El arzobispo de Pamplona, Fernando Sebastián Aguilar, considera que partidos de extrema derecha como Alternativa Española y Falange «son dignos de consideración y de apoyo», en un documento donde advierte de que la Iglesia católica vive una «creciente marginación institucional» y carga las tintas contra el Gobierno de Rodríguez Zapatero, al que acusa de cuestionar los «pactos constitucionales». «Lo que estamos viviendo no es un enfrentamiento político de más o menos hondura, no es un enfrentamiento entre derechas e izquierdas, sino que es un enfrentamiento mucho más radical entre una concepción religiosa y una concepción atea de la sociedad y de la vida», enfatiza el prelado, cuyo mensaje, publicado en la web de la Iglesia navarra, leyó el 17 de marzo en una conferencia en León.
En el pasado, Fernando Sebastián ya se caracterizó por sus juicios en torno a asuntos de actualidad. En 2005 declaró: «Si dejamos que se vaya normalizando eso de que da lo mismo ser homo que hetero es posible que nos encontremos dentro de poco con una verdadera epidemia de homosexualidad, fuente de problemas psicológicos y de frustraciones dolorosas». En otro texto, donde mostraba su inquietud por el descenso de las recolectas, recomendaba: «Una conclusión práctica y un buen síntoma de identificación con vuestra Iglesia y valoración de sus actividades sería prescindir de las fracciones de euro en vuestras limosnas ordinarias. ¿Qué menos que un euro o cinco euros para las aportaciones de cada domingo?»
Con el título de 'Situación actual de la Iglesia, algunas orientaciones prácticas', el reciente discurso del arzobispo repasa los problemas que, según él, atraviesa la institución. Sorprende, sin embargo, su contenido político. Junto a una radiografía interna, donde alude a «la disminución imparable de los creyentes practicantes», el máximo responsable de los católicos navarros afirma que «los fieles están sometidos a un acoso doctrinal, un permanente desprestigio moral» y «el cerco inflexible y permanente» de la «mayoría de los grandes medios de comunicación».
Del Gobierno el prelado tiene la impresión de que «actúa como si la Transición hubiera estado demasiado condicionada por el franquismo», pero duda de que su proyecto vaya dirigido expresamente contra la Iglesia. «Quizá lo que se pretende directamente es cerrar el camino del poder a la derecha con el fin de perpetuarse en el poder», sospecha Fernando Sebastián, quien muestra su queja porque «en lo que ahora se llama despectiva e injustamente 'extrema derecha', aunque sea injusto y carente de lógica, queda también incluida la Iglesia, por lo menos la Iglesia jerárquica, la Iglesia ortodoxa. Solo se salvaría de esta exclusión la Iglesia 'progresista' es decir, la Iglesia enfrentada con la jerarquía, los grupos cristianos más condescendientes con los gustos de la cultura secularista y agnóstica».
El arzobispo sitúa también al creyente ante las elecciones. «El buen cristiano pone siempre la comunión eclesial por encima de las exigencias de un partido político» y debe aceptar la posibilidad de no apoyar a una formación «que propugna elementos claramente inmorales, como pueden ser la legitimación de la violencia, la extensión de la permisividad moral, la legitimación del aborto, de la eutanasia, o la disolución del matrimonio y de la familia».
Sebastián hace constar, en este sentido, que «hoy en España hay algunos partidos políticos que quieren ser fieles a la doctrina social de la Iglesia en su totalidad, como p.e. Comunión Tradicionalista Católica, Alternativa Española, Tercio Católico de Acción Política, Falange Española de las JONS. Todos ellos son partidos poco tenidos en consideración. Tienen un valor testimonial que puede justificar un voto. No tienen muchas probabilidades de influir de manera efectiva en la vida política, aunque sí podrían llegar a entrar en alianzas importantes si consiguiesen el apoyo suficiente de los ciudadanos católicos. Por eso no pueden ser considerados como obligatorios pero sí son dignos de consideración y de apoyo».