El PNV no está dispuesto a jugar si no se ve con suficiente margen de maniobra. La «falta de tacto, seriedad, prudencia y coherencia» que, a su juicio, ha demostrado el Gobierno vasco al informar a la Prensa sobre el documento que resume los posibles puntos de acuerdo con el PNV tras la reunión que mantuvieron el lehendakari Patxi López e Iñigo Urkullu el pasado 29 de enero al mismo tiempo que lo enviaba a Sabin Etxea ha bastado para enfriar las expectativas de un posible entendimiento entre ambos en asuntos básicos para el país. No obstante, el PNV dejó claro que su «decepción y malestar» obedecen a las «formas» empleadas por el Ejecutivo y prefirió no entrar a valorar el fondo del texto, cuyo contenido fue adelantado ayer por EL CORREO, y sobre el que se pronunciará previsiblemente tras la reunión del Euzkadi Buru Batzar del próximo lunes.
El PNV dejó claro que la «forma de proceder» de Lehendakaritza «quiebra la esperanza» de alcanzar una postura común en los grandes temas de país propuestos por el Gabinete socialista -entre ellos, la lucha contra el paro, la educación, la sanidad o la unidad democrática contra ETA- y en los proyectos sectoriales abanderados por las diputaciones forales que López se muestra dispuesto a abordar: el tranvía del Alto Deba, el metro de Donostialdea, la revitalización de Urdaibai, con o sin Guggenheim, y las obras hidráulicas en Álava.
La dirección peneuvista se desayunó ayer con la información sobre la 'hoja de ruta' diseñada por el equipo del lehendakari para trenzar acuerdos con el PNV, que contempla, una vez obtenida la luz verde de Sabin Etxea, una primera fase de «diagnóstico» en la que los distintos consejeros elaborarían un guión con los puntos a tratar en sus respectivas áreas. Esa etapa, que debería concluir el próximo 30 de abril según las previsiones de Lehendakaritza, dejaría paso a la constitución efectiva de los grupos de trabajo que se comprometieron a crear el jefe del Ejecutivo vasco y el líder peneuvista durante su encuentro. Los acuerdos y las posibles reformas legales necesarias deberían estar encauzados en junio, la fecha que daría inicio a la fase de ejecución de lo pactado.
No obstante, el PNV por el momento no ha hecho sino escenificar su monumental enfado y aplazar 'sine die' su respuesta al Gobierno vasco, que según la dura nota remitida ayer por los peneuvistas, no llegará antes de la reunión que el próximo 24 de febrero mantendrá el lehendakari con «su aliado y socio preferente» -apostillan- Antonio Basagoiti para evaluar el desarrollo del pacto.
Desde el Ejecutivo se recuerda que la relación con el PP vasco está engrasada y no interfiere en los hipotéticos puntos de acuerdo con el partido de Urkullu, ya tratados con los populares, y que el memorándum enviado al PNV -que llegó, según los jeltzales, sobre las cuatro de la tarde de ayer- no supone sino «pasar a limpio» lo que ya habían acordado ambos líderes en su última cita. Apuntan también que toda dilación juega en contra de la materialización de los acuerdos, porque después del verano el clima político será ya plenamente preelectoral y, por lo tanto, menos propicio para el entendimiento.
El PNV, sin embargo, no tiene ninguna prisa. Su discurso ahora pasa por sembrar dudas sobre la «verdadera voluntad de acuerdo» de López con los jeltzales, desde el convencimiento de que el Gobierno actúa guiado únicamente por «su preocupación por la imagen pública» y de que cada paso que da, incluido su «supuesto ofrecimiento» de pactos, obedece a «un juego de estrategia de comunicación». «El 'estilo López' de gobierno es inadmisible», denunció la formación peneuvista. Pero, aunque fuentes cercanas a Urkullu subrayaron ayer que el incidente «complica y dificulta» seriamente la relación con López y la posibilidad de un trabajo conjunto, tampoco quisieron romper la baraja, ni mucho menos.
Sin programa definido
De hecho, el desgaste del Ejecutivo vasco es, como en todo partido opositor, uno de los objetivos prioritarios del PNV, que pretende achacar la responsabilidad de los disensos a un Gobierno que daría prioridad a sus propias necesidades comunicativas «relegando a un segundo plano la gravedad de una situación acuciada por la falta de programa definido». El cuestionamiento del liderazgo de López y la reivindicación para sí de la centralidad vasca es inherente a su mensaje y su estrategia pasa por intentar neutralizar la capacidad de iniciativa del lehendakari.
Ya los prolegómenos de la reunión resultaron sumamente conflictivos y Urkullu amagó con suspenderla por el cuestionamiento que desde el PSE se hizo del «empeño» antiterrorista de la Ertzaintza durante la etapa de Ibarretxe. Las aguas volvieron pronto a su cauce, pero la duda estaba sembrada. La cita tampoco estuvo exenta de tensión por el interés de Urkullu en hablar de un lehendakari «necesitado» de su partido.
Pero, al mismo tiempo, el PNV no contempla abandonar su imagen de partido responsable de marcada vocación institucional y augura que el EBB decidirá «lo mejor para el país». Parece complicado que se baje sin más del tren de los acuerdos, máxime cuando algunos de ellos son vitales para el propio PNV por su liderazgo institucional en las diputaciones. En todo caso, el entorno de Urkullu está convencido de que Lehendakaritza ha hecho pública su propuesta para limitar la capacidad negociadora real de las delegaciones de ambas partes. «Es una manera de decirnos 'o lo tomáis o lo dejáis'. Creen que así han ganado».
La partida de ajedrez parece, por lo tanto, inconclusa. Aunque el PNV no ha querido aún pronunciarse sobre el contenido del documento, de momento les parece insuficiente. Creen que faltan dos patas fundamentales en las que quieren tomar la delantera al Gobierno: la necesidad de articular un nuevo marco político y el compromiso con el cumplimiento íntegro del Estatuto.