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Política

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Un solitario y frío beso en la mejilla, sin achuchones ni apretones de manos, certificó ayer el primer encuentro ante las cámaras de Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón tras su enésima batalla, esta vez por Caja Madrid. La presidenta autonómica y el alcalde de la capital eludieron entrar al trapo de preguntas como «¿les sienta bien enterrar el hacha de guerra?», pero no pudieron ocultar su distanciamiento ni siquiera cuando caminaron juntos por el nuevo intercambiador de Plaza de Castilla. La cosa no mejoró en su segundo acto conjunto del día, una visita a las obras del Cercanías que unirá Chamartín y Barajas. Para colmo, con el socialista José Blanco como testigo de excepción. El ministro de Fomento se situó entre ambos en el recorrido por el túnel. Por si acaso.

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