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Sexo al pie de la letra

24.04.10 - 02:46 -
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Lejos de haber sido sepultada por el poder de la imagen, la literatura erótica sigue en pie y dando guerra, con autores dedicados a la causa del placer y lectores fieles que no renuncian a la fantasía volcada en el papel. Escritores y editores lo definen como un género en constante evolución y ponen ejemplos para demostrarlo.
El primero es de Jorge Herralde, director de Anagrama, que el pasado septiembre publicó 'Zonas húmedas', una descripción sin tapujos del cuerpo de la mujer y sus vicisitudes, firmada por Charlotte Roche, joven periodista de la televisión alemana que vendió más de un millón de ejemplares de este libro en su país. El segundo procede de Antonio Altarriba, escritor vasco que acaba de publicar 'Maravilla en el país de las Alicias' (Tusquets), y que en un congreso reciente conoció a Nathalie Gassel, fotógrafa, autora de 'Musculaturas' y propietaria de un cuerpo duramente trabajado en el gimnasio, muy del gusto de algunos hombres, según cuenta en esta obra.
Todos concuerdan en que a la literatura erótica aún le queda mucho por delante, porque las mujeres ya participan de modo activo en ella y porque el papel permite una mayor osadía que la imagen. «¿Quién se atrevería a filmar 'Juliette' del Marqués de Sade o 'Madame Edwarda' de Georges Bataille'?», se pregunta Ana Estevan, coordinadora de la colección La Sonrisa Vertical de la editorial Tusquets. Quien haya leído alguno de los dos libros, clásicos del género, ya tendrá la respuesta: nadie. Ni siquiera el más oscuro y tremendo realizador de cine erótico.
La editora de Tusquets explica que una novela de esta clase debe tener calidad para no caer en la mera pornografía, tiene que plantear situaciones novedosas, con un máximo control sobre los tópicos, y, además, ha de excitar al lector.
'La vida sexual de Catherine M.', de la francesa Catherine Millet, cumpliría con estos requisitos. Mario Vargas Llosa, un autor en cuya obra pesa mucho el sexo, calificó el libro de «inteligente y valeroso». En él, la autora relata un periodo de su vida en el que disoció el placer sexual del amor y se obsesionó por la cantidad y por los espacios abiertos, lo que le llevó a practicarlo con grupos de hombres y en sitios como aparcamientos de camioneros y estadios de fútbol.
La obra fue un rotundo éxito desde que salió en Francia en 2001 y se tradujo a 45 lenguas extranjeras, entre ellas el español, en la que también fue un superventas. La escritora y afamada crítica de arte acaba de publicar 'Celos. La otra vida de Catherine M.', un libro sin la rotundidad de su predecesor, pero también muy erótico, a su manera.
Fantasías y folletines
En la primera entrega ya presentaba a su marido, Jacques Henric, como observador divertido de sus andanzas. Ahora es ella la que descubre las aventuras de su compañero con mujeres jóvenes, lo que le produce un 'shock' que intenta comprender dada su liberalidad para las aventuras propias y ajenas. La autora se presenta como una heredera de la «sexualidad libertaria» de Mayo del 68 y muy dada por su carácter a las fantasías sexuales, que ella encabalga unas con otras «a semejanza de los folletines que no terminan nunca».
En la nueva obra de Millet hay detalles calientes, como la forma en la que hace el amor cuando su marido tiene las manos quemadas y vendadas. Su editor español, Jorge Herralde, ve también el texto como una indagación en la intimidad que le acerca a Marcel Proust. Anagrama nunca ha tenido una colección específicamente erótica, aunque en su cuidado catálogo aparecen títulos que no dejan lugar a dudas, como 'La máquina de follar', uno de los grandes 'best-sellers' de la casa firmado por Bukowski, un imprescindible de la contracultura.
«El erotismo y la sexualidad forman parte de la condición humana. Nosotros hemos querido reflejar eso desde las posiciones y tendencias más heteredoxas y extremas», explica Herralde, que define 'Invisible', la última obra de Paul Auster, como «un incesto feliz, al fin y al cabo». El prestigioso editor destaca la variedad de obras de tema sexual en su fondo editorial, desde ensayos como 'La imagen pornográfica' de Román Gubern a los textos de Pedro Almodóvar en 'Patty Diphusa'. Una de las últimas incorporaciones eróticas al catálogo de Anagrama es 'La isla de los perros', de Daniel Davis, novela protagonizada por un treintañero que busca sexo en los alrededores de los centros comerciales.
