Sensibilidad social y de las instituciones. Esta es «la base para consolidar la recuperación del patrimonio», en opinión de cuatro de los ponentes que ayer participaron en las Jornadas de Intervención en el Patrimonio Histórico, organizadas por el Colegio de Arquitectos de La Rioja (COAR). Las actividades concluyen hoy con una visita al centro de la emigración de Torrecilla en Cameros.
Para el arquitecto Jesús Leache, «en los últimos 25 o 30 años hay un cierto viraje hacia la sensibilización por el patrimonio», si bien reconoció que se trata de un proceso «lento, porque es cultural». Leache es autor, junto al arquitecto Fernando Tabuenca, de la restauración de la Casa del Condestable de Pamplona.
«Lo fácil es demoler»
«En nuestro caso había un expediente de ruina, y lo fácil es demoler, no mantenerlo», afirmó Leache. Tabuenca añadió que «se ha avanzado mucho en la sensibìlización hacia el patrimonio histórico antiguo, y no en la misma medida hacia el patrimonio arquitectónico actual, que será a su vez histórico para las generaciones futuras». Para este arquitecto, «cuando se trata de salvar una obra de cierta importancia, es el uso el que se debe adaptar al edificio y no al contrario».
Una visión más pesimista es la de Carlos Puente, responsable de la rehabilitación de la Hospedería de Fonseca, en Salamanca. «Este país no ha tenido nunca ni el más mínimo interés por el patrimonio histórico», aseguró, y añadió que «no es conservación, sino muchas veces lo que hacemos es resucitar edificios 'cadáveres', lo que conlleva un gasto muy grande».
Puente lamentó que mucha gente desconozca que «no todo lo viejo es respetable» y subrayó que las comisiones de patrimonio existen «porque en el fondo hay una desconfianza tremenda hacia la labor de los arquitectos». A su juicio, las comisiones carecen «de un criterio global de entendimiento del edificio».
Esta visión la comparte Francisco Somoza, restaurador de las Aceñas del Olivares en Zamora. «Algunos miembros de las comisiones son profesionales distinguidísimos y otros no saben nada de lo que están hablando y deciden en dos minutos sobre lo que nosotros llevamos pensando dos mil horas». «Si no recuperamos la sensibilidad social, estamos perdidos», afirmó.