivió la liberación?
-La operación militar estuvo muy bien planificada. Un comando de élite del ejército armado con kalashnikov, ametralladoras y lanzagranadas tomó el poblado y todos huyeron, incluido el jefe, sus colaboradores y siete de las catorce esposas con las que vivía. Yo también escapé a la selva y escuché un estruendo de disparos. Cuando los tiros eran esporádicos, salí y me di cuenta de que era una misión para rescatarme, aunque luego tomaron represalias con el poblado, ya que lo saquearon y prendieron fuego a las casas. Todo acabó con 16 muertos entre los rebeldes y varios heridos.
«No pidieron rescate»
-Si la operación militar hubiera fallado, ¿cree que los rebeldes le hubieran retenido durante mucho tiempo?
-Creo que esa era la intención del jefe, aunque entablamos amistad y hasta compartíamos plato. Él presumía de tener un colaborador europeo, y sé que quería mantenerme como intercambio en un momento de apuro. Si la operación no hubiera salido tan bien seguro que aún estaría con ellos escondidos en alguna aldea o choza, porque la selva es impenetrable. No sé cuánto tiempo se puede tardar en atravesar los árboles y localizar a alguien.
-¿Siente temor a volver a sufrir una experiencia así?
-En absoluto. Fue un incidente desafortunado y ni a mí ni a nadie nos puede condicionar la vida. Pasado un tiempo me gustaría volver y completar el descenso del río. Esto no va a modificar mi planteamiento ni mis ideas sobre África. Con este incidente no pretendían secuestrar a nadie, querían apoderarse de un barco para bajar a Mbaldaka, pero se encontraron una presa útil y decidieron retenerme. No fue premeditado ni pidieron rescate.
-El río Congo es la mayor vía de comunicación del país. ¿Es una zona peligrosa?
-Al contrario. Comencé su descenso porque no había noticias sobre guerrillas que operaran allí. La violencia está en el Este por el problema ruandés y al norte del país.
-Lleva 20 años trabajando en distintos países africanos. ¿Cómo es el día a día?
-Depende de los objetivos de cada proyecto. Últimamente he realizado fundamentalmente un trabajo asistencial y preventivo, por ejemplo, en vacunación.
-¿Cuáles son las principales necesidades y carencias médicas de estos países?
-La escasez de recursos, aunque hay hospitales distribuidos pero mal equipados. Apenas tienen medios diagnósticos y terapéuticos ni personal sanitario cualificado. Además, las vías de comunicación son muy malas.
-¿En qué medida es necesario aumentar la cooperación en la zona?
-Se debe seguir un sistema para sacar al continente de su situación de penuria. Gran parte de los conflictos armados están causados por la nefasta distribución que hicieron los europeos cuando repartieron la tarta de África sin contar con la población. Obligar a convivir a etnias que no se llevan bien en un mismo estado es una responsabilidad europea, por eso debemos seguir potenciando la ayuda.