Las salinas de Añana tendrán trescientas nuevas eras en producción dentro de tres años. Con ellas serán ya 450 las que se han conseguido restaurar, una mínima parte si se compara con las más de 5.000 que estuvieron en funcionamiento a mediados del siglo pasado. Sin embargo, servirán para aumentar la producción de sal alavesa y recuperar un entorno privilegiado.
La restauración se realizará gracias a los 2,7 millones de euros que financiarán la Agencia Vasca del Agua y gestionará la Fundación Valle Salado, que se encargará de las obras a lo largo de los próximos tres años a razón de 900.000 euros en cada ejercicio. El convenio se firmó ayer con la presencia de la consejera de Medio Ambiente, Pilar Unzalu, el director de la Agencia Vasca del Agua, Iñaki Urrizalqui, y la presidenta de la Fundación Valle Salado de Añana, Lorena López de Lacalle.
Durante este año, se recuperarán las eras situadas junto al manantial de Santa Engracia. Las obras comenzarán en junio y, cuando terminen, su aspecto será semejante al que tuvo hasta principios de los años años 90. En total, habrá 113 plataformas restauradas en torno a este nacedero de salmuera. En 2011 la restauración se trasladará a la cabecera del Valle Salado, donde se trabajará en 95 parcelas mientras que en 2012, el trabajo se completará con otras 99 intervenciones.
El plan director que fijó las bases de la restauración del complejo sistema de manantiales, canales, pozos, eras y almacenes ya calculaba que serían necesarias al menos dos décadas para culminar los trabajos.
Esta intervención será la más importante abordada en las salinas de Añana desde que comenzó su restauración. Además de la recuperación de un paisaje único, la idea tiene otros objetivos, entre ellos, incrementar el atractivo turístico de la comarca y aumentar la producción de sal artesana para afianzar el producto en el mercado de la alta gastronomía.
Turismo
Los visitantes de las salinas tienen la posibilidad de visitar el centro de interpretación, ubicado en el antiguo almacén denominado 'El Torcos', recorrer las eras, incluso las que están en restauración para comprobar el método de construcción, con materiales tradicionales en los que está descartado el metal por el efecto corrosivo de la sal, y el pediluvio, donde pueden comprobar sus propiedades terapéuticas para aliviar la artrosis.
Los aficionados a la buena mesa, podrán degustar además sal de Añana a partir de este verano gracias a la iniciativa de la Fundación, que la pondrá a disposición del público. Podrán elegir la flor de sal -la que cristaliza en la superficie del agua en forma de escamas y tiene unas excelentes cualidades gastronómicas-, la del chuzo -que es una formación natural a modo de estalactitas en las estructuras de madera de las eras durante el verano- y la de mota, la más tradicional.
El director de la Agencia Vasca del Agua, Iñaki Urrizalqui, destacó que «se trata de un humedal de importancia internacional desde 2002». La zona fue declarada Monumento Nacional en 1984 y Bien de Interés Cultural en 1990. Además, geológicamente, tiene un gran interés, porque las salinas estaban cubiertas hace 200 millones de años por un gran océano que al secarse dejó una capa de sal de varios kilómetros de espesor. Los estratos depositados encima cubrieron la sal, pero sale a la superficie a través de los manantiales de salmuera. La recuperación del entorno incluye la creación de un jardín.