El Correo

El 'coche fantástico' para grandes discapacitados

/ Alberto Ferreras

  • La Fundación ONCE, Ilunion y la Politécnica de Valencia desarrollan un vehículo que se conduce con un joystick

Saber conducir es algo tan común hoy como utilizar un ordenador personal. Sin embargo, no todo el mundo puede manejar los mandos y palancas de un vehículo. Hay personas que por una discapacidad innata o sobrevenida no pueden coger un volante o pisar un embrague. La Fundación ONCE, la empresa Ilunion y la Universidad Politécnica de Valencia han desarrollado un vehículo que puede conducirse con un joystick. Su manejo es idéntico al de una silla de ruedas electrónica para grandes discapacitados, solo que en este caso lo que se mueve es un vehículo de más de 2.000 kilos que la Fundación ONCE pone a disposición de las autoescuelas para que este colectivo pueda acceder al carné de conducir como el resto de la población que dispone de todas sus capacidades.

«Ha sido un proyecto largo, aunque la tecnología existía y es alemana», explica Joaquín Leizaola, director gerente de Ilunion Adaptación de Vehículo. Durante cerca de un año los técnicos de esta empresa del grupo de la ONCE y los expertos de la Politécnica de Valencia han trabajado en el vehículo. «Ahora queda a disposición de las autoescuelas, dado que estos centros no se puede gastar este dinero para tener un vehículo, con una adaptación tan compleja, solo que necesitan unas pocas personas», asegura.

El vehículo, una furgoneta Mercedes Sprinter, cuenta con una plataforma para que el discapacitado pueda acceder con su silla de ruedas, acoplarse y anclarse al puesto de conductor. El salpicadero, los pedales y el cambio son los que vienen de serie. La única modificación a simple vista, además de la ausencia del sillón del conductor, es un joystick flotante a la derecha del volante. Por detrás de éste hay una botonera. Puede llamar la atención que entre dos asientos hay dos cajas que albergan parte del centro de gestión del equipo. Todos los sistemas están por triplicado y si falla uno, la velocidad se autolimina por seguridad a 60 km/h.

Según Leizaola, para adaptar un coche hay que instalar los dispositivos necesarios para suplir aquellas funciones que necesita el discapacitado, pasándolas a las manos o, incluso, a los pies. Todo depende del grado de afección que sufra el conductor, lo que se llaman 'códigos armonizados'. «Es un poco como un traje a medida», apunta.

Hoy en día esas adaptaciones son más electrónicas que mecánicas, con especial atención a las funciones primarias del vehículo, como direccion, acelerador o freno, dado que el cambio automático es la opción más elegida. «Ninguna función en la que pueda haber un riesgo se asigna al accionamiento por voz, pero sí para las funciones secundarias», destaca el responsable de Ilunion. De esta manera, los trabajos de adaptación de un coche personal para un discapacitado «pueden prolongarse entre tres días y poco más de un mes».

En el caso de este vehículo destinado a las autoescuelas, los técnicos han creado unos protocoles previos para determinar si las personas que van a aprender están capacitadas para conducir con un joystick. «Incluso tenemos un simulador donde previamente se coloca la persona para hacer un análisis de sus capacidades de manejo y de reacción», explica Joaquín Leizaola, que advierte de que cuando la Mercedes se pone en marcha, el conductor tiene que acostumbrarse a «otros muchos factores como son las fuerzas de la gravedad» que afectan para trazar una curva, acelerar o frenar aferrándose a un joystick.

Autonomía personal

Uno de los primeros en probar el nuevo vehículo fue Jesús Hernández, director de Accesibilidad Universal e Innovación de la Fundación ONCE. Obligado a desplazarse en una silla electrónica desde los 20 años, cuando sufrió un accidente, añoraba conducir. «Ha sido toda una experiencia ver que puedo hacerlo. Este vehículo me da una autonomía personal que hasta ahora no tenía, dado que me permite conducir de una forma autónoma, con lo cual supone mucha libertad para mí». A Jesús Hernández, acostumbrado a manejar la silla electrónica, no le ha supuesto mucho esfuerzo adaptarse a guiar la furgoneta. «Lo único más difícil fue acostumbrarme al joystick, que tiene otros puntos, aceleraciones, frenadas y giros distintos a mi silla». «Volveré a conducir y animo a todo el mundo a que pruebe este vehículo», asegura.

Y es que para una persona discapacitada poder conducir es una gran oportunidad. «La silla de ruedas son nuestros pies y el coche son nuestras piernas. La silla de ruedas nos facilita acceder al entorno inmediato, pero cuando queremos ir a una distancia media, donde quizás muchos puedan hacerlo a pie, para nosotros el coche ya es casi imprescindible, es algo más. Es parte de nuestra movilidad». Quien afirma esto es Manuel Matías, discapacitado y uno de los responsables del montaje del nuevo vehículo. Aunque le gusta conducir y hace 20.000 kilómetros al año confiesa que ya se ha vuelto «comodón». «Si me llevan mejor, pero que esté el coche a mi disposición», culmina.

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