Contesta las preguntas en el coche, mientras se desplaza de una reunión a otra. Prepara las nuevas temporadas de dos series televisivas, nuevos programas, galas de fin de año, varios espectáculos, un coliseo en Madrid... José Luis Moreno (Salamanca, 1947) cambió el esmoquin de ventrílocuo por el mono de faena y dirige y produce sin parar. El mes que viene llega a Bilbao con su segunda antología de zarzuela y busca una fecha para representarla en Vitoria.
-Merecerá la pena tanto ajetreo...
-Es mi vida. Me lo quitas y me muero.
-¿El dinero hace amigos o enemigos?
-Te da independencia, libertad.
-Fue su éxito el que atrajo a los canallas.
-¿Los atracadores? Eran kosovares que ni me conocían.
-Pero se supone que entraron en su casa porque había donde pillar.
-Eso sí, claro, la casa, las luces... Absolutamente.
-¿Le quedan heridas?
-Físicas, no. Y las del alma... la vida te va dejando cicatrices, las de los kosovares y las de otros canallas.
-¿Se ha hecho xenófobo?
-Nooo. Tengo a muchos empleados extranjeros y yo he trabajado muchos años fuera de España y me han tratado de maravilla...
...Y en Italia mejor que en ningún sitio. ¿Cómo ve el fenómeno Berlusconi?
-Soy muy amigo de él. Es un personaje tremendamente mediático, completamente imprevisible, de una vitalidad espectacular, trabajador hasta la extenuación y le gusta la creación, la vida, la empresa...
-... las mujeres...
-Por supuesto. Es parte de su carácter explosivo y vital.
-Un día usted dejó los muñecos y fue para siempre.
-No fue una decisión, fue una circunstancia. No podía mantener a la vez las actuaciones y mi actividad de productor.
-Entonces, ¿igual no es para siempre?
-De hecho, en diciembre me han invitado en Italia a una celebración de aniversario de la RAI y voy con 'Rockefeller'.
-¿Qué buena causa le haría subirse de nuevo al escenario?
-Cualquiera que fuera justa. Pero tengo obsesión por dos cosas: la gente que sufre por enfermedad, quizá por mi pasado de médico y mi reciente hospitalización, y los niños que sufren, en el Tercer Mundo y en éste.
-Dicen que la televisión está peor que nunca.
-Yo he tenido mucho éxito con series que son para todos los públicos. De hecho, todos estos programas de broncas y gritos funcionan, sí, pero no son grandes éxitos. Lo que pasa es que tienen la ventaja de que no necesitan guión, ni ensayos, ni grabación... Si los directivos de las cadenas quieren eso, allá ellos.
-¿Son ellos los culpables?
-Lo cierto es que su trabajo es muy difícil, todo va muy deprisa en ese medio, hay que llenar muchas horas de tele... Y no hay paciencia con los productos.
-Viene al País Vasco con un espectáculo de zarzuela. ¿Envejece el público del género chico?
-Para nada. Viene mucha gente con sus hijos y esa es la cantera. ¿Sabes lo que pasa? Que nosotros hemos dado a la zarzuela lo que necesitaba: la sinfonización, con orquesta y coros como los de la ópera, y un tratamiento teatral espectacular.
-¿Qué le queda por hacer?
-¡Huy, mucho! Nuestra televisión, con la excepción de Disney, ha abandonado a los niños y yo estoy ya preparando algo para niños.
-¿Con qué frustración se va a jubilar?
-Con la de no poder cumplir mil años.
-Solamente lo barato se compra con el dinero, cantaba Facundo Cabral. ¿A usted qué le falta?
-Tiempo.
-¿Y a qué lo dedicaría si no es a trabajar?
-Me entusiasma la música, el tenis y los amigos.
-Pues parece una persona solitaria.
-Lo soy porque es muy difícil que me acompañen con mi régimen de trabajo.
-¿Eso le ha impedido tener una familia?
-Sí y no. La familia tradicional, matrimonio-niños-perro, no la he necesitado.
-Ha envuelto su pasado en una nebulosa hasta el punto de que algunos ponen en duda datos de su biografía, como su carrera de médico.
-No voy a salir a rebatir a nadie. Lo importante es lo que soy hoy. Qué más da lo que digan de mí, que digan lo que quieran.
j.reino@diario-elcorreo.com