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«Un libro es un producto de lujo para un precario»

JAVIER LÓPEZ MENACHO, ESCRITOR

«Un libro es un producto de lujo para un precario»

El autor de 'Yo, precario' denuncia con sentido del humor y mucha ironía la explotación laboral a través de cuatro experiencias en trabajos 'basura'

30.03.13 - 21:44 -
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Diplomado en Turismo, máster en creación literaria y cursos de periodismo narrativo. Pese a esa formación Javier López Menacho (Jeréz de la Frontera, 1982) tiene que seguir desempeñando trabajos 'basura'. De su necesidad de desahogarse nace 'Yo, precario', un libro donde denuncia con mucho sentido del humor e ironía la injusticia laboral a través de cuatro infraempleos que van desde ser una mascota de chocolatina, a auditar máquinas expendedoras de tabaco, promocionar una empresa de telefonía o 'speaker' en una sala de cine de los partidos de la selección en la última Eurocopa. Todo ello por un sueldo de entre 4,5 euros y 6 euros la hora. «Eso no te da para vivir. Tengo formación para tener algún empleo estable», explica. De momento, su via crucis particular prepara ya la segunda edición.

PREGUNTA.: ¿Por qué escribir este libro?

RESPUESTA.: Como catarsis personal. Estaba pasando una época muy mala. Con trabajos como de chocolatina gigante, de 'speaker'. Y se me ocurrió que la única salida de una experiencia que me estaba minando la moral era escribir sobre ello. Digo lo que veo, pero no tengo que juzgarlo a cada rato. Ya hay un lector que lo va a leer. Le muestras la realidad y él va a extraer lo que hay en esa realidad injusta que vivimos algunos jóvenes españoles.

P.: El libro derrocha humor e ironía, pero esconde una dura denuncia.

R.: No quería que fuese un panfleto ideológico. Que estuviese todo el tiempo diciendo 'qué sociedad más injusta o que político más mísero'. Sino cómo se vive un día dentro de una chocolatina.

P.: Aunque describe cuatro trabajos precarios, intenta extraer lo positivo también de esos empleos.

R.: La gente lee el libro y me dicen que extraen una lectura positiva. Hay gente, otros trabajadores precarios, que me han escrito diciendo que el libro les da esperanza. Yo lo primero que hago es agradecerles que se compren un libro. Porque un libro para un precario es un producto de lujo. Luego hay mucha gente que me dice que se siente identificada.

P.: Trabajó como chocolatina gigante con los niños como aliados.

R.: A mí los niños me liberaron de estar mal esa época. Los niños tienen la esencia básica de un ser humano. Están llenos de emociones primarias: alegrías, besos, enfados... Y estar en un universo ajeno al mercado laboral que te mina la moral, me rescató.

P.: Los empleos que describe la gente los consideraría denigrantes.

R.: Mi padre me dijo que el trabajo de mascota era denigrante y abusaba de mi integridad. Le dije que no. Que ningún precario me parece indigno. Los indignos son los señores que están en una oficina grande haciendo los ERE en empresas con superávit.

P.: ¿No sintió vergüenza desempeñando alguno de esos trabajos 'basura'?

R.: Sí. Estaba en un centro comercial trabajando como chocolatina y en un descanso supe que un amigo mío iba a pasarse por ahí. Y sentí una vergüenza tremenda de que un amigo me viera. Pero claro, el amigo no me veía porque estaba metido en una chocolatina gigante. Luego me dí cuenta que no había que avergonzarse de eso.

P.: En un momento del libro cuenta cómo un indigente lograba más dinero que usted.

R.: Es verdad. Yo cobraba 4,5 euros por hora. Y además tenía que ir a Terrasa en tren, cuyo precio del billete había subido y me costaba siete euros ida y vuelta. Y veía al indigente que le daban más dinero que a mí a la hora. En un principio sentí envidia. Y luego sentí vergüenza de sentir envidia de un indigente.

P.: También cuenta el conflicto que le supuso trabajar en unas empresas de las que critica su política económica y laboral

R.: Trabajé para la empresa de telefonía con las tarifas más caras de Europa. Y no me quedo más remedio que trabajar para ellos. Entonces yo era el antipromotor. Le decía al cliente que buscara en otras compañías más opciones que les saldrían mejor. Seguramente me hubiera costado el empleo si me vieran, pero me sentía en la obligación moral de hacerlo.

P.: Cuando trabajó de 'speaker' de la selección su trabajo y el de otras personas dependía del azar del fútbol

R.: Cobraba 50 euros el partido, que no está nada mal. Pero dependía de que España siguiera ganando. Tengo una habitación de 250 euros al mes. Y el máximo de partidos de España en una Eurocopa son 6, los 300 euros. Esperaba que España llegara a la final, luego me daba igual que la ganara o la perdiera. Por suerte, he coincidido en una época en la que están los mejores en la selección. Y me dije, sería un buen final para el libro que España ganara. Porque quería un final esperanzador.

P.: ¿Qué otros trabajos precarios raros ha tenido?

R.: Para controlar el fraude en el metro. Me sentaba en un escalón y con un contador. Con cada uno que se colaba hacía clic y ya está. No los paraba ni nada. Contaba cuánta gente se colaba al día y la empresa hacía un estudio de mercado y allí era dónde situaba a los agentes de seguridad.

También tengo la posibilidad de ser cliente secreto. Ir a una librería y preguntar qué libro me recomiendan y se hace un estudio de mercado con lo que te recomiendan. Son empleos que no se ven a simple vista, pero que están ahí y que cogen a gente que tiene necesidad.

P.: ¿Cree que esta es una generación perdida?

R.: Es muy injusto decirle a un joven que es una generación perdida. Porque hay mucha gente con capacidad de hacer cosas. Lo que sí es verdad, es que los políticos y los mecanismos sociales no están aprovechando a la gente que se está yendo de España y que podrían hacer que este país fuera más próspero. No tienen opciones de desarrollar el talento que tienen.

P.: ¿Le gustaría que su libro lo leyera un político o un directivo de una gran empresa?

R.: El testimonio de este libro -no porque sea mío- se lo tienen que leer gente que está en un despacho con sus amigos diciendo 'vamos a hacer un ERE' aunque tengamos beneficios para ganar más dinero. Si fuera uno de esos se me caería la cara de vergüenza y en el fin de mis días me sentiría muy mal por pensar solo en enriquecerme.

P.: ¿Este libro le abrirá o cerrará puertas?

R.: Habrá muchas empresas que lo vean y no me contraten. Porque denuncio unos entresijos que son muy duros y que nadie quiere mostrar. Pero también tengo la esperanza de que llegue alguien y diga 'me gusta tu libro y escribes muy bien. Hazme una columnita'.

P.: ¿Qué le diría a un joven con un trabajo precario?

R.: No tengo ningún consejo que dar porque soy un precario más. Lo único que se me ocurre decir es que juntos se pueden cambiar cosas. Pero hay que salir a la calle a protestar. Quedándote en el salón de tu casa fustigándote lo único que vas a conseguir es deprimirte.

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