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Los 'killers' fueron la diferencia

ATLÉTICO 2 ATHLETIC 0

Los 'killers' fueron la diferencia

26.03.10 - 02:49 -
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Entre Diego Forlán y el Kun Agüero, dos depredadores de élite, terminaron ayer con el Athletic, que de nuevo se quedó sin rematar una buena faena, como ya le sucedió en Riazor y El Molinón. Los rojiblancos volvieron a perdonar demasiado delante de la portería rival, chafando de este modo lo que había sido un magnífico trabajo. La derrota deja un fuerte escozor, sobre todo pensando en el salto supersónico que hubiera dado el equipo bilbaíno si llega a haber sumado los tres puntos, una posibilidad que estuvo viva hasta que Diego Forlán sacó la cachicuerna en el minuto 53. A partir de ese momento, al Athletic le faltó solidez. Los dos goles del Atlético, de hecho, llegaron en sendos errores defensivos de Castillo y Mikel San José. El equipo de Caparrós continuó valiente, pero acabó saliendo perdedor del toma y daca en el que se convirtió el partido hasta el pitido final. Y es que ya se sabe que, en los intercambios de golpes, siempre acaba perdiendo el que tiene menos pegada.
El caso es que el Athletic continúa seco en sus salidas, donde desde hace tres meses su puesta en escena es tan sugerente como deplorables son sus resultados. La falta de puntería está saliendo carísima. Ayer sirvió para resucitar al conjunto de Quique Sánchez Flores, que siempre es un misterio. Una moneda al aire. Es algo de toda la vida. Antes de cada partido, el Atlético de Madrid es una incógnita que hay que despejar. Cuando se abre la puerta de toriles del Vicente Calderón lo mismo sale un morcalo astifino de 600 kilos que una cabra con cencerro o el oso bailarín del gitano de la corneta. Los aficionados colchoneros están curtidos en esa esquizofrenia. Viven con ella y hasta se la toman con resignación. Los rivales, claro está, siempre confían en que el Atlético presente su versión menos peligrosa. La más titiritera, se podría decir. Ayer se puede decir que los madrileños interpretaron dos papeles, uno en cada tiempo. En la primera, fueron un boxeador sonado y acorralado por el empuje y la fiereza de su rival. En la segunda, por el contrario, recuperaron el resuello y demostraron tener la pegada de un peso pesado. Justo lo que le faltó a su rival.
Gran arranque
Lo cierto es que la primera acción del partido fue una noticia inmejorable para el Athletic. Gabilondo, que es un futbolista inconstante, a veces hasta acomodaticio, no sólo estaba enchufado, sino que había salido al campo con todas las pinturas de guerra. Aquello era una buena señal. La tropa de Caparrós, efectivamente, había salido al Vicente Calderón a ganar el partido, sin más tonterías, con la ambición y el instinto afilado de los buenos equipos. Daba gusto ver a ese Athletic convencido de sus fuerzas, demostrando en el campo que su ilusión por entrar en Europa, incluso en la Champions, no es la típica retórica hueca de sala de prensa sino algo muy real. Los rojiblancos destilaban confianza. Ahora sólo hay que esperar que los malos resultados fuera de casa no les llenen de dudas y les alejen del buen camino.
Merecieron bastante más los rojiblancos en la primera mitad. La noche era fría y ventosa, pero los bilbaínos estaban con fiebre. La perspectiva de tres puntos que le situarían a sólo dos del cuarto puesto le subían la temperatura. De Gea supo desde el primer minuto, cuando desvió a córner un gran cabezazo de Gurpegui, que iba a tener que remangarse. Y lo hizo, efectivamente. El joven portero del Atlético, que se alió con el poste en un derechazo tremendo de Llorente en el minto 7, acabaría siendo providencial para su equipo. En el minuto 27 le salvó del 0-1 marcándose un paradón de lujo tras una jugada no menos lujosa del delantero de Rincón de Soto. Alos rojiblancos comenzaba a escapárseles la victoria en esas jugadas. Y era una pena. El buen juego y el trabajo del equipo merecían otra cosa. Lo merecían, sobre todo, Llorente y Toquero, incansables, Iraola, incisivo, y Javi Martínez e Iturraspe. Éste último, que aguantó en el campo hasta que en el minuto 65 fue sustituido por Yeste, volvió a presentar sus credenciales para hacerse con el puesto de mediocentro titular.
Orgullo y frustración
El Athletic llegó al descanso con la misma sensación que en Riazor o El Molinón. Una mezcla de orgullo y frustración. No deja de ser curioso, la verdad, lo que les sucede a los de Caparrós, a quienes el fútbol parece castigar cuando mejor lo interpretan. El caso es que, lejos de poder comenzar la segunda parte con una ventaja que gestionar, el Athletic tuvo que exponerse a la salida rabiosa de un Atlético obligado a cambiar radicalmente su guión. El choque entró en una dinámica de idas y venidas de la que disfrutaron los espectadores. Siempre gustan los partidos descosidos, los tiras y aflojas, los pulsos de corsarios.
El problema es que este tipo de batalla sin cuartel acabó favoreciendo a los locales. Al fin y al cabo eran ellos los que tenían a Diego Forlán y al Kun Agüero. Es cierto que ambos cracks estuvieron muy individualistas y que ninguno de los dos se encuentra en su mejor momento, pero a este tipo de jugadores no les gusta perdonar. Lo pueden hacer una vez. O dos. A la tercera, sin embargo, te acaban dando la puntilla. Por eso marcan la diferencia. Y ganan lo que ganan. Al Athletic le faltan ese tipo de 'killers'. No lo es Fernando Llorente, pese a su soberbio trabajo y su magnífica cuenta de goles esta temporada, ni tampoco Gaizka Toquero, al que De Gea también le amargó la noche. Como a todos.
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