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Tennessee Williams, una mina de oro cinematográfica

cine y literatura

Tennessee Williams, una mina de oro cinematográfica

La obra del autor sureño, de cuya muerte se cumplen 30 años, ha sido llevada en múltiples ocasiones a la gran pantalla

23.02.13 - 07:22 -
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Tennessee Williams, una mina de oro cinematográfica
Fotograma de 'La gata sobre el tejado de zinc'. / Archivo

Seres atormentados que transitan por los márgenes de la sociedad. Figuras inadaptadas que claman en rebeldía. Perdedores sobre los que se focaliza el reverso amargo del mundo. Estos son los rostros que pueblan la obra de Tennessee Williams, uno de los dramaturgos más importantes de la literatura norteamericana, un escritor, él también, cuyo desamparo le hizo echarse en brazos del alcohol y las drogas y de cuya muerte se cumplen este lunes 30 años. Una perfecta oportunidad para tender la mirada sobre uno de sus más importantes legados, el rosario de obras maestras cinematográficas tejidas a partir de los relatos de un escritor que trabajó para Hollywood y que llegó a oficiar como presidente del jurado del Festival Internacional de Cine de Cannes en 1976.

'Un tranvía llamado deseo' (Elia Kazan, 1951)

La confrontación entre una altiva y desequilibrada mujer, Blanche, perteneciente a una familia acomodada venida a menos, y su rudo cuñado, un obrero de origen polaco llamado Stanley, desencadenará violentas pasiones en esta obra llevada por Elia Kazan primero a Broadway, en una producción protagonizada por Marlon Brando y Jessica Tandy que se hizo acreedora de dos premios Tony, y más tarde a Hollywood, de nuevo con Marlon Brando como cabeza de cartel aunque en esta ocasión con Vivien Leigh en el rol de la altanera sureña que le deparase a la protagonista de 'Lo que el viento se llevó' el Oscar a la mejor actriz. El relato también conocería diversas adaptaciones televisivas, la más lograda de las cuales dirigió John Erman, con Ann Margret y Treat Williams, como protagonistas y que fue distinguida con varios premios Grammy. Para Tennessee Williams, 'Un tranvía llamado deseo' supuso el primero de los dos premios Pulitzer que atesoraría.

'La rosa tatuada' (Daniel Mann, 1955)

Anna Magnani lograría el Oscar y el Globo de Oro encarnando a Serafina delle Rose, una mujer que vive atormentada después de que su marido, un camionero que se dedica al contrabando, sea abatido por un policía. Su reclusión termina cuando irrumpe en su vida Angelo Mangiacavallo, un rudo y apuesto hombre que también se dedica a conducir camiones y al que Burt Lancaster se encargaría de poner rostro en la gran pantalla. Un filme adornado con sublimes interpretaciones que también se hizo con las estatuillas a la mejor fotografía y a la mejor dirección artística.

'La gata sobre el tejado de zinc' (Richard Brooks, 1958)

La crisis matrimonial entre una bella y carismática mujer y una antigua estrella del deporte en horas bajas alcanza su cénit con motivo de una reunión en la que ha de dirimirse el futuro de la fortuna familiar. La avaricia, los celos, la homosexualidad o la muerte son algunos de los ingredientes de este intenso drama sureño que las poderosas interpretaciones de Paul Newman y Elizabeth Taylor y la magistral dirección de Richard Brooks convirtieron en uno de los grandes clásicos del séptimo arte y que lejos, de perder fuerza, la gana con cada revisión del mismo. Seis nominaciones a los Oscar recibió este filme que, inexplicablemente, se fue de vacío en una ceremonia que coronó a la hoy mucho más olvidada 'Gigi'.

