El centro pierde a uno de sus puntales comerciales. Mango, referencia de moda sobre todo entre el público femenino, echará hoy la persiana tras doce años de actividad. La bajada de ventas, sumada a la «inviabilidad» de un local de 1.200 metros cuadrados, han precipitado la clausura. Ésta, aparte de llevarse por delante nueve puestos de trabajo, confirma el declive -para otros, «reordenación del sector»- de la denominada 'milla de oro', área comprendida entre las calles situadas entre la plaza de España y Manuel Iradier y entre San Antonio y La Paz.
No obstante, un portavoz autorizado de la cadena con sede en Barcelona -que mantiene otro negocio en el centro comercial Lakua- expresó a este periódico su intención de buscar «otra lonja de menor tamaño» en la zona. «Nuestra actual política va más encaminada a las boutiques, a locales de un tamaño medio, que a superficies tan grandes», razonaron desde la ciudad condal. Eso sí, todavía carecen de fechas definidas para marcar su retorno al corazón de la capital alavesa. En el mejor de los casos, pasarán varios meses.
La bajada de la persiana de Mango, cuya apertura en Álava se remonta a 1998, confirma el delicado momento que atraviesa una parte de la actividad comercial en el Ensanche. En los últimos meses han cerrado, o variado su actividad, casi una decena de establecimientos. La mayoría está conectada por una característica; son franquicias de grandes firmas nacionales o de índole internacional.
Más movimientos
El penúltimo caso se ha dado en la esquina de Dato con San Prudencio. Sfera, adscrita a El Corte Inglés, ha 'cedido' su inmueble de 1.000 metros cuadrados a Sportown, otra de sus franquicias dedicada a la ropa deportiva y que el próximo viernes empezará a rodar. El género de la primera marca se despachará en los grandes almacenes situados en la calle La Paz.
Benetton también dejó hace un tiempo la calle General Álava -su hueco lo ocupará Springfield- para reubicarse en otro local más pequeño de Fueros. Zara sustituyó sus colecciones de hombre en el centro de Dato por la moda barata de Lefties. Pull&Bear, distanciada por poco más de doscientos metros, se convirtió en un outlet. Mientras que Dadá bajó la persiana en el pasaje de Postas por la caída en picado de las ventas. La lista es larga.
Las centrales de las franquicias consultadas hablan en todos los casos de una «adecuación» a las exigencias del mercado actual, de la necesidad de «recortar gastos» y de las apuestas por espacios más pequeños -y por ende, menos gravosos- como única solución de urgencia a la complicada coyuntura económica.