La tecnología no es sólo futuro y avance científico, también proporciona ahorro de dinero y de energía en momentos de crisis como estos. El Ayuntamiento de Vitoria se ha subido al tren de la innovación y ha conseguido en un año dejar de gastar 130.000 euros.
El origen de esta importante economía del presupuesto municipal se debe al cambio en las luces de los semáforos. Tradicionalmente se utilizaban lámparas incandescentes, pero desde hace un año se ha dado el salto a la tecnología LED. También es cierto que esta óptica no es una desconocida para los vitorianos pues, tal como recuerda el concejal de Movilidad y Transporte, Joaquín Esteban, «nuestra ciudad fue pionera en el país en su implantación. Las primeras se instalaron a finales de 1992».
Los números cantan. El consumo con el sistema antiguo de los casi 4.000 semáforos de la ciudad supondría 1,8 millones kilowatios hora, mientras que el conseguido ahora es de 310.626 kilowatios, lo que supone sólo un 17%. Es decir, un ahorro del 83%. Y además, el equivalente en emisiones de CO2 es de 985.291 kilos. Es como si se eliminaran 109 coches de la circulación por las calles de la ciudad.
No se funden
Desde su puesta en marcha los técnicos municipales han constatado las numerosas ventajas del sistema, pero lo que ha primado a la hora de poner en marcha este plan ha sido «la seguridad que aportan las luces LED frente al fallo de las de incandescencia», reconoce Esteban. Las nuevas lámparas -consistentes en los llamados diodos de emisores de luz- no se funden nunca debido a que su bajo voltaje evita cualquier tipo de descarga, lo que permite también «una disminución de los trabajos de mantenimiento, con el consiguiente ahorro económico y de afección a la circulación», aclara el concejal.
La sustitución de las 'tripas' de los semáforos vitorianos favorece también la circulación y el paso de los peatones que, en los días soleados, no sufren el llamado 'efecto fantasma', que impedía ver las señales por culpa de los reflejos. La lista de ventajas continúa. El Gabinete Lazcoz cuenta con un contundente argumento más para llevar a cabo este plan: el beneficio para el medio ambiente. Y es que la vida de la bombilla LED se puede alargar hasta las 60.000 horas de luz, frente a las 83.000 que una lámpara convencional puede llegar a aguantar. El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía conoce estas cifras y es el encargado de subvencionar la instalación del nuevo sistema. «Frente a los 70 watios de consumo de las lámparas de incandescencia, la tecnología LED presenta un consumo de 8 o 10 watios por unidad». Lo cual baja los gastos energéticos por lente entre un 80% y un 90%.
Menos mantenimiento
La alta calidad de la luz, la resistencia a las vibraciones del tráfico y el viento, el mantenimiento de una señalización segura aún con pérdida del sistema, la reducción de los gastos de mantenimiento hasta en un 50%, la disminución de los riesgos laborales por la manipulación en tensión pequeña y la disminución de los trabajos en altura, constituyen otras razones para dejar en el museo las viejas bombillas de Edison.
Durante la primera fase de implantación, en 2008, se sustituyeron 667 ópticas, mientras que el año pasado se cambiaron otras 8.314. La inversión realizada fue de 140.000 euros. Ahora, el 85% de la red de semáforos de Vitoria es de tecnología LED. Cuando este sistema se generalice en toda la ciudad bajará aún más el consumo eléctrico global.