En 1903, año en el que el Athletic ganó el primer Campeonato de España oficial tras imponerse al Real Madrid por 3 tantos a 2, nació un equipo de fútbol llamado San Sebastián Recreation Club. El 25 de marzo de 1905, el equipo donostiarra acudió a las campas de Lamiako para enfrentarse por vez primera a los bilbaínos. Pese al carácter amistoso del encuentro, los prolegómenos del mismo fueron bastante movidos.
No se sabe si por desconfianza o por un exceso de celo profesional, las discusiones entre los representantes del ambos clubes se centraron en la elección del árbitro. Los de San Sebastián pidieron que fuera de Bilbao mientras que los del Athletic propusieron lo contrario. Finalmente se impuso el criterio de los de casa. El partido levantó una expectación sin precedentes.
Algo había en aquel choque que lo hacía diferente en muchos sentidos. No era, por supuesto, como un partido contra el Real Madrid, equipo que ya por entonces era el auténtico rival a batir. Sin embargo, la visita del San Sebastián fue tomada como un suceso de gran trascendencia por ambas aficiones. De hecho, la afluencia de público fue tan grande que se habilitaron trenes especiales. El partido, jugado de poder a poder, terminó en tablas: 1-1.
Los bilbaínos no las tenían todas consigo. A pesar de la juventud del equipo donostiarra, sus jugadores lo hacían muy bien, mientras que los del Athletic, tras conseguir la Copa de 1904, habían entrado en una profunda crisis de juego y títulos -incluso se llegó a hablar de apatía y desmotivación de los jugadores- que se mantendría hasta 1910. De hecho, durante la temporada 1907-1908, el Athletic no llegó a disputar un solo partido oficial contra un rival nacional. En su lugar lo hizo el Bizcaya, que en la final de Copa de 1907 sucumbió ante el Madrid por un gol a cero. Justo lo contrario les pasó a los del San Sebastián, que, con una progresión casi meteórica, en 1909 se alzaron con la copa del Campeonato de España. ¿Eran los sustitutos del Athletic?
No hubo que esperar mucho para que ambos clubes pusieran a prueba su valía. El 28 de febrero de 1909, las campas de Lamiako se engalanaron para recibir al flamante campeón de España, el Club Ciclista de San Sebastián, así llamado entonces por exigencias legales en la inscripción del campeonato. La expectación ante el encuentro fue mayúscula. El campo se llenó hasta la bandera. Todos eran conscientes de que estaban ante un espectáculo único. Había llegado el gran momento. Tanta fue la emoción que hasta el tren de Las Arenas paró frente al campo para que los viajeros pudieran disfrutar del choque.
Cura de humildad
Y la verdad fue que el Athletic no defraudó. Venció por un contundente 6-0. Toda una cura de humildad hacia los campeones a los que no les quedó más remedio que apelar a la revancha. Ésta se jugó el 6 de junio y de nuevo ganó el conjunto bilbaíno por 3-0, cosa que no gustó nada al público de San Sebastián que tuvo un comportamiento muy poco deportivo hacia la expedición de Bilbao. Por su parte, la prensa donostiarra tampoco fue muy cortés con un rival que había resuelto ambos partidos con claridad.
A pesar de las pasiones desbordadas provocadas por ambos encuentros, las relaciones entre los dos clubes se mantuvieron dentro de lo correcto. Tanto fue así que, en ese mismo año de 1909, se llegó a hablar de una hipotética fusión de los dos equipos. ¿Sería eso posible? Con esa idea se organizaron dos nuevos partidos. El primero se disputaría el 7 de noviembre en San Sebastián, concretamente en el nuevo campo de Ondarreta. El segundo se celebraría en Lamiako el 28 del mismo mes.
Sin embargo, las cosas no salieron como se esperaba. De entrada, el Athletic no pudo acudir al primer encuentro con todos sus titulares. Además, como se dijo en la prensa, «no puede enviar su equipo suficientemente entrenado, pues debido al mal tiempo que reina esta temporada, el primer team no ha conseguido jugar nada más que un partido contra el Sporting de Irún». Lo peor no fue eso. El partido se convirtió en un auténtico infierno. Desde el principio, los jugadores bilbaínos se quejaron de la actitud del árbitro. No veía un solo fuera de juego de los donostiarras, a pesar de la insistencia con que los defensas del Athletic se lo reclamaban. Tanto fue así que en uno de ellos, Arzuaga le gritó al árbitro: «¡off side!». Fue inútil.
«Esta fue la causa de pedir explicaciones al referee -señaló el diario El Nervión-, quien no las dio satisfactorias, así como tampoco el capitán contrario, a pesar de reconocer varios jugadores guipuzcoanos que habían visto la jugada, la razón de los bilbaínos». El juego se detuvo y la discusión pasó del campo a la grada, desde la que se increpó de manera muy poco deportiva a los bilbaínos. Estos, por su parte, decidieron no continuar con el encuentro hasta conseguir una rectificación y un compromiso de imparcialidad.
Una vez logrado el acuerdo se reanudó el encuentro, aunque los ánimos ya estaban muy caldeados. Finalmente, el Athletic se hizo con la victoria. Ni que decir tiene que esto no gustó nada al público, que despidió a los jugadores bilbaínos entre pitos y palabras bastante ofensivas. La prensa donostiarra arremetió también contra el Athletic, al que llegó a criticar por haber adoptado una actitud poco deportiva.
En Bilbao, sin embargo, el Athletic fue considerado como un equipo invencible que, además, había demostrado una educación impecable. Nada había que reprochar a los jugadores. Eran mejores. De eso no cabía la menor duda. Además, ya se esperaba con impaciencia el partido de vuelta. Sin embargo, para el club donostiarra las cosas eran muy distintas. Nada querían saber con los de Bilbao. De hecho, se negaron a jugar el partido de vuelta.