En 'Maravilla en el país de las Alicias', Antonio Altarriba sitúa a personajes tan clásicos como Penélope, Sherezade, Frankestein y la propia Alicia de Lewis Carroll ante retos sexuales ni siquiera atisbados por sus primeros creadores. La primera, en ausencia de Ulises, tiene que torear a todos los mirones y pretendientes que la acosan, y lo hace de manera muy eficaz e imaginativa.
El autor de Vitoria, profesor de Filología Francesa en la Universidad del País Vasco, opina que en las obras eróticas se expresa la esencia de la literatura, pues «tratan de contagiar al lector unas emociones muy intensas». Altarriba recalca que este tipo de libros deben tener «un efecto movilizador, es decir, deben llevar a la 'lectura con una sola mano'», como decía Rousseau, algo en lo que está de acuerdo la editora Ana Estevan.
Género reverdecido
El filósofo francés del siglo XVIII censuraba esta clase de libros, que entonces se publicaban de manera ilegal en ciudades como Amsterdam o Ginebra -en la que nació y vivió Rousseau-. Estas obras eran materia de contrabando y tenían 'portadas mudas', sin letras, para poder leerlos en cualquier sitio sin peligro.
Altarriba, al contrario que Rousseau, sólo tiene buenas palabras para el erotismo literario. «La obra erótica tiene que encontrar el mejor vaivén posible entre la sensación y la escritura, y gracias a él tiene que conseguir la excitación de lector: si no lo hace, fracasa. Tenemos un concepto muy espiritualizado de la literatura, relacionado con el alma o el pensamiento, con lo 'alto'. Pero a mí también me gusta pensar que tiene que ver con lo corporal y fisiológico, con lo 'bajo'», explica.
El autor, que ya quedó finalista del premio Sonrisa Vertical con 'Cuerpos entretejidos', se considera un «reincidente» y confiesa que muchas veces le han preguntado en qué estado escribe estos libros. «Sí, también disfruto», desvela, y remite al Marqués de Sade, que encerrado en la cárcel y en el manicomio trasladó al papel, con una desbocada pasión por el detalle, sus más osadas y abyectas fantasías.
El encierro actuó como un resorte para la imaginación de Sade, añade Altarriba. En España ocurrió lo contrario, ya que la apertura de la Transición reverdeció el género. «Con Franco vivíamos en una confusión alucinada por la que los hombres imaginábamos cosas increíbles sobre la anatomía de las mujeres. El sexo era el pecado, mucho más grave que robar. En los años 80, para romper con el pasado, escribir y leer novela erótica tenía un matiz de progresía», recuerda.
Fue en esa década cuando la colección de La Sonrisa Vertical, fundada y aún dirigida por el cineasta Luis García Berlanga, tuvo su mayor auge, lo mismo que su premio. A él contribuyeron escritoras como Almudena Grandes, con 'Las edades de Lulú', y Mercedes Abad, con 'Ligeros libertinajes sabáticos'. Antes o después publicaron en la misma colección Mario Vargas Llosa, Marguerite Duras, Camilo José Cela y Ana Rosetti, entre otros.
Ana Estevan explica que después de aquel 'boom' se vivió un bajón, en parte debido a la popularización de la pornografía. Ahora las cosas se han estabilizado. «Sacamos varios títulos al año con tiradas de 3.000 ejemplares. Los clásicos como Bataille, Sade y Pierre Loÿs se siguen reeditando, y también tienen mucho éxito las obras colectivas en torno al erotismo en Navidad, en verano o los especiales de San Valentín», señala. «A los autores les gusta participar en ellos. Por otro lado, seguimos recibiendo originales».
Los lectores continúan estando ahí, aunque en su mayoría disimulen y pidan sus obras a través del clubes de libros y de Internet. Quizá porque, como dice Altarriba, «si no hay misterio, no hay erotismo». Y los autores también siguen en la brecha. Nada menos que 69, entre ellos Fernando Marías y Juan Bas, colaboran en el último libro del dibujante Pablo Gallo, que saldrá en mayo con el título de 'El libro del voyeur'.
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Antonio Altarriba, autor de 'Maravilla en el país de las Alicias'. :: E. C.

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