Hay un pregunta que rueda por Francia: ¿Quién es Romain Sicard? Ya hay pistas: un joven (1988) de Hazparne que se hizo ciclista en la costa vascofrancesa del surf, que le dio la espalda al mar y se metió en un velódromo y que, además, demostró ser escalador en la Subida al Naranco 2009. En septiembre, aportó más datos: venció en el Tour del Porvenir y deslumbró en el tremendo circuito de Mendrisio al colgarse el oro en el mundial sub'23. Y hay más: cuando al nuevo corredor del Euskaltel-Euskadi, un ciclista con perfil para el Tour, le preguntan por sus sueños, cita la París-Roubaix. «Sé que no es una carrera para mí. Lo que pasa es que es una prueba diferente. Amo el espíritu guerrero de esa clásica». Él es así. Autodefinido.
«A Romain hay que decirle que se entrene menos», cuenta Igor González de Galdeano. Sicard es un entusiasta. «Extrovertido, batallador. El año pasado, cuando estaba en el Orbea, lució un maillot en cada carrera, el de las metas voltantes, los sprints especiales, la montaña...». El técnico dirigió por primera vez al joven galo en la Vuelta a Asturias. «Iba descolgado y le dije que parara, que guardara fuerzas para la contrarreloj del día siguiente. No entendía lo que le decía. No sabe parar. Y tiene que aprender». Sicard, dicen sus directores, tiene instinto y también es bruto. Normal: en su pueblo, el deporte es sinónimo de rugby. A empujar.
Hay que frenarle
Para subir a su casa hay que salvar zigzagueando un repecho tieso como un muro. A nadie se le ocurre allí andar en bici. Sólo a él, que una tarde de julio vio a Induráin y Chiappucci a tortas en el Tour. Pidió unos francos para comprar aquel culotte de tela vaquera que llevaba el equipo Carrera, el de Chiappucci, y empezó a pelearse con el asfalto. Guerrero. Con quince años supo que su región no era para las bicicletas y marchó a Toulousse. Ingresó en un centro de alto rendimiento. Se hartó de dar vueltas al velódromo, la mejor escuela ciclista. Aún era uno más, otro dorsal en el solar del pelotón francés amateur. Entonces nadie se preguntaba quién era Sicard.
El primero en hacerlo fue Miguel Madariaga. En 2007 tuvo un capricho: fichar a un vascofrancés. Un colaborador de la Fundación Euskadi le habló de Sicard. ¿Quién? Poco después, el tal Sicard respondió al ganar la Essor Basque. Y Madariaga le fichó para el Orbea. Era un potro. Se entrenaba sin medida. Hecho para la melé. Indómito. En el Orbea, Álvaro González de Galdeano le enseñó a parar, a tomar aire. A entrenar con el 'powertape', un potenciómetro. A conocerse.
En septiembre encadenó el triunfo en el Tour del Porvenir y el Mundial sub'23. Y entonces Francia ciclista se preguntó: «¿Quién es Sicard?». Le necesitan. Buscan un relevo para Hinault y Fignon, los últimos galos del Tour. «En Francia siempre me preguntan si puedo ganar un Tour. Y yo digo que sólo he hecho dos carreras de más de 200 kilómetros en mi vida. No se puede saber hasta dónde llegaré», contesta Sicard. Igor González de Galdeano sí va más allá: «Si tiene suerte, Romain es el futuro de Francia».
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Mánager general: Igor González de Galdeano.
Presidente Fund. Euskadi: Miguel Madariaga.
Directores: Gorka Gerrikagoitia y Álvaro González de Galdeano.
Preparador físico: Josu Larrazabal.
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Plantilla: Samuel Sánchez, Igor Antón, Javier Aramendia, Jorge Azanza, Sergio de Lis, Koldo Fernández de Larrea, Aitor Galdos, Aitor Hernández, Iñaki Isasi, Egoi Martínez, Mikel Nieve, Juanjo Oroz, Alan Pérez, Rubén Pérez, Amets Txurruka, Pablo Urtasun, Iván Velasco, Gorka Verdugo.
Altas: Romain Sicard, Jonathan Castroviejo, Miguel Minguez, Daniel Sesma, Beñat Intxausti y Gorka Izagirre.