'Piel de serpiente' (Sidney Lumet, 1959)

Marlon Brando y Anna Magnani volvían a ponerse en manos de un escrito de Tennessee Williams, en este caso 'La caída de Orfeo', que narra la turbulenta vida de un músico de Nueva Orleans que halla refugio en una pequeña localidad cerca del Missisippi. Contratado como empleado en la tienda de una mujer de origen italiano que pronto se convertirá en su amante (Magnani), sus atenciones se concentrarán también en una joven alcohólica (Joanne Woodward). Un poderoso largometraje en el que Brando vuelve a erigirse en fuerza de la naturaleza, bien secundado por dos actrices de raza.

'De repente, el último verano' (Joseph L. Mankiewicz, 1959)

Elizabeth Taylor y Katharine Hepburn mantenían un duelo interpretativo como pocos se han visto en este filme que aborda temas como el canibalismo o la homosexualidad pero que se centra especialmente en la atormentada mente de la protagonista (Taylor), internada en un psiquiátrico por su tía (Hepburn) tras el trágico fallecimiento de su primo e hijo de esta última y sobre la que pende la amenaza de la lobotomia. Un asunto este que tocaba de cerca a Tennessee Williams, quien nunca perdonó a sus padres por someter a su hermana Rose a una intervención de esta naturaleza que la dejó incapacitada de por vida. Elizabeth Taylor ganaría el Globo de Oro aunque el Oscar se le escaparía en beneficio de Simone Signoret ('Un lugar en la cumbre').

'La primavera romana de la Sra. Stone' (José Quintero, 1961)

Vivien Leigh mudaba en una bella y rica exactriz que vivía retirada en un lujoso apartamento en Roma hallando solaz en los brazos de jóvenes gigolós, a uno de los cuales, por cierto, ponía rostro Warren Beatty. Una intérprete en el ocaso de su carrera y un actor con un prometedor futuro por delante se cruzaban en este filme escrito por un Tennessee Williams que había iniciado ya su declive. La obra conocería una posterior versión para televisión en la que Leigh y Beatty quedaban reemplazados por Helen Mirren y Olivier Martinez.

'Dulce pájaro de juventud' (Richard Brooks, 1962)

Un aspirante a actor frustrado (Paul Newman), una veterana actriz (Geraldine Page) a la que este se pega por interés y la antigua novia del protagonista (Shirley Knight) cuyo padre, furioso por la relación que estos mantenían, fuerza la marcha del joven de su localidad natal, a la que ahora regresa, constituyen los mimbres con los que Tennessee Williams tejió esta obra que le valdría a Ed Begley el Oscar al mejor actor de reparto y que sería objeto de un remake televisivo en 1989 protagonizado por Elizabeth Taylor.

'La noche de la iguana' (John Huston, 1964)

Las tormentosas relaciones con diversas mujeres de un sacerdote anglicano alcohólico reconvertido en guía turístico retirado en México le sirvieron a John Huston para firmar un espléndido filme plagado de magistrales diálogos y que ofrece portentosas actuaciones a cargo de Richard Burton, Ava Gardner y Deborah Kerr, quienes se meten en la piel de seres desarraigados llenos de fantasmas interiores tan del gusto de Tennessee Williams.

'Propiedad condenada' (Sydney Pollack, 1966)

Un relato ambientado en la gran depresión servía como base a esta película en cuyo guion participó Francis Ford Coppola y que se beneficia de la presencia de un fabuloso Robert Redford en la piel de un funcionario de ferrocarril que ha de despedir a buena parte de los trabajadores de un municipio de Mississippi. El drama social se mezcla con la historia de amor vivida entre el protagonista y una hermosa y soñadora joven a la que pone rostro Natalie Wood.

'El zoo de cristal' (Anthony Harvey, 1973)

Obra de tintes autobiográficos que fue llevada anteriormente al cine en 1950 por Irving Rapper y más tarde, en 1987, por Paul Newman en la que sería su última cinta como director, conocería también una notable adaptación televisiva con Katharine Hepburn, Sam Waterston y Joanna Miles en los papeles principales. Una madre dominante empeñada en imponer su deseos a sus dos hijos constituye el argumento de este drama que sería objeto también de múltiples versiones teatrales.

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El dramaturgo Tennessee Williams. / Archivo
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