El mapa de las bodas civiles y religiosas en España permite comprobar que no hay relación alguna entre ideología política dominante y opción matrimonial. De entrada, según los datos de 2008, sólo en 16 provincias, además de Ceuta y Melilla, los matrimonios civiles son mayoría. Ahora bien, entre ellas están las más pobladas del país, con la excepción notable de Sevilla.
Las bodas civiles son mayoría más o menos clara en Cataluña y la Comunidad Valenciana, Madrid, País Vasco, Navarra, Asturias y los archipiélagos. Si se deja a un lado a Ceuta y Melilla, es en Gerona donde las bodas civiles pesan más y Jaén donde las religiosas mantienen una primacía más holgada. Y si la tendencia de 2009 se ha reflejado de forma homogénea, es probable que Málaga, Huesca y quizá Cantabria y La Coruña se sumen a la lista de provincias donde ganan las civiles.
No se casan por el voto
En cualquier caso, no hay correspondencia con el voto. Andalucía, donde el electorado de izquierdas tiene más peso en el conjunto de España, es una de las comunidades autónomas donde proporcionalmente -también en términos absolutos, pero eso se corresponde con su mayor población-más bodas por la Iglesia se celebran. En cambio, Madrid y la Comunidad Valenciana, donde desde hace muchos años es mayoritario el voto a las opciones conservadoras, registran un mayor número de bodas civiles. El caso de Cataluña sorprende menos: suele ser la comunidad autónoma que registra los comportamientos sociales más próximos a la media europea. Por eso, destaca por un elevado porcentaje de divorcios, un alto número de hijos habidos fuera del matrimonio y, en este caso, una proporción significativa de bodas civiles. De hecho, con la excepción de Ceuta y Melilla -donde se juntan otros factores sociales y religiosos- Gerona es el territorio donde menos bodas por la Iglesia se dan. En 2008 fueron solo 29 de cada cien. En 2009, con toda seguridad, habrán sido aún menos.
Es una constante a lo largo de casi todo el Mediterráneo. «En ese mundo, hay un componente cultural que lleva a una cultura más pagana, a una flexibilidad mayor en el sentido de lo que es o no es una obligación», dice Pérez-Agote. Y en España los jóvenes, en su gran mayoría, caminan hacia esas posiciones, asegura. Otra cosa es que esa autocalificación de ateos sea menos radical, menos militante que lo fue en el pasado. «Lo son, pero tienen amigos de todas las creencias. No han tenido que dejar la Iglesia porque nunca se han sentido de verdad parte de la misma, así que tampoco militan en su contra», explica Pérez-Agote.