Cielo y suelo. Éstos dos fueron los puntos a los que ciudadanos y operarios municipales no quitaron ojo el fin de semana durante el paso del vendaval 'Xynthia'. Quienes echaron la vista hacia arriba pudieron observar la virulencia de un viento que azotaba sin remilgos edificios, mobiliario urbano y arbolado, y que en su punto máximo sobre las 21.50 horas del sábado alcanzó los 135 kilómetros por hora en Vitoria, la máxima de las tres capitales vascas. Y quienes prefirieron mirar por donde caminaban se encontraron con un reguero de desperfectos que obligó a los bomberos a realizar 181 intervenciones -por desprendimientos de fachadas, tejas, chapas, ramas, señales o carteles poco seguros, entre otros- desde la mañana del viernes hasta primeras horas de ayer.
«Pese a los daños materiales, en algunos casos muy importantes, no hemos tenido que lamentar daños personales», resumió ayer el alcalde Lazcoz con «satisfacción» al realizar el primer balance de las consecuencias de la ciclogénesis explosiva. La lista de afectados permanece todavía incompleta y los números definitivos del coste económico están a la espera de que los vitorianos acudan a las compañías aseguradoras. Incluso los bomberos tenían pendientes a primeras horas de ayer «70 puntos en los que intervenir», que permanecían protegidos con cinta de seguridad. Mucho trabajo por hacer. Dos de los lugares donde deberán centrar sus esfuerzos son las instalaciones municipales de Gamarra, con diez árboles caídos, así como «desperfectos varios en el tejado y roturas de múltiples cristales», y de Mendizorroza, donde el viento no sólo arrancó dos chapas del exterior sino que tiró un árbol y un cristal del campo de fútbol contra el edificio, además de dañar una jaula de lanzamiento de peso. El desolador panorama se repite en Olaranbe -'Xynthia' derrumbó un muro e hizo volar algunas uralitas- y en Betoño -con varios postes doblados-.
Las peores horas
El aspecto de estos rincones y del resto de la ciudad fue cambiando a lo largo de la tarde del sábado aunque «las peores horas», detalló Pedro Anitua, director de Seguridad Ciudadana, se contabilizaron entre las diez de la noche del sábado y la una y media de la madrugada del domingo. En ese periodo de tiempo, los bomberos realizaron una veintena de salidas. Para ese momento ya se habían activado muchas de las decisiones adoptadas en la Mesa de Crisis, como el cierre de centros cívicos, la suspensión del transporte público o el acordonado de los parques -La Florida, Prado, Arriaga o La Senda-, otra de las zonas «donde más daños se han producido», indicó Lazcoz, que calificó las medidas de «muy complicadas». No obstante, también hubo detalles que no se pudieron prever. El corte del suministro eléctrico, que dejó a «unos 3.000 abonados alaveses sin corriente, sobre todo en el valle de Ayala», afectó también a Elorriaga y Arkaute. Además, la caída de un tendido de alta tensión obligó a interrumpir el tráfico en la A-68 entre Bilbao y Vitoria durante «varias horas».
Contratiempos como éstos llegaron a «colapsar» la centralita del Ayuntamiento, que tuvo que atender hasta «400 llamadas en una hora», reconoció Anitua. Pero gracias a muchos de esos avisos se pudo intervenir «a tiempo», agradeció el alcalde a los vitorianos, a quienes también felicitó por haber seguido las recomendaciones, que resultaron «certeras». Los vecinos que, al parecer, peor lo pasaron fueron los de Salburua, Zabalgana, en especial en Mariturri, y Lakua, donde los efectivos de Aguirrelanda tuvieron que intervenir en más ocasiones, así como en el centro. En total, fueron 120 salidas por peligros en altura y 38 en la vía pública.