Algunos gritaban con las manos en la cabeza, otros se quedaron pasmados y boquiabiertos frente a las pantallas, los teléfonos sonaban sin parar. Los 16 minutos más cardiacos en la historia de Wall Street, que tuvieron lugar el jueves, seguían ayer bajo investigación. Las autoridades tardarán semanas en tener una respuesta, pero los expertos se inclinaban ayer por un error informático, más que humano.
La Bolsa neoyorquina se desplomó vertiginosamente casi mil puntos en caída libre y se recuperó a la misma velocidad. «¡Compra, compra, compra!», gritaba un presentador de la cadena financiera CNBC. «Si esa acción sigue ahí, cómprala, porque ese precio no es real». Se refería a la empresa Accenture, que en cuestión de minutos cayó más del 90% hasta apenas un centavo por título. Pero todas las ganancias estratosféricas de esa desconocida dimensión serían anuladas horas después por las autoridades bursátiles, que cancelaron las operaciones de 296 empresas realizadas entre las 14.40 y las 15 horas.
En Washington, el propio secretario del Tesoro, Tim Geithner, fue uno de los que se quedaron estupefactos mirando su Blackberry. «Tiene que ser un error», dijo a sus colegas, antes de sumarse al frenético ritmo de llamadas telefónicas que hizo arder las líneas entre Wall Street y Washington. Horas después entraba en el Despacho Oval para dar explicaciones a Obama, y más tarde, por teléfono, a los bancos centrales europeos.
Todo el mundo coincide en que la vertiginosa oscilación que ha hecho historia no hubiera sido posible si la crisis griega no tuviese a los mercados con los nervios de punta. Muchos ven en Grecia el nuevo Lehman Brothers que precipitará la caída en cascada del resto de las economías europeas, empezando por España y Portugal.
El dominio de las máquinas
Más allá de lo único que era real el jueves, las teorías apuntan desde un error humano, en el que un 'broker' de Chicago habría ordenado la venta de 'billones' de acciones en vez de 'millones', a una manipulación intencionada o un fallo informático fruto del llamado 'High Frequency Trading', que ha hecho de las máquinas los nuevos 'brokers'.
Muchos temían ayer que no sea un susto aislado. «Creemos que la informatización de los mercados y la fragmentación de la liquidez -los valores se comercializan simultáneamente en muchos mercados y localizaciones alternativas de ejecución- ha aumentado el riesgo de una debacle catastrófica y de excesiva volatilidad», advirtió ayer a sus clientes la firma de 'brokers' Stifel en un comunicado. «Ventas como las del jueves, que dieron origen a una caída de casi mil puntos pueden ser mucho más frecuentes si no se implementan cambios».
Otros analistas coincidían con esta lectura. «Muchos de estos programas de comercio electrónico son muy sensibles a la volatilidad», dijo ayer a CNBC Aaron Gurwitz, director de investigaciones estratégicas de Barclays Nueva York. «Es posible que estos modelos llegaran a un punto en el que estuvieran recibiendo fuertes señales de reducción de riesgo que les hicieron caer en una venta desenfrenada. Y en ese contexto, el menor desliz pudo desatar buena parte de lo ocurrido. Lo que hemos visto pudo ser la fuente de un riesgo sistémico potencial que hay que investigar».