Está llamado a convertirse en uno de los principales proyectos que revolucionarán el Casco Viejo. No sólo por su afán de dotar de color al barrio y mejorar las fachadas de sus edificios, sino por su marcado carácter social a través de la formación de su alumnado. El centro de oficios vive su particular cuenta atrás de cara a estrenar la que será su sede definitiva, entre San Vicente de Paúl y Pintorería. La fecha prevista para su aterrizaje en la 'almendra' medieval -a falta de obtener las licencias pertinentes de Medio Ambiente- es el próximo mes de septiembre.
Será entonces cuando, a través de una exposición multimedia, se muestren al público las tareas previas desarrolladas no sólo por la treintena de jóvenes que se han formado durante los pasados meses, sino también la documentación recopilada por el Laboratorio de Color, que servirá para inspirar el diseño de las fachadas que se rehabiliten en el barrio.
La tonalidad de los mismos, sin embargo, será más discreta que los 96 colores que ya alegran los 256 barrotes repartidos en dos niveles con que resplandece el centro. Obra de los treinta jóvenes que durante casi un año han aprendido todo lo relacionado con la ebanistería y la pintura arquitectónica.
A ellos se sumarán, también en otoño, dos talleres más financiados con 1,2 millones de euros por el Fondo Social Europeo. Uno nuevo de forja y otro más de pintura. Entre ambos, permitirán formarse a otra treintena de alumnos, hasta sumar un total de sesenta, con edades entre los 18 y los 25 años. Ellos, al igual que sus predecesores, serán becados durante los primeros seis meses, en que percibirán 110 euros mensuales. A continuación y hasta completar los dos años, en su categoría de aprendices municipales, obtendrán 500 euros al mes.
Aprendizaje para todos
«Este programa es similar al anterior, destinado a chavales en desempleo, que hayan padecido una situación de fracaso escolar o emigrantes que deseen formarse», señala el director del centro de oficios, Francisco Azconegui. «Esto es un ejemplo, se mejora la calidad de vida y se da un trabajo a los chavales», añade Gonzalo Arroita, uno de los artífices del proyecto.
No es la única novedad prevista. A partir de octubre, el centro ofertará para cualquier ciudadano que lo desee cuatro cursos. Ebanistería, revocados, metal y pintura son las técnicas elegidas que se impartirán de lunes a jueves, en horario de siete de la tarde a nueve de la noche. Los cursos se desarrollarán durante dos trimestres al año y el máximo de admitidos será de quince personas por taller. Tan sólo será necesario abonar una pequeña matrícula. «Pueden venir desde profesionales a gente con una formación distinta y que desee aprender algunas de estas técnicas», anima Azconegui. De funcionar bien, los cursos podrían seguir en verano.