¿A quién no le gustaría más de una vez volver a la niñez? Una etapa sin tantas preocupaciones pero repleta también de miedos, no siempre fáciles de afrontar. Para ayudar a los padres en esta tarea, la psicóloga Pilar Ajamil, experta del centro Ediren, habla a las 19.00 horas en el Aula Estadio, de la mano de Escuelas Kimba.
- ¿De qué tienen miedo los niños?
- De muchas cosas, primero hay que ver el grado de ese miedo. Hay muchos tipos, está el miedo sano que ayuda al niño a organizarse y a crecer, igual que en los adultos nos ayuda a mantenernos vivos. Y por otra parte, están los patológicos.
- ¿Cuál sería ese temor sano?
- Por ejemplo en el bebé, a los ocho meses, si un extraño lo coge, grita, patalea y llora. Es el miedo a perder ese refugio de los padres, el temor a lo desconocido, a lo extraño, que también tenemos los adultos. Muchos de esos miedos tienen que ver con sentimientos externos reprimidos que luego se reflejan en pesadillas, como la muerte de un abuelo o la separación de los padres.
- ¿Y los patológicos?
- Son los que no ayudan al niño a organizarse y hace que dependa para muchas cosas del adulto, que no pueda estar separado de su madre, y a la propia familia le pesa. También se producen cuando el pequeño no puede reconocer riesgos reales, es demasiado atrevido y valiente, no ve el peligro ni sus propios límites. Por ejemplo, hay niños que piensan que pueden parar un coche con la mano.
- Vamos, que la niñez no es un camino de rosas.
- La infancia no es nada tranquila ni dulce. Es estresante todo lo que deben aprender los niños desde que nacen y en pocos años para poder adaptarse al medio. Afortunadamente, la mayoría lo hace bien, pero supone todo un esfuerzo y a veces los miedos ayudan a que evolucionen.
- ¿Qué pueden hacer los padres?
- Una labor de contención, de mantener la serenidad. Oír la voz de los padres calma mucho a los hijos, ellos son los que les socializan y les pueden explicar que están seguros. La función de los progenitores es matizar esos miedos como algo que pasa. Por ejemplo, les pueden contar historias de cuando ellos eran pequeños o leerles cuentos.
- ¿Funciona?
- Sí, porque aunque el niño siente la ansiedad y se pone nervioso con el relato, luego ve que todo se resuelve y que ha salido a flote. Además aparecen personajes buenos y malos... están pensados para eso.
- ¿Y qué me dice de ayudarles a afrontarlos?
- Hay que buscar el término medio. No hay que sobreprotegerlos en exceso porque no les ayuda a generar recursos para afrontarlos. Pero tampoco hay que someterlos continuamente al miedo que tengan para que lo superen. Lo que hay que hacer es mantener que no es más valiente el que no tiene miedo, sino quien sabe convivir con ello. Lo mejor es tranquilizarlos y que sepan que los padres están ahí, que le van a ayudar y que se le pasará.
- ¿Si no se superan de niños, pueden provocar traumas de adultos?
- Evidentemente, puede convertirse en una fobia de adulto. Pero yo siempre digo que hay que intentar atajarlo de niño, porque lo que éste sufre es inaguantable.