El recorrido en autobús entre los barrios de Zabalgana a Salburua, que es cubierto por la línea 6, es una auténtica carrera de obstáculos. Hasta veinte badenes, en uno y otro sentido, se encuentran ubicados en la calzada, con el propósito de impedir que los automóviles puedan superar los 40 ó 50 kilómetros por hora. Pero también dificultan los trayectos de los urbanos de Tuvisa.
La línea comienza en la calle Oyón. Y pronto se complica, en Derechos Humanos, con tres pasos elevados «bestiales», se queja el chófer de la compañía municipal Miguel Aransay. «En más de una ocasión hemos roto las rampas del propio autobús. También muchos amortiguadores y algunos bajos han quedado tocados». El recorrido se completa con dos badenes más en Reina Sofía, otros tantos en Castillo de Fontecha, y otro en Judimendi para rematar con los dos últimos en el Bulevar de Salburua. En total, diez 'guardias tumbados' -también se les llama así- en el trayecto de ida. Y, claro está, otros tantos en el de vuelta. En poco menos de una hora.
«La espalda se nos queda echa polvo», añade el conductor de Tuvisa, que se hace eco de las críticas y las quejas mayoritarias de sus compañeros, trasladadas ya al Ayuntamiento de Vitoria. Cada badén que supera el autobús «nos obliga a dar dos saltos, con la rueda delantera y con la trasera». Esos movimientos bruscos han derivado en bajas laborales de chóferes, «en el último año más que antes».
¿Y los pasajeros no se quejan? ¿O no ha habido caídas o problemas? La respuesta a la primera pregunta es un rotundo «sí». A la segunda Aransay sostiene que «puede que sí. Pero se dan cuenta de que tenemos que dar frenazos innecesarios por esos badenes».
También la periférica
Pero los problemas no se dan sólo en la línea 6. También en la periférica que parte de Zaramaga (centro comercial El Boulevard), pasa por calles como Madrid, Jacinto Benavente o Zumaquera hasta llegar a Mendizorroza. En Jacinto Benavente, «hay tres semáforos, otras tantas rotondas y también tres pasos elevados reductores de velocidad», unos obstáculos «excesivos», a juicio de Aransay.
Los chóferes consideran que existe una solución sencilla para superar estas dificultades. «Hay que hacer pasos elevados con un espacio para que la rueda del autobús pase y no se encuentre badén», argumenta Miguel Aransay. Pero esta alternativa requiere de una importante inversión económica, que el Gabinete Lazcoz no se plantea en absoluto. El área de Movilidad y Transporte considera que no tiene sentido «volver a cambiar» los pasos elevados.
Una nueva normativa del Ministerio de Fomento que ha entrado en vigor este año establece que los badenes deben tener al menos un metro de rampa, cuatro de longitud en su superficie elevada y diez centímetros de altura como máximo. «Pero no sabemos si esa norma -que en principio debe aplicarse en ciudades que no tengan una propia- es para cascos urbanos o no», concluye el conductor.