Lo que hasta hace unos meses parecía imposible ya toma cuerpo. El núcleo duro del polémico clan gitano de los 'Bartolos' ha comenzado el traslado del edificio que ocupa en la Avenida de Los Huetos desde hace más de una década. De hecho, tras la marcha en los últimos días de dos de las familias que aún residían en el destartalado inmueble, ya sólo aguantan en el bloque los patriarcas -Bartolomé Cortés y su esposa, María- y su entorno más cercano. No obstante, también ellos se mudarán en breve, según ha podido saber EL CORREO.
Ninguno se ha establecido ni lo hará en el campamento de Aguirrelanda, como les había propuesto el Ayuntamiento. Su destino apunta en otra dirección. Se han reubicado, o lo harán antes de Semana Santa, en varios pisos alquilados, localizados en diferentes puntos de Vitoria y de pueblos cercanos.
En Gamarra Menor, su reciente desembarco ya ha generado los primeros disgustos. La noche del pasado miércoles, varias patrullas de la Ertzaintza se personaron en el nuevo hogar de uno de los hijos de María debido «a un problema de convivencia». «No hemos hecho nada. Somos personas normales que sólo queremos salir adelante y criar a nuestros hijos», se defendió ayer la esposa del hombre. Sus vecinos, que piden el anonimato por temor a represalias, aseguran que un residente recibió «amenazas de muerte». Alguno, aseguran, ha empezado a buscar casa en Vitoria. «Tenemos mucho miedo», afirman.
No irán a Aguirrelanda
Mientras se dilucida si queda en incidente aislado o se convierte en un conflicto permanente, lo cierto es que los días de los 'Bartolos' en la Avenida de Los Huetos parecen contados. Así lo piensan en la Policía y en el propio Ayuntamiento. Pese a que el clan gitano siempre ha rechazado instalarse en Aguirrelanda, donde dispondrían de un equipo de educadores y deberían regirse por unas normas de conducta, los responsables municipales creen que este traslado ¿definitivo? y su disgregación pondrá fin a una larguísimo capítulo de desencuentros, polémicas y sempiternos roces con sus vecinos y con la ley. Según los archivos de la Ertzaintza y de la Policía Local, «casi el 70% de sus miembros» tiene antecedentes penales. La mayoría, por pequeñas fechorías.
La conclusión del Ayuntamiento es la siguiente. Al irse cada uno a un punto diferente, el grupo perderá fuerza, dejará de hacer piña y hasta varios podrían integrarse.
Este movimiento se produce un mes después de que efectivos de la Policía Local ejecutaran el desahucio de tres de sus domicilios en Los Huetos debido a sus continuos impagos. Durante el operativo, María aseguró ante la veintena de informadores congregados que «nunca» se irían del enclave. Y «menos aún a Aguirrelanda», donde convivirían con familias rumanas.
Entonces, ¿qué ha forzado la mudanza? Sin el colchón económico de las ayudas sociales -el Gabinete Lazcoz les cortó ese grifo como medida de presión hace ya meses- y ahogados por las deudas, el embargo del resto de sus viviendas era cuestión de tiempo. Según fuentes judiciales consultadas por este periódico, «no durarían más allá de verano porque siguen sin pagar sus hipotecas».
Esa espada de Damocles les ha obligado a mover ficha. Aunque lo han hecho casi uno a uno. Antes del éxodo de estas tres últimas familias, otras ya se instalaron en diferentes barrios de la ciudad. Conviven con sus respectivas comunidades «sin incidencias especiales».
Después del desahucio y tras fracasar los contactos con el concejal de Asuntos Sociales, Peio López de Munain, el grupo comenzó a sondear el mercado inmobiliario en busca de opciones asequibles. Ocho miembros viven desde el pasado jueves 18 en una solitaria casa de Gamarra Menor, justo al lado de las obras del tren de alta velocidad. Otros tres se instalaron ayer en un barrio de la capital alavesa. Quedan los patriarcas del clan que, según ha podido saber este diario, también han suscrito un acuerdo para pagar la renta de otro inmueble.
Cuentas de liquidación
En breve percibirán además una inyección extra de dinero. El departamento municipal de Hacienda ultima las cuentas de liquidación de los tres pisos aún de su propiedad en Los Huetos. Hace semanas que los tasaron. Les han restado todas sus deudas y el resultado será lo que les entreguen a modo de pago por las viviendas. Una vez que, como esperan en el Ayuntamiento, los 'Bartolos' firmen la venta, el expediente pasará a Urbanismo.
Entonces, y si la Caja Vital, dueña de los tres pisos ya expropiados, se muestra de acuerdo, las excavadoras entrarán en la parcela para derribar el vetusto edificio, todo un símbolo para la ciudad por el inadaptado carácter de sus ocupantes.