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Argiñe y Aitor, por fin en el urbano

ÁLAVA

Argiñe y Aitor, por fin en el urbano

01.04.10 - 02:38 -
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Pongan un día de invierno lluvioso, un recado o gestión importante que hacer en el otro extremo de la ciudad, y unos gemelos con los que desplazarse. Ahora, añadan a todo eso el hándicap de no poder usar el urbano para trasladarse. ¿Se imaginan?
Mikel Pichot y Leire Zulueta se han encontrado incontables veces en esa misma situación desde que el pasado 31 de octubre, la reorganización de las líneas de Tuvisa se acompañó de la prohibición, por sorpresa, de admitir en los autobuses sillas dobles de niños. ¿La razón? Un informe municipal lo aconsejaba así para garantizar la seguridad de los menores durante los desplazamientos.
Hasta entonces, Argiñe y Aitor viajaban en su carrito doble con total normalidad, «tal y como ese exigía. Esto es, encajados en uno de los huecos que hay para sillas de ruedas o de niños y en dirección contraria a la que sigue el autobús. De repente, de la noche a la mañana, me encontré con que ya no nos admitían y nos dejaban en la calle por un 'problema de dimensiones' de la silla», explica la madre.
La única posibilidad de que les permitieran el acceso le obligaba a plegar el carrito -vacío pesa dieciséis kilos- y a viajar con sus hijos como si fueran usuarios adultos. «Al parecer, llevar de pie a unos niños pequeños o en unos asientos de los que se escurren es más seguro», ironiza Leire. ¿«Y si fueran bebés, cómo me las arreglo, pidiendo a dos viajeros que me los lleven en brazos»?
Los padres de los gemelos -tienen además otro hijo de seis años- nunca se cansaron de intentarlo y tampoco de pedir explicaciones a los chóferes. «En alguna ocasión alguno llegó a llamar a la central porque no sabía que decirnos. Y es que nunca ha habido ley o norma que amparase esa decisión. Simplememente, se la sacaron de la manga» asevera.
Por una «cabezonería»
La vida de la familia Pichot-Zulueta se complicó aún más cuando llegaron las nevadas. «Tuvimos que improvisar un trineo para llevar a los gemelos en su carrito. Mi marido empujaba y yo los llevaba», cuenta ahora ya con desenfado. En otras ocasiones, sin nieve, pero sin urbanos, tuvieron que recurrir al servicio de taxis para desplazarse o, incluso, quedarse recluidos en su casa de Zabalgana.
Convencidos de lo «ridículo» y «absurdo» de una medida que, dicen, nació de una «cabezonería», expresaron su disconformidad ante el Ayuntamiento, Tuvisa, el Síndico, el Ararteko y la Asociación de Familias Numerosas. En enero, el Consistorio se hacía eco de su protesta, y de la de otros ciudadanos en su misma situación, y el pleno municipal daba luz verde al regreso a los urbanos de los polémicos carritos, siempre que fueran, eso sí, menores de 740 x 1.240 milímetros.
Hace unos días, y pese a que aquella decisión sigue aún a medio tramitar, el Gabinete Lazcoz levantó el veto de facto, y Argiñe y Aitor ya comprobaron ayer mismo que son aceptados de nuevo en los autobuses. Su madre está satisfecha, pero recuerda que los carritos con las sillas dispuestas una detrás de otra siguen sin poder subir.
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