El PSOE encontró ayer en la bancada contraria a un aliado convencido; tanto o más que su propio socio de Gobierno. La estrategia política que vienen dibujando los populares en los últimos meses a golpe de rueda de prensa (errónea o no) quedó desvelada ayer sin claroscuros en una sesión plenaria en la que desarmaron al flanco más débil del Ejecutivo en al menos dos de los tres puntos fundamentales que se sometían a debate: el plan de reestructuración municipal hasta 2016 y la moción de la propia IU exigiendo la liberalización de la AP-1.
El primero supone dar un paso inédito en este Ayuntamiento. Porque plantea no sólo la congelación de la oferta pública de empleo; también la amortización de plazas vacantes tras la jubilación de sus titulares (un 10% en seis años; hasta un total de 36 puestos) y la externalización progresiva de más servicios bajo supervisión municipal. A ello hay que añadir la pretendida optimización de los recursos, y nuevos contratos a la oferta más baja para suministros básicos de calado y otros que pudieran parecer de menor pelaje como, por ejemplo, el material de oficina.
El plan lleva debatiéndose durante meses en los despachos. Surge, de hecho, del consenso entre todas las formaciones políticas y ha requerido más mano izquierda que otra cosa. El alcalde incidió en sus bondades; en la obligación que se autoimponen todos los partidos políticos, gobiernen o no, de afianzar una nueva estructura municipal que tendrá en cuenta equipamientos futuros como el Centro Cívico La Charca o la Escuela Infantil de Anduva. Habrá redistribución del personal con la apertura de una nueva oficina del SAC y una nueva estructura en servicios como el de bomberos con la inminente salida a la calle del equipo de Voluntariado de Protección Civil.
La cuestión es que ayer, en el momento de su aprobación, hubo una unanimidad matizada. Porque la concejala de Servicios Sociales y el responsable del área de Cultura y Deportes rehuyeron el arrope contundente de la medida. Y, curiosamente, no enervaron al Gabinete de Fernando Campo. Las flechas les llegaron directamente desde el PP.
En su primer turno de intervención, tras la explicación del plan que realizó el alcalde -le 'arrebató' el tuno el Secretario General-, Casto García hizo la siguiente reflexión: «Como no puede ser de otra forma, en IU estamos de acuerdo en optimizar los recursos de este Ayuntamiento; estamos de acuerdo en que hay que mejorar el servicio, reorganizar y que se hagan los estudios que tengan que hacerse. Una vez los tengamos sobre la mesa, en ese momento será cuando, sobre los estudios, nos pronunciaremos».
Con puntualización
La cosa quedaba en un 'sí' con puntualización inesperada. Y lo aprovechó el portavoz del Grupo Municipal del PP. Borja Suárez se arrancó con un «luego matizaremos qué es lo que va a votar IU». A continuación expresó un respaldo milimétrico al plan de modernización porque «es una declaración de principios de cómo se deben afrontar los problemas en un Ayuntamiento de forma original. No estaría de más que otras administraciones hiciesen lo mismo».
Felicitó al equipo de gobierno -aunque insinuando que sólo sería al PSOE-; tildó de «responsable» el compromiso de modernización y alabó «la altura de miras del Ayuntamiento para conseguir un mayor margen financiero. Se habla de gestión de servicios públicos, no de prescindir de ellos», apostilló.
Luego vendría un largo argumentario en favor de acciones conjuntas «en beneficio de la ciudad» por encima de los postulados políticos propios de cada partido. En el plan, vino a decir, confluyen visiones distintas sobre un mismo problema: la necesidad de gestionar mejor y afianzar una estructura más operativa en el Ayuntamiento «con servicios de mayor calidad para sus ciudadanos».
Suárez acabó con un «firmamos tal y como ésta». Y emplazó a IU -durante prácticamente toda la sesión, y duró más de hora y media, fijó en sus concejales la vista- a ser más clara. «Lo hago como una petición amable, sin ánimo de reproche porque el PSOE necesita del amparo de los socios de Gobierno porque le va a dar más solidez y presencia a este plan al tiempo que se traslada a la opinión pública una imagen de unidad total».
El principal responsable municipal, que siguió ejerciendo como portavoz de los suyos, aseguró que si bien se trata de una declaración de principios que requiere desarrollo «es muy importante porque estructura la base de la gestión municipal para los próximos años». E incidió -era un mensaje directo a IU- en que cualquier determinación que se tome «se hará bajo control público. Y, en ese sentido, entiendo que IU va a votar a favor».
La escena resultaba extraña en lo básico: PP y PSOE estaban pidiendo rotundidad en el 'sí' a una Izquierda Unida que no se movía. «Ya lo hemos dicho, estamos de acuerdo. Pero también se nos pide un acto de fe. Sin duda que los servicios que se van a dar va a ser públicos. Pero nosotros lo único que decimos es que se realicen esos estudios y con ellos, los veremos y sobre ello tomaremos posición. Punto y pelota».
Acuerdo de pleno
Y Suárez se revolvió en su silla. «Los actos de fe se suelen pedir a la oposición, no al que gobierna, y ustedes llevan muchos años gobernando» -comenzaba a interpelar a Casto García en tono elevado-. Su «petición amable» era ahora un reproche evidente. Lo cierto es que el debate parecía innecesario. En los días (y meses) que lo habían precedido Alcaldía vino incidiendo en el respaldo unánime que todos los grupos daban al proyecto. «Yo creía que iba a ser un debate para felicitarnos, sin más -aseveró el portavoz popular-, pero bueno siempre tiene que haber un matiz para tratar no sé de qué y en este caso nos quedaremos con esta aprobación. Pero este no es un acto de fe. Es un acuerdo de pleno muy claro».
El «no sé de qué» al que se refirió Suárez resultaba realmente difícil de desmontar en la sala. Porque la explicación de IU no fue más allá de la valoración puntual de los estudios a la que había aludido en sus dos intervenciones. Algo que sorprende cuando parece existir acuerdo total en uno de los debates de los últimos días; el de la privatización parcial del llamado 'ciclo del agua' -con la construcción de una nueva piscina cubierta en Miranda-.
«Estamos ante un acuerdo de pleno que obliga a todos a darle cumplimiento en seis años y que establece también el grado de responsabilidad que ustedes, estén o no gobernando, tengan con la futura corporación. Que conste que éste no es un acto de fe, es un acuerdo de pleno», zanjó Suárez.
Cuando el alcalde pidió el voto, no hubo sorpresas: unanimidad. Pero el poso que dejó el cruce dialéctico previo es extraño. IU no dio carta blanca a su socio.