El Premio Nobel de Literatura murió ayer a los 87 años, a causa de una leucemia crónica
El escritor ha sido velado toda la noche en la Biblioteca de la Sede de su Fundación en Lanzarote y ahora su capilla ardiente ha quedado instalada en el Ayuntamiento de Lisboa
Su cuerpo será incinerado para depositar parte de sus cenizas en su pueblo natal, Azinhaga, y otra parte junto a un olivo de su residencia en la isla canaria
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El féretro con los restos mortales del escritor portugués José Saramago llega ayuntamiento de Lisboa, donde ha sido instalada la capilla ardiente. / Foto: Efe | Vídeo: Atlas
Imagen de la capilla ardiente del escritor en el Ayuntamiento de Lisboa. / Foto: Ap | Vídeo: Atlas
Capilla ardiente del escritor en el Ayuntamiento de Lisboa. / Foto: Reuters | Vídeo: Atlas
El féretro de Saramago llega a LIsboa. / Foto: Reuters | Vídeo: Atlas
Pilar del Río, viuda de José Saramago, y el presidente de la Fundación César Manrique, entre otros, llevan el féretro con el cuerpo sin vida del escritor portugués.
José Saramago, escritor portugués y Premio Nobel de Literatura. / Foto: Ap | Vídeo: Atlas
Estatua del escritor José Saramago en su aldea natal de Azinhaga, Portugal. / Foto: Efe | Vídeo Atlas
Dolor en Lanzarote
Allí llegaban cientos de coronas provenientes de personalidades e instituciones de todo el mundo. El cadáver del literato estaba vestido con un traje oscuro y con gafas, en un ataúd abierto con cuatro velas a su alrededor, en una biblioteca que estaba presidida por un cuadro en el que se ve a Saramago con su mujer, Pilar del Río.
El Vaticano tacha a Saramago de "populista extremista"
El diario vaticano "L'Osservatore Romano" ha arremetido hoy contra Saramago, al que dedica un artículo en el que lo define como un "populista extremista" de ideología antirreligiosa y anclado en el marxismo.
El día después de la muerte del literato, el rotativo vespertino de la Santa Sede publica un duro obituario bajo el título "La omnipotencia (presunta) del narrador", firmado por Claudio Toscani y en el que repasa la vida del Premio Nobel de Literatura 1998, quien fue muy crítico con el catolicismo.
"Fue un hombre y un intelectual de ninguna admisión metafísica, hasta el final anclado en una proterva confianza en el materialismo histórico, alias marxismo", reza el artículo. "Colocado lúcidamente en la parte de la cizaña en el evangélico campo de grano, se declaraba insomne por el solo pensamiento de las cruzadas o de la Inquisición, olvidando el recuerdo del 'gulag', de las purgas, de los genocidios, de los 'samizdat' culturales y religiosos", prosigue.
El texto repasa la producción literaria del portugués, analizando también su novela "El Evangelio según Jesucristo" (1991), una obra "irreverente" que supone un "desafío a la memoria del Cristianismo de la que no se sabe qué salvar".
El Ayuntamiento de Lisboa ha instalado una capilla ardiente en la que reposan restos de
José Saramago para que los portugueses puedan darle el último adiós. Una despedida a la que se han sumado autoridades e intelectuales de varios países. El féretro del Nobel de Literatura ha sido recibido a las puertas de la Cámara Municipal por su alcalde, Antonio Costa, un gran admirador del escritor, al que han acompañado varios miembros del Gobierno portugués y la ministra española de Cultura, Ángeles González-Sinde, entre otras autoridades nacionales y de países lusófonos.
Los restos del escritor, que llegaron en un avión de la Fuerza Aérea portuguesa desde la isla española de Lanzarote, donde falleció ayer a los 87 años de edad, recibieron honores militares en el aeropuerto, en medio de un imponente silencio. Desde allí fueron trasladados hasta el Ayuntamiento por un cortejo fúnebre custodiado por un destacamento de motoristas de la policía municipal, que vela también el féretro, con uniforme de gala, en el Salón de Honor de la Cámara Municipal.
Con un tratamiento propio de un dignatario del Estado, el cortejo fúnebre del único Nobel portugués pasó lentamente ante la sede de la Fundación José
Saramago de Lisboa, situada cerca del aeropuerto de Portela. Cubierto por la bandera portuguesa, el ataúd, que fue llevado a hombros en el aeropuerto por un grupo de soldados hasta el coche fúnebre, fue introducido en el Ayuntamiento por otra guardia de honor en medio de los aplausos de los lisboetas concentrados ante sus puertas.
Desde su salida de Lanzarote, donde el Nobel vivía desde 1993, acompañaron los restos a bordo del avión militar portugués la ministra lusa de Cultura, Gabriela Canavilhas, la viuda del escritor, Pilar del Río, la hija de su matrimonio anterior, Violante Saramago, y varios familiares y amigos muy cercanos. A su llegada al Ayuntamiento, de cuyas ventanas pendían dos enormes carteles con la imagen del escritor, los familiares de Saramago fueron recibidos por el alcalde de Lisboa, que abrazó a la viuda y la hija del Nobel. A la llegada de la comitiva al Ayuntamiento también estaban la ministra española y su homóloga portuguesa y varias figuras políticas, intelectuales y amigos de Saramago.
Para siempre entre Portugal y España
La capilla ardiente de la Cámara Municipal permanecerá abierta hasta la medianoche, en la primera ceremonia de este tipo que presencian los empleados del Ayuntamiento lisboeta, donde no se recuerda que haya tenido lugar un homenaje similar. Portavoces municipales dijeron que esperan que muchas personalidades y ciudadanos de Lisboa acudan al consistorio a testimoniar su respeto por el fallecido escritor, cuya muerte ha entristecido a Portugal.
El Gobierno del primer ministro socialista José Sócrates ha declarado hoy y mañana jornadas de luto nacional por la muerte de Saramago, considerado uno de los grandes referentes culturales de Portugal y el autor contemporáneo que más ha contribuido a proyectar mundialmente las letras lusas. Personalidades e instituciones de todos los ámbitos de la vida pública lusa continúan lamentando su muerte, entre ellos los partidos de la izquierda marxista lusa e incluso la Iglesia Católica, que pese a las polémicas obras del Nobel expresó también su pesar por el fallecimiento.
Precisamente fue la reacción católica ante una de sus obras, El evangelio según Jesucristo, y su retirada, en 1992, de la candidatura a un premio europeo por parte del Gobierno luso de entonces lo que llevo a Saramago a marcharse a Lanzarote, aunque volvió a menudo a su país y recibió en él numerosos homenajes. Entre las más sentidas manifestaciones que motivó su desaparición estuvieron hoy las del Partido Comunista Portugués, a cuya militancia se mantuvo siempre fiel el escritor, y cuyos dirigentes acudieron a recibir el féretro al aeropuerto y la Cámara Municipal.
Los restos son velados allí por amigos, familiares y autoridades hasta que el domingo se celebre un funeral y posteriormente una ceremonia en el cementerio del Alto de San Juan de la capital lusa, donde el cuerpo del Nobel será incinerado, para depositar después sus cenizas en su pueblo natal, Azinhaga, y otra parte junto a un olivo de su residencia en la isla canaria. La delegación española que asiste a estos actos estará encabezada por la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, a la que se espera en Lisboa mañana por la mañana.