Martes, 15 de mayo de 2007
Registro Hemeroteca

en

DEPORTES

DEPORTES
Negra pasión
Reconquistar la Copa América es en Nueva Zelanda una cuestión de Estado. Una nación al otro extremo del mundo envía a Valencia a sus jóvenes más valiosos con la misión de rescatarla
Negra pasión
LA PRESALIDA. El Desafío Español marca al New Zealand segundos antes de iniciarse la regata. /AFP
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar
RESULTADOS
Luna Rossa: (ITA-94) gana a BMW-Oracle (USA-98) por 2:19 (1-0)

Emirates Team New Zealand: (NZL-92) gana a Desafío Español (ESP-97) por 0:43 (1-0).

Publicidad

Edmund Hillary, el primer hombre que pisó el Everest en 1953; los kiwis, esa fruta con aspecto de huevo antediluviano; los paisajes de la trilogía de 'El señor de los anillos' y un belicoso equipo de rugby que responde al nombre de Alls Blacks. Nueva Zelanda, un país en el otro extremo del mundo, es conocido por ese puñado de cosas. Y pare usted de contar.

Pero esta nación de apenas cuatro millones de habitantes se ha empeñado en recuperar la Copa América, un trofeo que sir Peter Blake ganó en buena lid en San Diego en 1995 y que consideran que les fue arrebatada, sin honor, y por la fuerza del dinero, por el multimillonario suizo Ernesto Bertarelli.

Para entender esta historia hay que conocer Nueva Zelanda, un paraíso en nuestras antípodas, rebosante de belleza natural, de saber vivir y de pasión por la vela. Allí, cada tarde de viernes, las aguas del golfo de Hauraki, en la capital, se llenan con cientos de veleros que zarpan para que sus tripulaciones pasen el fin de semana en escondidas bahías y ensenadas. Ese país alumbró a Peter Blake, uno de los nombres históricos de la vela transoceánica, el marino que a bordo del 'Enza' (la misma firma que comercializa las verdes manzanas Granny Smith por todo el mundo) consiguió el trofeo Julio Verne al circunnavegar el globo en menos de 80 días (74 y 22 horas para ser exactos). Aquel hombre, enorme, de bigote imperial y caballero del Imperio Británico, logró echarse a las espaldas a su país para desafiar a los americanos en su casa y retarles a lo que mejor sabían hacer: navegar en una lucha a muerte de barco contra barco.

Ese desafío dio lugar a algunas de las historias más bellas de la vela: la quilla revolucionaria que no sirvió, sin embargo, para batir a 'Il Moro di Venezia' en el duelo de desafiantes en la edición del 92, y, sobre todo, el humillante 5 a 0 que endosaron, Blake como director y Russell Coutts a la caña, al 'Barras y Estrellas' de Dennis Conner en 1995. Todo el país compró y vistió los calcetines rojos con los que Blake, dólar a dólar, ayudó a financiar la construcción del velero. Nueva Zelanda brillaba en el mundo de la vela, el 'Black Magic' enseñaba la popa a cuantos se le ponían por delante y Auckland, ciudad que albergaba la Copa América tras su conquista en San Diego, recibía una inyección de dinero que los propios neozelandeses estimaron en mil millones de euros.

A golpe de talonario

Pero el destino se torció. Sir Peter Blake fue asesinado en Brasil por unas 'ratas de agua' (bandidos) para robarle un reloj y un motor fuera borda mientras daba de nuevo la vuelta al mundo para concienciar a los niños del inmenso daño que el hombre hace al planeta. En Nueva Zelanda el agujero en la capa de ozono no es sólo una palabra, allí acaba con sus ovejas, multiplica los casos de cáncer y obliga a los neozelandeses a caminar por la calle cubiertos como leprosos. Descabezados, los 'kiwis' se dejaron tentar por el dinero. Coutts y Butterwood, patrón y navegante, y algo así como el cerebro pensante del barco, fueron fichados por 'Alinghi' con el talonario por delante. Fue una bofetada en el orgullo de la nación. Los llamaron «desertores» y «vendidos al enemigo» suizo. Los «emigrados» hasta recibieron amenazas de muerte de un grupo bautizado como TLT (Teach the Traitors a Lesson: demos una lección a los traidores). Nueva Zelanda perdió la Copa en 2003 frente al desafío suizo (y eso de perder ante un país sin mar debió de dolerles lo indecible), pero lo que era peor, habían sido ninguneados, heridos en el orgullo. Todo el país cerró filas (como cuando en la I Guerra Mundial mandaron a los tristemente famosos Anzacs para que fueran masacrados en Gallipoli) e hizo de la reconquista una cuestión nacional que fue largamente tratada hasta en el Parlamento.

Rebuscaron entre los marinos fieles y encontraron a Grant Dalton, lugarteniente de Blake en los tiempos gloriosos. Era un tipo duro, acostumbrado a luchar contracorriente. El pequeño Grant recordaba cómo su abuelo materno, con el que navegó, fue capaz de comprar un negocio durante la recesión, cuando todo el mundo no hacía más que vender. Dalton trató de repescar a cuantos tripulantes pudo, recorriendo el mundo. Considerados como excelentes regatistas, los principales sindicatos se los rifan. Un ejemplo, en la regata de ayer, el barco americano de 'Oracle' salió al agua para su desafío con 'Luna Rossa' con 12 neozelandeses en el barco. Aún así, Grant Dalton dice que encontró «diamantes» entre las piedras y logró armar un equipo competitivo y megamotivado. «La vela es nuestra vida. En la escuela, en el instituto, siempre hay un profesor que nos anima a navegar. Y los kiwis estamos aquí para llevar la Copa a casa», señalaba ayer a las puertas de la sede del desafío neozelandés el joven Bevan Callaghan.

Grant Dalton considera que su equipo debe funcionar «como una mafia», con sus principios y sus códigos de honor. «No es fácil entrar en este equipo. Exijo mucho; pero una vez dentro, todo es sencillo. Todos tenemos la misma visión, la misma formación; es muy fácil entenderse», dice. «Estamos tan lejos de casa que enseguida nos buscamos».

Otro punto fundamental de su cohesión es el sentido del humor (por llamarlo de alguna manera). En Nueva Zelanda, la sátira, las burlas, las imitaciones, son otro gran deporte nacional. Nadie escapa de las bromas. En Valencia se recuerda el caso de un tripulante al que sus compañeros metieron en una bolsa de velas y dejaron colgado durante horas a una docena de metros de altura. Y ni rechistó.

Pero también son muy estrictos. Los 17 tripulantes del barco deben pesar como máximo 1.570 kilos: los neozelandeses, cuando se enrolan, firman un contrato donde se comprometen a mantener sus cuerpos en el límite establecido por el equipo. Sus pasatiempos tras entrenar: ejercicios de orientación subterránea y carreras de troncos.

El Team New Zealand maneja un presupuesto de 80 millones de euros. De ellos, 15 han sido obtenidos con pequeñas aportaciones de empresas particulares, desde ascensores a productores de comida rápida. El Gobierno ha destinado 35,5 millones de euros al proyecto de recuperar la Copa América. «Jugamos a una única carta. No creo que el Gobierno tenga intención de invertir más. Si no ganamos todo el patrimonio del equipo, incluidos los barcos, será vendido de inmediato», ha subrayado Dalton. No le ha hecho falta trazar una raya en el suelo como Cortés, pero sus marinos saben que no hay vuelta atrás.

 
Vocento

Contactar | Mapa web | Aviso legal | Política de privacidad | Publicidad | Master El Correo

Canales RSS