«Esto es un asco, tercermundista para el que trabaja y para el que acude a que le vea un médico. Goteras, humedades, esperas interminables, un edificio obsoleto que he visto desde hace muchos años como provisional y que ahí sigue». Raúl , propietario del Bar Álava, situado frente al ambulatorio prefabricado de Lakua-Arriaga está cansado de ponerle malos adjetivos. «Tenías que oír a los médicos que vienen a tomarse el café», dice el tabernero sin salir de su asombro por el nuevo retraso que va a acumular el nuevo edificio que sustituirá al viejo centro sanitario como consecuencia de un error administrativo en el Ayuntamiento relacionado con la medición de la finca que debía ser cedida a Osakidetza. «Pero si dijeron hace dos años que para 2010 estaría operativo», remata Raúl que como dueño de bar siente que se vaya a otro lado, junto a los centros regionales concretamente, pero como vecino lo está deseando.
Dentro, lo primero que llama la atención es un agujero en el falso techo y un balde preparado por si llueve. «Tenemos otros diez como esos y desconchones, humedades junto a registros eléctricos y enchufes, paredes ennegrecidas, salitas insuficientes para terapias de grupo. Seguimos en precario desde 1993. Iba para provisional», asegura una enfermera. No hace falta que lo cuente nadie. Una breve visita por algunas salas y pasillos responde a cualquier pregunta. «El servicio de mantenimiento está pendiente a todas horas para evitar males mayores», añade.
«Sana envidia»
«Tenemos envidia del centro que han construido en Lakuabizkarra. El interior de éste no tiene condiciones», asegura Francisco López, paciente, que apunta otro de los problemas más sentidos por los usuarios: las largas esperas. «Las ha habido de hasta una hora. Los médicos son muy buenos, pero yo que vengo a menudo, figúrese. Y faltan especialidades», se queja.
«Me pongo cardíaco por culpa de las esperas, así que he decidido que aunque tenga la cita fijada con el médico llego media hora tarde y además me da tiempo a tomarme un café», protesta José Luis. «Pero si dan cita cada cinco minutos y los médicos deben pasar diez con cada uno de nosotros, por lo menos, cómo no se va a tardar. Existe saturación. Yo no quiero un nuevo ambulatorio si no van a poner más médicos. Ese es el verdadero problema», se queja el hombre.
El exceso de pacientes por médico y las consultas llenas es una queja general. Para Luisa, otra vecina de Lakua-Arriaga, «el edificio da pena verlo, pero hay momentos en el que la atención es muy mala porque hay tanta gente en urgencias, por ejemplo, que te dicen que vengas por la tarde».
Felix Blázquez sale de la consulta del pediatra con su hijo Eneko, de 15 meses, en brazos, afectado por una gastroenteritis. «Yo vengo a mi hora y los retrasos no pasan de veinte minutos o media hora», asegura. Aunque destaca que el edificio está viejo y en mal estado, insiste en que lo importante es la atención médica. «Más que ambulatorios nuevos, que están bien, es necesario que haya más médicos para la atención diaria».