Si desde las nubes lanzásemos una cuerda imaginaria, la atásemos al campanario de la catedral de Santa María y, con este punto de sujeción, alzásemos la ciudad de Vitoria en una operación imposible, el conjunto se escoraría hacia el Oeste. Al menos, si lo que pesase fuera la calidad del entorno, el equilibrio urbanístico... En fin, lo que hace agradable a una urbe. Al occidente del Casco Medieval están los suelos de granito, las zonas peatonales y las luces indirectas; allí hay ejes comerciales impulsados por el plan Alhóndiga y fachadas que brillan. En el lado opuesto -en todos los sentidos- se sitúa el Este, con el tráfico enloquecido de las calles Francia y Los Herrán, una estación de autobuses obsoleta y fachadas ennegrecidas por el humo. Sitios sólo de paso con un rostro impropio para una ciudad que quiere ser modelo urbanístico.
Todo esto sigue así después de varios intentos y otros tantos fracasos por diluir las diferencias entre Este y Oeste. Para lograrlo, sería imprescindible acabar con esa frontera que es la calle Francia, un desfiladero de tráfico por donde pasan 18.000 vehículos al día y que marca diferencias entre la pujante 'almendra' y el barrio de El Anglo. Por eso, el Ayuntamiento prepara nuevas actuaciones.
A corto plazo, modificará la iluminación. El Gobierno municipal ha recibido un buen número de quejas vecinales por el aspecto lóbrego de las aceras cuando cae la noche, porque las farolas concentran sus haces de luz en el asfalto. Un problema que este mismo año será solventado prestando más atención a los espacios destinados al peatón. Además, en los próximos meses, esta calle entrará en el programa 'Muralia', para dar un diseño alternativo a las lonjas vacías.
Pero el cambio real llegará en los próximos años. Fuentes municipales han revelado a EL CORREO que durante esta legislatura -termina el año que viene- se elaborará un proyecto de reforma de la calle Francia, un rediseño que dejará viejo el lavado de cara fallido que tuvo lugar hace cinco años. En esencia, la pretensión es que su imagen se adecúe al plan Alhóndiga, aunque en ningún momento se considera la peatonalización. «No se plantea hacer algo como en Sancho el Sabio», advierten desde el Ayuntamiento, porque en Francia confluyen Portal de Legutiano y La Paz; es decir, se trata del principal eje viario que une el norte y el sur de la ciudad. Además, por ahí circula el transporte público.
Así que el planteamiento previsto se acerca más al reflejado en vías como Magdalena o Cadena y Eleta, donde, sin suprimir el tránsito de vehículos, se da más protagonismo al peatón. Es la misma filosofía que inspirará el rediseño de Los Herrán. Recientemente, el Ayuntamiento encargó al arquitecto Fernando Bajo un estudio donde aporte ideas sobre cómo actuar en esta calle una vez que, en 2012, la estación de autobuses se traslade a Arriaga. En declaraciones a este periódico, Bajo ya adelantó que el futuro pasa por una ampliación del plan Alhóndiga para «disponer un uso urbano con el comercio de fondo». También habla de resucitar ese bulevar central «que ahora tiene poco uso» y, en definitiva, de volver la vista hacia los caminantes y acabar con la tiranía de las cuatro ruedas. Y es que más de 15.000 coches circulan cada día por esta arteria.
Dos hachazos
Toda esta batería de intervenciones llega después de dos fracasos en la última década: ni la apertura del Artium, en 2002, ni la reforma de la calle Francia, tres años más tarde, han logrado integrar El Anglo como parte de esa nueva Vitoria que florece en el siglo XXI. El barrio surgió a finales del siglo XIX como ampliación de la ciudad por el Este, entre el Casco Medieval y el ferrocarril Vasco-Navarro, que se construyó en 1879 y funcionó hasta 1968.
En 1953, se levantó la estación de autobuses, rodeada de todos aquellos talleres mecánicos. Una y otros desaparecieron y el Artium pasó a ocupar ese solar. El centro de arte moderno, al calor de la experiencia Guggenheim en Bilbao, pretendía actuar como reactivador de la zona. Pero «no ha cumplido con las expectativas, porque está solo», reconoce su director, Daniel Castillejo. A estas alturas, «el museo está separado, como un objeto extraño en el distrito Este, tanto a nivel conceptual como emocional». Y el reto es «establecer una relación con el entorno». Eso sí, los alrededores del lugar no ayudan porque «está muy deteriorado desde un punto de vista urbanístico, con estos dos desfiladeros de tráfico, estos dos 'hachazos'» que suponen las calles Francia y Los Herrán.
