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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 11 febrero 2012

Álava

ANÁLISIS

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Hablemos de Vitoria, esa gran desconocida. Si bien es cierto que el concepto de reputación no importa hoy en día a los vitorianos tanto como en su día a los encorsetados victorianos, no está de más analizar el (matizable) papel que juega la ciudad en el actual ranking de popularidad.
Acusado con frecuencia de deambular por la vida mirando obsesivamente su ombligo, el vitoriano medio parece, con todo, echar de menos algún piercing que anime el cotarro.
Y así, sorprende que los expertos en urbanismo consideren Vitoria una ciudad de referencia en aspectos como el medio ambiente, el capítulo social o la gestión municipal, mientras que sus habitantes no se declaran especialmente satisfechos con ella.
Será que el jardín del vecino siempre se ve más verde, y mira que el nuestro no será otra cosa, pero verde.
Aceptamos que, como dice la canción, es tan pequeña que cuesta situarla en el mapa, pero lo peor es que no queda ya siquiera el consuelo de que bebiendo vino la conozca hasta el Papa, ya que ningún encuestado parece incluirla en su lista de las mejores ciudades para divertirse; sí, en cambio, en la de ideales para trabajar o hacer negocios.
Vamos, que en Vitoria, los amantes de la juerga ni están, ni se les espera, como dijo aquel.
Lograr el puesto 18 de 78 en el ranking general no es, concluyendo, motivo de bochorno, y aún así, los vitorianos se han caído también de la lista que acoge a quienes exhiben el mayor orgullo de pertenencia, liderada, dicho sea de paso, por los donostiarras.
Porque ellos tienen la Concha, y nosotros vivimos en una.

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