En La Rioja hace ya años, aunque no demasiados, que a la importancia de vender vino se sumó la necesidad de vender cultura del vino. Gran parte de 'culpa' de ello la tuvo el Museo Vivanco, que se ha convertido en una referencia que supera en número de visitas incluso a San Millán, cuna del castellano. Y, probablemente, tiene la culpa también que Jesús Marino Pascual, junto a la Fundación Cultural Arquitectos de La Rioja y la Fundación Anatesis, hayan profundizado en el estudio del patrimonio de esa cultura.
Desde hoy y hasta el 30 de mayo, una muestra de ese trabajo puede contemplarse en la sala de exposiciones del Colegio Oficial de Arquitectos de La Rioja (COAR). Bajo el epígrafe 'Los barrios de bodegas. El ser de La Rioja. Quel', la muestra ofrece un repaso por el patrimonio oculto de esos barrios tan típicos de esta región, que alcanzan la cifra de 74. Sin embargo, ninguno tiene la singularidad de Quel, y por eso ha sido el elegido. Por eso y por la disposición a colaborar del Ayuntamiento queleño.
Originariamente, la localidad contó con tres barrios de bodegas, «aunque hay uno que tiene un uso más acentuado y una situación de privilegio». Tal esa así que los 140 calados están situados ocultos en la ladera de una montaña, en un talud junto al río justo frente al pueblo. Y he ahí una de sus singularidades, aunque no la principal, su situación, ya que habitualmente están integrados en los pueblos.
Sobre ella se encontraban desde siempre los viñedos. Y ahí comienza la explicación de su particularidad, el cómo se depositaban las uvas en los calados. En las imágenes de la exposición pueden observarse perfectamente los tubos que se utilizaban para realizar los vertidos. En el 'humilde' barrio de las bodegas de Quel, según Pascual, se encuentra «lo más primitivo, lo más auténtico desde la humildad del agricultor».
Un gran deterioro
Quel posee así «un gran valor cultural» que, sin embargo, ha sufrido como el que más «un gran deterioro», añade el arquitecto, quien admite que una visión global de la zona ofrece «una exposición de imágenes que parecen más próximas al chabolismo» que a otra cosa y que, sin embargo, son «un patrimonio cultural oculto bajo tierra».
Por este motivo, Pascual considera que «hay que cuidarlas, hay que ponerlas en valor». Y por eso se plantea como necesario un «proceso de rehabilitación», ya que «su mayor fuerza radica en el futuro».
Algunas de esas bodegas han sido rehabilitadas por sus propietarios particulares y convertido en merenderos, ya que no se utilizan en la actualidad para la producción de vino. Pero las posibilidades son mucho más amplias. «Hay que traer el pasado al presente para ser proyectado hacia el futuro», afirma Pascual, quien no olvida que, además de los análisis de documentación y de planimetría, se ha realizado «un repaso completo desde el punto de vista histórico», que ha sido llevado a cabo por Luis Vicente Elías y Emilio Barco.
Todo ello queda recogido en el libro que será presentado hoy, con motivo de la inauguración de la exposición, y que, además, se completará con dos mesas redondas: 'Del pasado al presente' (mañana, COAR, 20.00 horas) y 'Una mirada al futuro' (viernes).
Precisamente una visión de futuro es lo que ofrece la última parte de la muestra, en la que se recogen con las soluciones arquitectónicas de rehabilitación, incluyendo un hotel, creadas por 140 alumnos de la Escuela de Arquitectura de Pamplona. Un atractivo más.