En los tiempos que corren, pocos son los que pueden darse el lujo de estrenar un piso equipado con los mejores servicios y comodidades posibles. Los afortunados son 300 mayores a los que, entre este mes y junio, la Fundación Laboral San Prudencio entregará las llaves de las dos promociones de apartamentos tutelados que ha construido en Lakuabizkarra.
La inauguración de estos pisos para mayores contrasta con la crisis por la que atraviesan este tipo de viviendas, a las que la recesión económica ha tocado de lleno. De hecho, su construcción se ha frenado, lo mismo que ha ocurrido con la venta de las que ya están levantadas. Tanto es así que algunos promotores sugirieron en 2009 al Ayuntamiento varias propuestas de concertación o colaboración para poder dar salida al creciente 'stock' de estos pisos. Es el caso de la empresa Jaureguizahar, que en junio se vio obligada a reconvertir la mitad de los 150 apartamentos que levantaba en Salburua, cerca del pabellón Buesa Arena, en apartotel para «evitar la ruina» de la operación, en la que apenas había conseguido vender 17.
Todo lo contrario del modelo impulsado por la Fundación San Prudencio, que salvo media docena, tiene vendidas las 301 viviendas que empezó a levantar hace tres años en dos parcelas de Lakua. El objetivo, según subraya su gerente, Víctor Allende, es ofrecer a las personas autónomas con más de 60 años domicilios «con un aporte de seguridad y unos servicios que les permitan tener su propia independencia. No tienen nada que ver con una residencia».
Unas comodidades que en breve podrán apreciar los primeros inquilinos. Serán los propietarios de los 129 apartamentos que forman la primera promoción, ubicada entre las calles Landaberde y Barcelona, y cuyas llaves está previsto que se entreguen a finales de este mes, previa inauguración oficial. De esta forma, en marzo podrán amueblarlas y entrar a vivir. La segunda fase, con 172 pisos, se ultima entre las calles Donostia, Sierra de Andía y Getaria y las escrituras se firmarán en junio.
Teleasistencia 24 horas
Cada vivienda mide entre 50 y 60 metros cuadrados, consta de una plaza de garaje, un trastero y una cocina totalmente equipada. Los precios rondan los 120.000 euros si son de dos habitaciones, y los 118.000 si sólo disponen de una. En lo que respecta a las zonas comunes, los dos edificios cuentan con un área deportiva que tiene gimnasio, sala de ducha hidromasaje y vestuarios, un área de televisión, una sala de lectura -mitad biblioteca y mitad espacio para ordenadores-, otra polivalente donde los residentes podrán realizar diversos talleres de informática, dibujo, pintura y hasta bailes y un restaurante-cafetería que, además de para los propietarios, se abrirá al público en general.
Un atractivo paquete que se vuelve aún más jugoso con la amplia gama de servicios a disposición de los mayores. Desde recogida de basuras, a custodia de llaves, tratamientos de peluquería, consulta médica, fisioterapia, practicante a domicilio, dentista, programas de memoria, lavandería, compras a domicilio o paseo de mascotas. Sin olvidar un sistema de teleasistencia las veinticuatro horas todo el año.
«Todo ello estará coordinado a través de una gestora que administrará la comunidad. Una persona estará dedicada exclusivamente a ello en cada edificio y será el referente de los residentes», apuntó Allende. También recalcó que la fundación controlará a esa entidad, además de mantener el derecho de tanteo y retracto en el caso de que el propietario desee vender su piso. «No podrá hacerlo a un precio libre para evitar la especulación, porque es un producto social», destacó.