El Correo

Una liga y dos dentaduras

Ronaldo y Messi.
Ronaldo y Messi.
  • El fútbol se sigue jugando con los pies, pero solo se ven dientes. Y son los que mandan en él

La DGT debería prohibirlo. Me refiero a escuchar ciertas cosas en la radio mientras vamos al volante. Casi nos salimos de la carretera. Soy así de simple. Hay cosas que me sacan de quicio. Hablo como ciudadano pero, sobre todo, como parte de ese colectivo que se gana la vida en los medios. Da igual lo que pase, mientras uno de los genios sonría. Vayamos por partes y regresemos a esa tarde. Sucedió hace meses. Pero he esperado al final de la temporada para comentarlo. Me refiero a dos poderosas dentaduras que tienen en vilo a la llamada mejor Liga del mundo. O, lo que es lo mismo, a la doble mentira. Ni es Liga ni está todo el mundo. Solo hay dos. Messi o Cristiano. Da igual quién sea el club campeón este domingo. O en la Final de Copa. Incluso en la Champions. Ya no hay equipos. Sino un partido de tenis con balón. Y como ejemplo, recurro a aquel informativo que escuchaba en la radio, acompañado de un amigo.

Hablaban de la derrota del Madrid en Mestalla. Que nadie se lleve a engaño, no había ganado el Valencia. Pierden o ganan ellos. El resto estamos de adorno. Que el equipo Che necesitara lograr un colchón de diez puntos sobre el precipicio del descenso era lo de menos. La cosa era saber quién había tenido la culpa de la derrota blanca. No dijeron ni los nombres de los goleadores. En cambio quedó claro que Varane tenía encima los dedos acusadores. Nada raro, dirán. Cierto. Tampoco nos extrañó que conectaran con Barcelona para contar cómo habían brindado la derrota de su eterno rival. Hasta aquí el estómago ronroneaba, pero no llegaba la arcada. Esa surgió cuando la locutora, en este caso era periodista, arrancó su crónica diciendo: «La gran noticia aquí es que Messi ha vuelto a sonreír». Y entonces sí. De nuestras gargantas brotó una cascada de palabras que no quedarían bien aquí. El titular era que el astro argentino volvía a enseñar dentadura. Dientes, que diría la Pantoja. Olé con el rigor informativo, el interés general y la labor periodística. Pero lo peor llegó al llegar a casa.

Enciendo la tele y veo que hablan, también ellos, de la derrota madridista y destacan la angustia de Cristiano: «Su gran gol no evitó ayer la tristeza de CR7, que contrastaba con la sonrisa de Messi de esta mañana». Y regresó el malestar estomacal. Porque, como decía, no solo soy usuario de los medios. Trabajo en ellos. No hay forma humana de explicar a algunos que deporte no es solo fútbol, que fútbol no es solo Madrid y Barcelona y, lo que es peor, que esos clubes no son solo Cristiano y Messi. Casi me extrañó que abrieran el informativo con el «yernísimo Urdangarín» en lugar de mostrar la sonrisa del astro argentino. Por cierto, el blaugrana también sabe lo que es despistarse con Hacienda y los dineros. Y no es el único. Pero ese asunto exigiría líneas más serias. Nosotros vamos a quedarnos en los dientes.

Aquel jueves, además de referirse la victoria valencianista, es una opinión, podrían haber arrancado con la victoria sevillista, a priori escasa, ante el correoso Leicester. Pero no. Que fuera un partido de Champions League daba igual. Siempre serán actores secundarios para los responsables de informativos. De ahí que tampoco me sorprendiera que el sueño de una épica remontada del Celta les pareciera poco interesante. Y aún menos el futuro del Villarreal, que tenía menos posibilidades de seguir en Europa que si hubiera votado a favor del 'Brexit'. Pero no deja de ser preocupante que no mencionaran al Athletic. No porque mereciera más que otros. Sino por las circunstancias que rodeaban la cita chipriota. Ya no es noticia que haya miedo por ir al fútbol y la violencia campe a sus anchas. Puestos a hablar de la desvergüenza del deporte rey o de la sonrisa de Messi y Cristiano, no hay discusión. Luego nos extraña que en asuntos de más gravedad haya un tratamiento mediático deficitario. Visto el panorama lo suyo sería dar una noticia, sea política, económica, social, cultural o de sucesos y que muestren después las caras del argentino y el portugués. Dependiendo de si sonríen o no valoraríamos su gravedad. De hecho, aquel día me dieron ganas de escribir a los aficionados que estaban en Chipre para decirles: «Tranquilos si os zurran. Lo que importa es que Messi sigue sonriendo».

Habrá quien vea inocencia en mis palabras. Si se habla tanto de ellos es porque generan audiencia. Cierto. Pero una cosa es dedicar mucho espacio y otra dárselo todo. Tampoco está claro si fue antes el huevo o la gallina. Si los medios dan lo que quiere la gente o la gente quiere lo que le dan los medios, porque no le muestran más. Es un viejo debate. Pero es más fácil montar un 'Sálvame' deportivo con dos famosos futbolistas que hacer periodismo. Y habrá también quien piense que estas líneas responden a la envidia. Error. Prefiero que los grandes medios deportivos jamás se obsesionen con un jugador de mi equipo. Las pocas veces que ha pasado, y no era tan brutal, ha resultado devastador. Tampoco soy tan estúpido como para creer que van a abrir el informativo con el Athletic si han jugado Madrid o Barcelona. Pero que vayamos a jugar una final europea por segunda vez en nuestra vida y arranquen con el nuevo peinado de Cristiano, como sucedió en cierto informativo de 2012, es un insulto a la decencia. Algo que también han sufrido Atlético, Deportivo, Sevilla, Betis, Real, Málaga, Alavés, Celta, Sporting, Villarreal, Eibar... lo que viene siendo 'los panderetas', incluido mi equipo.

Este fin de semana termina la competición de la regularidad. Desconozco quién la ganará, tanto éste como el año que viene. Pero hay algo que tengo claro. Seguirá pareciendo que solo juegan dos. Messi y Cristiano. Protagonistas únicos de la Liga más exclusiva. Algo que también cabrea, quede claro, a muchos seguidores del Real Madrid y del FC. Barcelona. Siempre les importó más el éxito colectivo que los récord de goles y los premios de Cruyff o de Di Stéfano. Porque el corazón del verdadero aficionado no palpita por un solo jugador, aunque sea el mejor del planeta, sino por su equipo. El que comparte con su familia y amigos, el que le recuerda los días en que iba al campo de la mano de su padre, el que anima orgullosa su hija, el que siempre quiso su madre, el que le hace reír y llorar cuando recuerda viejas citas, el que le da la vida y se la quita, a veces en un solo partido. Porque eso, aunque no sea noticia, es el fútbol.

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