Amargo cumpleaños. La asociación Teléfono de Esperanza y Amistad de Álava, que atiende a numerosos ciudadanos con problemas de soledad y de otro tipo, puede tener los días contados. ¿El motivo? La falta de fondos para continuar con su labor altruista. Por el momento reducirá su horario de atención al público, a la espera de unos acontecimientos que pintan muy sombríos.
El colectivo, que este año cumple su treinta aniversario, puede colgar sus teléfonos a finales de septiembre por carecer de recursos económicos. Gran parte de sus gastos eran sufragados por el Departamento foral de Política Social. Un dinero vital para la entidad, que ahora ha dejado de fluir. «La Diputación nos ha negado la subvención alegando que ya existen otros recursos sociales para la atención de las personas a las que se dirigen estos programas. Pero eso no es cierto. No hay ningún sitio donde puedan llamar los ciudadanos que sufren soledad, depresión o angustia», aseguró a EL CORREO un portavoz de la asociación.
Hasta la fecha, el Teléfono de la Esperanza tenía firmado un convenio de colaboración con la institución foral -que se renovaba cada año-, por el que percibía 33.000 euros de las arcas provinciales. Una cantidad indispensable para esta agrupación, que vive de las ayudas públicas y privadas.
Al carecer de ella, la junta directiva se ha visto abocada a tomar una serie de medidas de carácter económico, como la rescisión de los contratos de dos trabajadores, y la reducción del tiempo de atención. «El teléfono diurno, el de la Esperanza, tan sólo va a poder descolgar los aparatos de 7.00 a 15.00 horas, en vez de hasta las 22.30 h. Ahora sólo hay un empleado a media jornada y voluntarios. El de la noche se mantendrá con personas que trabajan de forma altruista».
La reducción de horarios afectará a los miles de usuarios que utilizan anualmente el servicio. Las más perjudicadas serán las mujeres de mediana edad, que representan casi el 80% de las intervenciones.
«El año pasado batimos todos los récords respecto a llamadas recibidas. Unas 6.000. No entiendo cómo, ahora que estamos en crisis, y que hace falta más que nunca, rescinden el convenio de colaboración», se preguntan los mismos medios.
Al perder la subvención foral, el Teléfono de la Esperanza se ha visto obligado a buscar otras vías de financiación. «Hemos pedido una ayuda especial que da el Gobierno vasco para entidades sin ánimo de lucro en el ámbito de la intervención social, pero no sabemos si nos la van a conceder».
Deuda con la Caja Vital
A día de hoy, los únicos recursos con los que cuenta este servicio, que a lo largo de estas tres décadas ha atendido más de 130.000 llamadas, son los 4.500 euros que ponen anualmente sus 250 socios y las aportaciones privadas de algunas entidades bancarias. «Con lo que nos dan algunas cajas de ahorro vamos a poder aguantar hasta septiembre, pero no más», se lamenta el portavoz.
Por si fuera poco, mantiene una deuda con la Caja Vital de 30.000 euros, que deberán abonarse antes del próximo 30 de marzo del presente. «Estamos intentando convencer a seis entidades privadas, a quienes haríamos socios de honor, para que nos concedan 6.000 euros cada una. Esta es la única manera de que el teléfono siga sonando», subraya.