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Mike Kennedy se hace vitoriano

ÁLAVA

Mike Kennedy se hace vitoriano

El ex cantante de Los Bravos se instala en la capital alavesa para impulsar su carrera

21.03.10 - 03:11 -
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'Los chicos con las chicas', 'La motocicleta', 'Black is black', 'Bring a little lovin' son canciones cosidas a la memoria sentimental de la mayor parte de la gente con más de cincuenta años. Forman parte de la banda sonora de nuestras vidas, incluido el que suscribe. La culpa la tiene un gran tipo, un cantante que se hizo legendario por su singular voz, capaz de hacer unos agudos increíbles, por ser un alemán rubio que adoraba España y se quedó para siempre con nosotros, por llevarse a las chicas de calle y ser un verdadero mito sexual. Lo reconoce hasta mi mujer. Se llama Mike Kennedy, nombre artístico que escondía el más difícil de pronunciar Michael Volker Kogel, un berlinés oriental nacido en 1944. Dicen que hasta estuvo a punto de entrar como vocalista en el mítico grupo británico Led Zeppelin.
Desde hace cuatro meses vive en un apartamento de la calle Independencia de Vitoria. Aunque el duro invierno que hemos padecido no le ha permitido salir, son muchos los vitorianos que lo han podido reconocer detrás de sus sempiternas gafas de aviador -son para ver-, su cazadora de cuero, un rostro duro y atractivo con una expresión entre Sting y Clint Eastwood. Acérquense. Les saludará con simpatía.
Para una estrella del pop como él que asegura «no tengo raíces», ir de aquí para allá es la historia de su propia vida. En Vitoria ha encontrado la paz que necesitaba después de algún revés en donde ha vivido casi desde que vino a España, el Mediterráneo. Y lo más extraordinario ha venido de la mano de una antigua admiradora. Sí. Los obreros tienen la Seguridad Social, los pobres las AES, los ricos sus seguros privados y los cantantes veteranos tienen a sus fans incondicionales de toda la vida para sacarles de un apuro o simplemente para brindarle su apoyo.
Mike Rat y The Runaways
La vitoriana Begoña Arteaga es el ángel de Mike. Con quince años estaba deslumbrada por aquel ciclón rubio que llegó a imitar a Elvis Presley -oírle 'In the ghetto' pone los vellos de punta- y que después de grabar algunos discos con una formación llamada The Runaways (los fugitivos), con sobrenombres como Mike Rat vino a España y formó Los Bravos con miembros del grupo Los Sonor.
Comenzaban los tiempos de la minifalda y el gintonic y España iba desbocada por la senda de la modernidad. Después de éxitos como 'No sé mi nombre', la primera canción del quinteto y 'La motocicleta', 'Black is black' llevó a los Bravos al triunfo más apabullante del incipiente pop español. Fue un superventas mundial en el verano de 1966. Número dos en las listas británicas y cuatro en las norteamericanas.
La seguidora fiel vio cómo en 1969, después de tres películas y tocar la gloria con los dedos, los Bravos se separaban. Mike había decidido seguir su carrera en solitario como cantante. Un año antes, ocurrió una de esas desgracias que abrieron jirones en su alma y traumatizaron a sus admiradores. El teclista, Manuel Fernández, se suicidó después de un accidente de tráfico en el que murió su mujer a la que amaba con locura. No soportó la culpa porque él era el conductor. La madre de Mike también acabó con su vida así. Y hace diez años, otro de sus antiguos compañeros, Antonio Martínez, 'Tony', falleció en accidente de moto en Madrid. Ante tanta tragedia en su entorno, Kennedy hace una mueca cuando termina de contarlo. «Black is black. Negro es negro», dice. Letras para una vida, un concepto que la estrella rockera maneja bien. «No tengo una peseta y no sé cómo ahorrar», la letra de 'La motocicleta', asegura, refleja su situación actual.
«Con los padres»
La primera vez que Begoña Arteaga pudo ver en directo a su idolatrado Mike fue en el hotel César de Miranda de Ebro, cuando ella tenía 18 años. Iba acompañada de sus padres como era la costumbre entonces. Ya formaba parte del club de fans. Veía todas sus películas, compraba todos sus discos, acudía a todas sus actuaciones a 200 kilómetros a la redonda. En la famosa sala La Kokett y en el Elefante Blanco. Unas veces con su hermana, otras con su madre o con su marido. Pasión de fan. Le saludaba y se hacía fotos con él. A Mike se lo comían las chicas.
«La última vez que lo vi en Vitoria fue hace unos veinte años cuando se juntaron Los Bravos de nuevo. Llenaron la plaza de España. Cayó una tromba de agua y tuvieron que suspender el concierto. Yo iba con mi hijo en la sillita», cuenta. Tras un largo período sin noticias directas, un CD de Los Bravos regalado por sus hijos le volvió a poner en contacto con su ídolo de juventud. «Fuimos a verlo a Casetas, en Zaragoza, a una actuación. Le invitamos a venir a Vitoria y después de un tiempo aceptó. Nosotros, encantados», relata Begoña.
Mike Kennedy, que parece terner una salud de hierro, conserva intacta su alma de viejo rockero y se siente una piedra rodante. Reconoce que «hasta a las cuerdas vocales les salen canas y hay que ser muy disciplinado para conservarlas porque es lo último que se despierta por las mañanas». Vive al día, planifica poco y se levanta tarde. Ya no tiene cuidado en decir «inconveniencias». Desnuda el alma ante el periodista sin rubor y se hace más persona que estrella, más humano que cantante divino. «Durante mi juventud he sido un rebelde sin causa. He sido muy informal, un poco golfo. Posiblemente, por eso no he podido vivir de lo conseguido, que ha sido importante. Tengo que seguir cantando. Ahora quiero ser rebelde pero con causa. Me revientan las injusticias de todo tipo, las desigualdades o que un hombre pegue a una mujer. No lo soporto.» Lamenta que el público ha olvidado y ha dado la espalda a grandes voces de los 70 y 80, y se acuerda de Mari Trini, fallecida recientemente.
Los años no perdonan y desde luego «no es oro todo lo que reluce en la música. Hay veces que el mejor amigo que tienes es el mininibar y te encuentras en la más completa soledad». Mike no quiere quedarse con el cartel de «vieja gloria» que abre cada día el baúl de los recuerdos y limitarse a repetir hasta la saciedad los temas de siempre, los que la gente le pide una y otra vez. Por ello, está preparando un proyecto junto a Alain Milhaud, el famoso representante de Los Canarios, Pop-Tops y Pedro Ruy Blas. «Música de los grandes, Led Zeppelin, Elvis Presley, Paul Anka. Un disco de 18 canciones que pretende volver a las raíces», relata. Seguir vivo a los 65 años.
«Rudos, pero nobles»
Mike Kennedy sigue luchando contra sus fantamas. Se encuentra a gusto en el País Vasco y espera que mejore el tiempo para coger una bicicleta. «Son rudos, pero nobles, con corazón,como los árboles. Soy tauro y me gusta la gente que está cerca de la tierra. Si hubiera vuelto a nacer habría cometido los mismos errores. El ser humano es el único animal que siempre tropieza en la misma trampa. Un animal salvaje no vuelve a caer», sostiene.
Cantar ¿para qué?. «Mi trabajo es hacer feliz a la gente, contar historias, encontrarme con el público. Los abrazos y los cariños que no recibí en mi juventud están dentro de cada aplauso que recibo. Es un abrazo para mí. Y dinero, también pero es mucho más importante el abrazo y el cariño que la cartera», piensa. Una vida intensa se agolpa en sus recuerdos.
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