Por eso, las recomendaciones de Castillejo van en dos direcciones: de un lado, y aunque «no somos urbanistas, no renunciamos a decir lo que está mal». Y la zona Este está mal, por lo que piden intervenciones municipales que vayan desde la peatonalización de ciertos espacios, hasta otras medidas que eviten que «la ciudad quede coja, como está ahora». De otro lado, desde el Artium han decidido dar el primer paso y plantean poner su grano de arena para reactivar el barrio.
Esa plaza central entre los dos edificios del museo, que ahora es poco más que un agujero inútil, será sede de intervenciones artísticas de todo tipo. Una empresa bilbaína ya está preparando propuestas. Y también están organizando visitas conjuntas a Montehermoso en un intento de activar una especie de corredor cultural entre ambos centros. En concreto, en torno al cantón de San Francisco Javier, que cuenta con las facilidades adicionales que ofrecen las rampas mecánicas. «También está el Bibat. Con este corredor se daría sentido a esta ladera; se ha intervenido en el Oeste, en el Norte, en el Sur... Pero aquí, en el Este, nadie ha hecho nada».
En realidad, eso no es cierto. En 2005 se llevó a cabo la reforma de la calle Francia en otro intento por salvar la brecha entre las dos 'vitorias'. Pero ahora «las aceras son estrechas, parece que los edificios echan a los peatones hacia el asfalto. Desde aquella obra, la calle se ha convertido en una especie de canal de circulación de alta velocidad», lamenta Castillejo. Y no es el único, ni mucho menos, que se queja.
Una vía «más amable»
«Hace falta hacer una vía más amable», continúa el presidente de los comerciantes de la calle Francia, Carlos Castaño. A su juicio, la operación de hace un lustro obedecía a unos intereses que han cambiado. Ese carril bus que ocupa buena parte de la calzada quizás tenía sentido antes, «cuando pasaban cuatro líneas de autobuses. Pero ahora sólo pasa una, y está infrautilizado». Castaño ve en esta situación una baza interesante que hace posible la ampliación de las aceras. Una medida esperada por los peatones, los vecinos y, sobre todo, el comercio. «Tenemos un compromiso verbal del alcalde, según el cual se llevarán a cabo actuaciones para el año que viene». Los minoristas pidieron recientemente que Francia se integre en el plan Alhóndiga, pero la idea fue rechazada por el Ayuntamiento por no haber reserva presupuestaria en este sentido para este año. 2011 será otra cosa.
Esta fecha también es esperada por los vecinos, quienes inciden más en la «falta de seguridad» que existe en la calle Francia desde que en 2005 «se convirtió en una 'vía rápida'», dice la presidenta de la asociación vecinal de Aranbide, Aranbizkarra y Aranzabela, Alicia Martínez del Campo. Por su parte, la zona de El Anglo se está quedando «abandonada». «Está perdiendo comercio, y cuando no hay tiendas ni establecimientos hosteleros, los barrios pierden vida». A su entender, «el Ayuntamiento se está centrando en obras grandes a otros niveles y se está olvidando de los barrios». Una acusación que rechaza el equipo municipal de gobierno. Esgrimen como argumento en contra las recientes actuaciones en Arana, Monseñor Estenaga o Libertad.
Pero el principal problema sigue siendo la calle Francia, y quienes viven ahí lo saben. Como el concejal de EA, Antxon Belakortu. Su familia regenta un comercio en esta arteria desde 1914 y es la memoria del lugar. «Ha sufrido muchas transformaciones fallidas y, mientras, se ha convertido en una vía de tráfico potente», recapitula.
Ahora, el reto sigue siendo «hacer una calle amable». Sin embargo, la empresa es «difícil» porque, «¿dónde se meten los 18.000 vehículos que circulan cada día por aquí?». Ese será el principal problema a la hora de diseñar las medidas para acabar con la última frontera que separa la nueva Vitoria del Este.