Se preparan para el final de los tiempos con la Biblia en una mano y el rifle automático en la otra. La presencia de estas milicias radicales se ha disparado con la llegada de Barack Obama, en quien ven al anticristo que marca la llegada del apocalipsis. Pero no fue hasta este fin de semana cuando el FBI decidió intervenir para abortar una violencia inminente.
En la mira oficial estaba Hutaree, una milicia ultracristiana de Michigan con ramificaciones en los vecinos estados de Ohio e Indiana, cuyas sedes fueron el objetivo de una redada en la que se produjo la detención de ocho personas. Una más se ha dado a la fuga. «Creemos que un día, como dice la profecía, habrá un anticristo», clama su página web, salpicada de citas bíblicas y hombres con rifle en ropa de camuflaje.
Una encuesta de la empresa de sondeos Harris reveló la semana pasada que casi un tercio de los republicanos comparten la creencia de que Obama es el anticristo. El 38% piensa que está haciendo «muchas de las cosas que hizo Hitler». El 57%, que es un musulmán encubierto. El 67%, que es socialista -equivalente a comunista en EE UU-. El 41%, que quiere provocar un colapso económico para atribuirse poderes dictatoriales. El 51%, que pretende subyugar la soberanía norteamericana al gobierno del mundo, y el 22%, que quiere que ganen los terroristas.
Un policía en la diana
Estas creencias explican que -según un estudio de Southern Poverty Law Center- el resurgimiento de las milicias en Estados Unidos se pueda medir en un aumento del 250%, con 512 grupos «patrióticos» dispuestos a dar la vida para salvar a su país del mal gobierno. De ellos, 127 están fuertemente armados.
El grupo Hutaree había empezado ya a definir la primera víctima de su guerra contra el Ejecutivo, en la que provocaría un baño de sangre y conseguiría la atención de la sociedad hacia su mensaje. Durante «una misión de reconocimiento» prevista para abril pensaban poner la diana en un policía, al que pretendían atraer con una llamada a los servicios de emergencia o una infracción de tráfico. Después atacarían a su familia, y finalmente a todos sus compañeros con explosivos en el cortejo fúnebre.
«Esto empezó como una cosa cristiana. Ibas a misa y te preocupabas por tu familia», explicó a AP Donna Stone, ex mujer del líder. «Creo que David lo llevó un poquito lejos, y arrastró a mucha gente consigo». Entre ellos, su hijastro, que ayer figuraba entre los detenidos.