Se esperaban rachas de hasta 190 kilómetros por hora, y aunque la temida ciclogénesis no llegó a explotar del todo causó daños de consideración. Las previsiones provocaron que el Ayuntamiento advirtiera a la población que no saliera de casa y adoptara medidas de precaución. Se suspendió el transporte público, se cerraron parques y jardines y se tumbaron los contenedores. Toda una sacudida para el comercio, la hostelería y el sector del ocio, en general, al que 'Xynthia' sí zarandeó con fuerza. Con todo, y pese a las «importantes pérdidas» derivadas de una ciudad semiparalizada, los responsables de los negocios consultados admitían ayer que «se hizo lo que se tenía que hacer».
«A toro pasado, es muy fácil hacer análisis y, aunque por suerte fue menos de lo que se esperaba, más vale prevenir que curar». Así lo sintetiza la gerente de El Boulevard, Ana López. Al igual que en los supermercados que Eroski tiene repartidos por toda la ciudad, la jornada arrancó «muy movida» en el centro comercial, donde «se revisaron todos los exteriores, los elementos en altura y se retiraron muchas señales para evitar problemas».
No obstante, a partir de las dos de la tarde, coincidiendo con la previsible llegada de Xynthia, tiendas y supermercados se vaciaron. «El inicio de la tarde fue muy tímido, pero curiosamente la segunda mejor hora de afluencia fue entre las nueve y las diez de la noche», apuntaron fuentes autorizadas de Eroski.
Sin poteo
«Cuando la gente vio que no llegaba el vendaval se atrevió a salir» y, de hecho, a partir de las siete de la tarde, el lleno fue también «absoluto» en El Boulevard. Mucho más se resintió la hostelería, que el sábado se quedó sin poteo vespertino. «Se notó un gran bajón de gente. Junto con el de la nevada, ha sido un fin de semana para llorar, pero había que curarse en salud», asegura Pablo Grimaldi, del Tabanco, en la Correría.
Idéntico análisis hace Roberto Mora, encargado del bar El 7, donde la facturación se resintió cerca de un «30%». Lo mismo sufrieron los organizadores de la feria del marisco que, pese a todo, admiten que la alerta fue «necesaria». «A partir de las nueve de la noche empezó a soplar con mucha fuerza y por seguridad fue lo mejor que se pudo hacer».
Por el mismo motivo, y por orden municipal, también echaron la persiana El Jardín de Falerina, donde el fuerte vendaval llegó a arrancar un árbol, y los cines Florida y Guridi que se quedaron sin «las dos sesiones más fuertes de la semana». «Prácticamente, echamos a perder el día. Cuando hay que cerrar -reconoce el gerente de Vesa, Javier Etxagibel- hay que cerrar, pero no es justo ni lógico que no se emplee el mismo criterio para todos los negocios, porque todos los bares de alrededor estaban abiertos».