Comer a menudo fuera de casa puede pasar factura. Esta es la conclusión a la que se llega tras analizar el estudio de Eroski Consumer en el que analiza la calidad de los menús del día en 18 ciudades españolas. En Vitoria (igual que ocurre en Pamplona y Valladolid) ninguno de los restaurantes evaluados por los nutricionistas suspende en lo que se refiere a la calidad dietética de la comida. Sin embargo «ninguno superó un pobre aceptable», condenan los expertos de la firma.
Además, comer un plato del día en la capital alavesa es más caro. La media española está en 10,8 euros, mientras que aquí el precio asciende a los 11,6. Esta cifra supone un encarecimiento del 22% con respecto a lo que se cobraba hace cuatro años, mientras que en este periodo el IPC acumulado se quedó en el 8,5%, analiza el estudio de Eroski Consumer.
Grasa, colesterol y calorías
Para llegar a estas conclusiones los 'inspectores' de la firma visitaron siete restaurantes ubicados «en las zonas céntricas de la ciudad». Además de la calidad de la comida, analizaron otros aspectos como la disposición de hojas de reclamaciones: en todos ellos existían, aunque en ninguno aparecían carteles que, como marca la ley, advirtiesen de que estaban a disposición del cliente. Por su parte, baños y comedor se encontraban limpios en todos los casos, pero todos menos uno fallaron en accesibilidad ya que no había servicios específicos para discapacitados. Otra práctica irregular que se observa de forma mayoritaria es que en la factura no se desglosa el IVA y también que en ninguno de los locales estudiados se advertía del aforo máximo.
Con todo, el asunto fundamental es la calidad de la comida. En Eroski Consumer alertan de que los restaurantes vitorianos ofrecen primeros platos «hiperproteicos, con demasiada grasa, colesterol y calorías». En los segundos platos los expertos se felicitan porque siempre se ofrece pescado, pero en la mayoría de los casos «las guarniciones no eran variadas».
Los postres tampoco destacan por sus cualidades nutritivas y en cuanto al pan, ninguno de los locales ofrecía pan integral. Sin embargo, la principal carencia es la oferta de platos alternativos para clientes con limitaciones a la hora de sentarse a la mesa: ninguno disponía de un menú sin sal, ni vegetariano, ni bajo en calorías ni sin gluten.