Iñaki Azkuna ha elevado al cubo lo que en esta tierra de patateros más o menos orgullosos consideramos 'bilbainada'. El alcalde que regenta la villa de don Diego López de Haro, con un par que para eso nacen sus paisanos donde quieren, acaba de negarle a Vitoria la capitalidad de Euskadi. Admite, en todo caso, que esta ciudad acoge las instituciones comunes de la autonomía vasca. Me da que aún sostiene que deberíamos darle las gracias por semejante desprendimiento. ¿De retina?
En esta vida, salvo la muerte, todo admite debate. Incluso la elección de Vitoria como centro administrativo de Euskadi, algo que ocurrió hace treinta años para tratar de enganchar al territorio menos vasquista de los tres en la locomotora del nacionalismo. Ahora, en plena actualización del debate sobre si la capital alavesa merece o no un canon por su naturaleza, viene Azkuna a cuestionarlo todo, empezando por la mayor.
Le guste o no al alcalde de Bilbao hubo en su tiempo un acuerdo tácito por el que su ciudad se quedaba la etiqueta económica, San Sebastián con el área cultural y lo que él debe considerar un suburbio asumía la tarea administrativa del País Vasco. Al cumplirse tres décadas de aquel acuerdo en plena 'era Garaikoetxea' que aspiraba a sustituir en un futuro Vitoria por Pamplona, Azkuna advierte de que no acudirá a la celebración del eslogan y la pulsera 'Vitoria, capital de Euskadi'.
«De ilusión también se vive», ha manifestado el regidor bilbaíno sobre el hecho de la capitalidad vasca. A lo que cabe añadir que, en su caso, de bravuconadas también. Desde luego, puede opinar si debería o no serlo Vitoria. Lo que no admite vuelta atrás es que, mientras no se cambie la ley, el corazón de La Llanada acoge el Parlamento y Ajuria Enea.
Aduce Azkuna para eludir su presencia en la conmemoración del trigésimo aniversario que esa tarde torea en Vista Alegre José Tomás, un diestro con atributos mayúsculos que deben rivalizar con los del propio regidor bilbaíno. 'Con un par', parece decir Azkuna. Tal vez el señor alcalde de Bilbao ignore que los vitorianos acuden a las urnas con las mismas teóricas neuronas que los residentes en su municipio. Quizá trate de ocultar que él dicta los designios de su urbe con la misma autoridad moral que Patxi Lazcoz los de Vitoria. O sea, a través de las urnas.