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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Viernes, 10 febrero 2012

Cultura

CRÍTICA DE CINE

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E l crítico todavía recuerda con agrado películas carcelarias como 'La evasión' (Jacques Becker, 1960); 'Fuga de Alcatraz' (Donald Siegel, 1979); 'La fuga de Segovia' (Imanol Uribe, 1981) o 'Cadena perpetua' (Frank Darabont, 1994). Ahora, en 'Celda 211' se nos cuenta la historia de un funcionario de prisiones que se ve atrapado en un motín. En 36 horas y haciéndose pasar por preso, intentará poner fin a la revuelta. Claustrofóbico marco, habitado por seres abocados a un callejón sin salida, en un filme resuelto por su máximo responsable con brío, poniendo el acento en los aspectos realistas de la trama, atrapando con vigor rostros marcados por la tragedia, pero aún dispuestos a dar un último coletazo.
En este mundo en descomposición, presos y guardianes se enzarzan en un combate a muerte, donde sólo puede haber vencidos. Auténtico descenso a los infiernos de unos seres marcados por un destino cruel, personas sin amor, atrapadas en sus propias contradicciones, en sus culpas, incapaces de evadirse de sí mismos, pero también con sus propósitos de reinserción social y su legítimo deseo de una vida mejor. Incluso hay quien todavía es capaz de cultivar la amistad noble y viril. Pero no es fácil encontrar asideros entre esas cuatro paredes, entre esas rejas silenciosas que ellos desearían convertir en herramientas de trabajo o en puentes hacia la libertad.
Por su parte, Luis Tosar encarna al líder de esta violenta revuelta carcelaria y su interpretación, reconcentrada, verosímil, por momentos aterradora, provoca verdadero impacto en el espectador. Su sola presencia física, su amenazante mirada, su cráneo rasurado y su negra perilla ayudan a expresar como es debido el turbulento mundo interior del sujeto en cuestión, apodado 'Malamadre'. Y con eso está dicho todo. Así pues, 'Celda 211' es una buena película de género, dura como el pedernal, preñada de brutalidad, franqueza y en algunas ocasiones también de sensibilidad, que lanza un grito desesperado.

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