Los ataques piratas contra la flota vasca que faena en el océano Índico se han intensificado hasta tal grado que apenas pasa una semana antes de que llegue la noticia de un nuevo asalto. Ayer mismo se vivió en aquellas aguas el último episodio de acoso por parte de los bandidos somalíes con el intento de abordaje, sin éxito, del atunero 'Txori Argi', perteneciente a la empresa Inpesca S.A. de Bermeo. Esta vez, sin embargo, el incidente se registraba en un contexto diferente a los otros cuatro contabilizados este mes contra los arrantzales: el barco se encontraba navegando a unas ochenta millas al Norte de las islas Seychelles, muy lejos, por tanto, de la denominada 'zona caliente', que se supone más próxima a la costa de Somalia y en la que la ofensiva pirata a cualquier tipo de navío se ha convertido en pura rutina.
Cuando El CORREO se puso en contacto a través del teléfono con el patrón del atunero, Santi Gamboa, éste apenas atinaba a articular palabra, todavía preso del nerviosismo. «Estamos todos bien, no ha pasado nada. Acaba de terminar el ataque, pero mejor llámame un poco más tarde porque todavía estamos escapando», acertó a decir mientras se afanaba, a toda máquina, a poner mar por medio a los atacantes. Apenas habían pasado unos minutos desde que el 'Txori Argi' sufriese la emboscada, dos días después de abandonar la capital Port Victoria del archipiélago de las Seychelles, donde la flota atunera vasca tiene su puerto base de atraque en el Índico. Tras descargar el pescado, el atunero bermeano había embarcado los víveres necesarios para enfrentarse a otra marea de pesca.
Eran alrededor de las diez de la mañana hora española -tres más en el océano Índico- cuando los marineros avistaron, a unas ocho millas de distancia, un barco nodriza, cuya presencia no fue detectada por el radar del 'Txori Argi'. Nada más ver la embarcación por los prismáticos, el patrón bermeano procedió a realizar las maniobras obligadas de evasión e hizo sonar la alarma del buque para alertar a toda la tripulación del peligro que les acechaba. Para entonces, la embarcación nodriza de los piratas ya había lanzado al agua dos lanchas rápidas, con hombres armados a bordo, que perseguían al atunero a 23 nudos. «Nos venían encima a gran velocidad, hasta que casi han conseguido alcanzarnos. Los teníamos a tan solo una milla (1,8 km) por popa», narró más tarde Gamboa.
Dos ráfagas de disparos
Atendiendo a las órdenes del protocolo de actuación previsto para estos casos, salvó el patrón y el capitán -que permanecieron en el puente de mando durante el incidente-, todos los hombres de la tripulación buscaron refugio en el interior del barco. Los cuatro agentes de seguridad contratados para defender al atunero, de pabellón español, también permanecieron apostados en cubierta, dispuestos a repeler la agresión. Al igual que en algunos de los últimos casos de ataques piratas que han tenido lugar en el Índico contra atuneros vascos, los vigilantes lograron ahuyentar a los agresores disparando ráfagas de tiros de advertencia contra los esquifes, hasta en dos ocasiones.
«Cuando han visto que llevamos armamento a bordo, se han dado media vuelta y se han dirigido de nuevo a su barco nodriza», relataron desde el 'Txori Argi', que ahora navega rumbo al puerto de Seychelles, donde sus responsables decidirán a qué nueva zona se dirigen en los próximos días para seguir faenando. La tripulación del buque, compuesta por 29 hombres -tres marineros vascos, 14 gallegos y el resto procedentes de diferentes países de África- se encuentra ya «más tranquila», aunque «con miedo de volver a encontrar algún otro barco pirata por el camino». «Se suponía que ésta era zona segura y ahora tendremos que pensar, con la cabeza fría, adónde dirigirnos otra vez para encontrar pescado», confesó el patrón del 'Txori Argi', que ayer vivió su primera ataque en sus quince años como patrón. «En la pesca estoy curtido, pero no en faenar con alarmas a bordo y gente armada. Esto no tiene nada que ver con la pesca», lamentó.
«Estamos hablando de que los piratas han comenzado a actuar en otros países que no son el suyo. De seguir así, van a esperar a nuestros barcos a la salida del puerto para secuestrarlos», aseguró José Luis Telletxea, el director general de la empresa propietaria del atunero atacado. Al igual que el resto de los armadores, Telletxea volvió a reivindicar la aplicación de medidas más contundentes contra la piratería. «Habría que bloquearles la salida en los puertos y actuar con más rigor cuando se les atrapa», propuso.
Esta no es la primera vez que los bandidos somalíes atacan a un barco de la empresa Inpesca de Bermeo. En noviembre pasado, el atunero 'Txori Gorri' también fue perseguido por dos esquifes durante media hora, aunque finalmente no lograron alcanzarlo. Los ataques más recientes sufridos por la flota vasca se produjeron el pasado 4 de marzo contra el congelador 'Albacán' y al día siguiente contra el 'Intertuna II'. En ambos casos, los agentes de seguridad repelieron a tiros los intentos de abordaje. Ese mismo viernes, el 'Artxanda' y el 'Intertuna III' huyeron al detectar los esquifes en el radar.
El responsable de la empresa española que adiestra a los vigilantes que llevan a bordo los barcos vascos de pabellón español ha reclamado, por su parte, que el Gobierno permita la utilización de armas de mayor calibre para que sus hombres puedan ejercer su labor con mayores garantías de éxito.
De hecho, el presidente de Interatún, la plataforma que agrupa a armadores de buques atuneros y empresas conserveras, atribuye las últimas agresiones a los 22 pesqueros que faenan en la zona a que los piratas «creen» que los escoltas privados no pueden defender los buques de forma tan eficaz como por ejemplo los marinos galos, que tienen orden de disparar ráfagas cuando detectan la presencia de un esquife a una milla de distancia y de tirar «a dar» cuando están a un kilómetro. Juan Manuel Vieites advirtió, además, que las bandas cuentan con armamento «cada vez más sofisticado».