Jesús Eguiguren cree que ha llegado el momento de abrir una nueva etapa en el PSE, «rebasar las fronteras tradicionales del socialismo vasco» y ahondar en el perfil vasquista que ha venido adquiriendo la formación desde la llegada de Patxi López a la secretaría general en 2002. Una estrategia con un objetivo claro: romper los «muros» sociológicos que, por ejemplo, impiden a algunos votantes progresistas votar al PSE «al considerarnos de manera injusta algo ajeno a este país». Para el presidente de los socialistas vascos, esta vía no sería incompatible con la alianza suscrita con el Partido Popular ni tendría como meta las elecciones municipales y forales del año que viene.
Desde principios de noviembre, cuando dijo en este periódico que había advertido «mil veces a Otegi antes de las elecciones que espabilase», hasta esta misma semana, cuando señaló en Radio Euskadi que el PSE tenía que proceder a una renovación similar a la que llevó a cabo Tony Blair con el laborismo británico, Eguiguren ha desarrollado una intensa campaña mediática.
Muchas de sus reflexiones -no todas- han acabado incorporadas al ideario oficial del partido. Abanderado de lo que se ha calificado como «socialismo vasquista», su objetivo siempre ha sido otorgar al PSE un barniz propio; sin romper con Madrid, entrar a jugar en terrenos tradicionales del nacionalismo, intentar que 'banderas tradicionales' de las fuerzas abertzales, como la defensa del euskera o del autogobierno, sean defendidas por su propio partido.
Un objetivo no del todo sencillo si se tiene en cuenta la tradición obrerista de un PSE nacido en la margen izquierda. Fusionar las dos corrientes -la más ortodoxa y la vasquista- ha sido una de sus obsesiones. Eguiguren ha venido a decir que es la única forma de crecer electoralmente.
El PSE ya lo intentó a principios de los noventa, cuando se fusionó con Euzkadiko Ezkerra. Pero aquella entente fracasó en las urnas. Por separado, en 1990, ambas formaciones sumaron 281.000 votos y 22 escaños. Se hablaba de que conjuntamente superarían las 300.000 papeletas. En 1994 apenas rebasaron las 174.000. El PSE-EE se tuvo que conformar con 12 escaños en el Parlamento. Las bases no aprobaron un experimento que se llevó a cabo en plena crisis de un PSOE azotado por la corrupción y por los GAL.
«Pero en política suele suceder que algunos proyectos no dan los frutos esperados cuando se ponen en marcha, sino años después. Y este es el momento de que aquello que fracasó entonces se desarrolle ahora», sostiene a EL CORREO el propio Eguiguren. A su juicio, desde la llegada de López a la secretaría general el PSE ha logrado entrar en la senda del vasquismo y superar no pocos recelos. De lo que se trataría ahora es de ahondar aún más en ese camino. «Debemos abrir una nueva fase y transformarnos sin dejar de ser el heredero de una gloriosa historia», sostiene el político guipuzcoano, quien admite que su partido no consigue desprenderse de algunos clichés. «Mucha gente sigue actuando con prejuicios: que si estamos supeditados a las órdenes del PSOE, que despreciamos lo autóctono...», razona.
¿Cómo eliminar esas barreras? Eguiguren mira al Reino Unido. Blair recogió un «partido anquilosado», vinculado a los sindicatos y «lo abrió a las clases medias». «Debemos ser un gran partido socialdemócrata que rebase nuestras fronteras tradicionales. Somos un bloque con bases muy sólidas, pero que tiene dificultades para que le voten los simpatizantes del PNV o Aralar», apunta.
Una meta que, según vaticina, se tiene que lograr con una mezcla de «hechos y gestos». «Demostrar el apego que tenemos a esta tierra», indica. Y para hacerlo cree fundamental la labor del Gobierno de Patxi López. «La ciudadanía va a comprobar que se preocupa por este país, que resuelve sus problemas sin tener que entrar en las cuestiones que obsesionan al PNV», sostiene Eguiguren, quien, en todo caso, evita concretar cuáles tienen que ser los pasos que debe seguir el PSE para ampliar sus «fronteras».
Por ahora, sus reflexiones no van a quedar plasmadas en ningún documento interno. A poco más de un año para las elecciones municipales y forales, la dirección del PSE está centrada en organizar los próximos comicios.
Los «primeros pasitos»
La pregunta es si este intento de profundizar en el vasquismo es compatible con el actual pacto con el PP. Según Eguiguren, sí. El presidente del PSE sostiene que la alianza con los populares, por la que apostó desde el primer momento, ha supuesto la apertura de un «nuevo ciclo» político en Euskadi. «Pero esto no quiere decir que siempre vayamos a gobernar con ellos o ellos con nosotros», afirma Eguiguren, que pone como ejemplo Guipúzcoa, donde el PSE dirige ayuntamientos con el PP, Aralar, EA y EB.
Además, profundizar en el vasquismo no es algo que debería hacer sólo el PSE, sino también los populares. «Están dando los primeros pasitos, pero tendrían que ir más allá. Al fin y al cabo, la derecha vasca siempre ha sido muy foralista», apunta. En su mente, una teoría. Un PP más 'vasquizado' podría quitar votantes al PNV, lo que beneficiaría al PSE. Antes de las elecciones autonómicas del año pasado, algunas encuestas daban a los socialistas vascos 30 escaños, al final se quedaron en 25. Eguiguren quiere que en 2013 esos cinco asientos no vuelvan a perderse.